Javier Sicilia

AMLO y Morena: traidores

Hemos pasado del gobierno de los fraudulentos al de los traidores. Unos y otros no han dejado de hacernos pagar las penas reservadas para ellos en el infierno: la brea, el frío y las fauces del mal.
martes, 23 de febrero de 2021

La traición, que significa “entregar a alguien al enemigo”, es un acto atroz. Dante le reserva el último círculo del infierno, donde habita el demonio –el traidor absoluto; el ángel sublevado contra Dios. Allí, quienes traicionaron padecen el clima propio de su vileza: un lago helado como su corazón; los peores, las fauces del demonio que eternamente los devora. Shakespeare la compara con un crimen mayor. Cuando el Rey Lear se sabe deshonrado públicamente por su hija Regania, exclama desesperado: “(…) es peor que asesinar”.

Si quienes nos “gobernaron” en el pasado pertenecen a la estirpe de los fraudulentos, a quienes Dante reservó la quinta fosa del octavo círculo del infierno, donde habitan hundidos en la viscosidad de la brea, López Obrador y Morena pertenecen a la de los traidores. Sus traiciones son innumerables: a las víctimas, a las mujeres, a los indígenas, al medioambiente, a la salud. Me centro en una, la traición a las víctimas y a la paz del país.

Después de su compromiso público con ellas en el Centro Universitario Tlatelolco, el 15 de septiembre de 2018, para crear, junto con la Secretaría de Gobernación, una prioritaria política pública basada en la Justicia Transicional, AMLO, con la complicidad de su gabinete, desechó todo:

  • Apuntaló al Ejército más allá de lo que Calderón y Peña Nieto lo hicieron;
  • Redujo la Comisión de la Verdad –una de las partes fundamentales de la Justicia Transicional– al caso Ayotzinapa, que ni siquiera ha resuelto;
  • Destruyó la Comisión de Atención a Víctimas, reduciendo su presupuesto y desapareciendo su Fondo de Ayuda, Asistencia y Reparación Integral
  • Redujo también el presupuesto de la Comisión Nacional de Búsqueda;
  • Cobija a supuestos criminales –exculpa a su hermano Pío, a Cienfuegos, los enriquecimientos de Bartlett y de la secretaria de la Función Pública–, apoya la candidatura del violador, y quizá cómplice del crimen organizado, Félix Salgado Macedonio, y la de otros impresentables, apuntalados por Mario Delgado;
  • Deja intocados a quienes persigue por corrupción y lavado de dinero de sus posibles vínculos con las innumerables masacres que ocurrieron y siguen ocurriendo en el país;
  • Mantiene el mismo 90% de impunidad de las administraciones anteriores y, en complicidad con los gobiernos de los estados, abandona a la gente a la extorsión, la desaparición y la muerte (en estos dos últimos años ha habido 60 mil asesinados y 29 mil 789 desaparecidos). El propio AMLO no deja de promover la violencia desde sus mañaneras.

No hay que ir muy lejos para saber los resultados de sus traiciones en relación con las víctimas. El parte que, sólo sobre desapariciones, rindió el pasado 29 de enero Alejandro Encinas, un hombre cuya labor parece reducirse a contar muertos, desaparecidos y fosas, y no a detener las causas que los generan, son claros en lo que oculta.

Con el estilo triunfalista de AMLO y de López-Gatell, Encinas, siguiendo el dicho de Stalin –“un muerto es una tragedia, un millón son sólo una estadística”–, informó sin ningún sentido de la empatía ni de la realidad que:

  1. Entre diciembre de 2008 y diciembre de 2019 se han recuperado 2 mil 395 cuerpos, de los cuales 39% han sido identificados. Olvidó decirnos que hay más de 30 mil en espera de esa identificación y que si en dos años sólo han podido identificar 934, tendremos que esperar, dejando a un lado los desaparecidos de este año que inicia y que se seguirán acumulando, 83 años para identificarlos a todos.
  2. Que de acuerdo con las denuncias presentadas en 2020 respecto a 2019 ha habido una disminución de 23.29%. Olvidó decirnos que su base de datos se alimenta con información de las fiscalías que tardan meses en subir, cuando a veces ni siquiera lo hacen, y que hay un enorme subregistro.
  3. Que de las 37 mil 808 personas denunciadas como desaparecidas en el mismo periodo se localizaron 56%. Olvidó decirnos que la cifra histórica acumulada es de 203 mil 75 y de 120 mil 43 (59%) localizadas, lo que significa que el avance que festina es prácticamente nulo.
  4. Que del total de personas localizadas en ese mismo periodo 92% se localizaron con vida (19 mil 626) y 8% fallecidas (mil 76). Olvidó decirnos que la cifra histórica acumulada es de 112 mil 284 (93%) personas localizadas con vida y de 7 mil 759 (6.5%) fallecidas, y que, por lo tanto, sus logros son igualmente escasos.

Hay que agregar que a causa del desmantelamiento de la CEAV no han hecho nada por garantizar la verdad, la justicia y la reparación no sólo de las miles de decenas de víctimas de desaparición, sino de otras tantas de asesinato, incluyendo feminicidios, y ahora del mal manejo de la pandemia.

La traición se alimenta de mentiras. Reportar cifras sólo de este gobierno, sin atender el fenómeno que las provoca y que acordaron enfrentar, es traicionar de forma cínica los grandes acuerdos del 15 de septiembre de 2018 en favor de la verdad, la justicia y la paz, y entregarnos a la inseguridad, la violencia, la impunidad y la muerte.

Hemos pasado del gobierno de los fraudulentos al de los traidores. Unos y otros no han dejado de hacernos pagar las penas reservadas para ellos en el infierno: la brea, el frío y las fauces del mal. Las elecciones que ambos nos prometen dan asco. Son, como ya se anuncian, hijas de la ignominia.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, esclarecer el asesinato de Samir Flores, la masacre de los LeBarón, detener los megaproyectos y devolverle la gobernabilidad a Morelos.

Este análisis forma parte del número 2312 de la edición impresa de Proceso, publicado el 21 de febrero de 2021 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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