Opinión

¿Existe el socialismo digital?

Si tú consultas Wikipedia, si trabajas en línea en Google Docs, si estás en grupos de WhatsApp, si usas plantillas de Canva, si organizas clases en Classroom... eres un socialista digital.
miércoles, 24 de febrero de 2021

Alguna vez me preguntaron si existe, es posible, cómo sería y si podemos aspirar a un socialismo digital. La pregunta surgía como una alternativa al capitalismo digital, el de los grandes consorcios tecnológicos y de Internet que, como toda empresa, buscan la acumulación de capital. La respuesta es “sí existe un socialismo digital” y lo ponemos en práctica todo el tiempo: se llama compartir.

La RAE define el socialismo como “un sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes”. Trasladado a lo digital sería una planificación y organización colectiva de la vida social y económica orientada a la satisfacción de necesidades digitales y/o tecnológicas.

Existen países socialistas digitales pobres y ricos. Los primeros serían Cuba y Venezuela, que tienen una penetración de banda ancha móvil de 18 y 54%, respectivamente. Sus velocidades de Internet son de 29.7 y 6.9 megabits por segundo (Mbps). O sea, Cuba tiene un escasísimo Internet móvil (no olvidemos el bloqueo que agudiza esta situación) y Venezuela tiene la segunda velocidad de Internet móvil más lenta del mundo, sólo arriba de Afganistán (Speedtest). Además, ninguno produce o desarrolla tecnología sino que son dependientes.

China sería un país socialista rico: 96% de la población tiene banda ancha móvil y su velocidad de Internet inalámbrico es de 149 Mbps. Pero lo más importante es que desarrolla tecnología. En 2020 ocupó la posición 14 en el Índice Global de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual; su ascenso ha sido vertiginoso y desafiante para los países capitalistas ricos como Estados Unidos, Japón o Suecia.

China posee tres operadores móviles eficientes de propiedad estatal que compiten entre sí. El Estado asigna a esos operadores el espectro radioeléctrico sin contraprestación, lo cual propicia un rápido despliegue de la infraestructura en beneficio de los usuarios y su sistema económico (algo que podríamos imitar en los países capitalistas digitalmente medio pobres de América Latina). China también posee una infinidad de empresas tecnológicas (de propiedad privada) basadas en la innovación y el desarrollo.

Sin embargo, el error de la interrogante consiste en pensar que el socialismo digital es una versión extrapolada o contemporánea del socialismo realmente existente del siglo 20. Lamento decirles que las apologías y teorías informacionales no emergen en la antigua Unión Soviética ni en China donde controlan la información. Surgen a partir de los años setenta en naciones capitalistas plenamente industrializadas, pero cuyo modelo se ha agotado para generar más riqueza.

La nueva fase de desarrollo capitalista (no del socialismo) ha tenido varias denominaciones: post y neofordista, informacional, capitalismo cognitivo o inmaterial, de innovación intensiva o neotaylorista. También podemos llamarle Sociedad de la Información y el Conocimiento. Lo que genera riqueza y bienestar son la creatividad, la innovación y el conocimiento. El capital se torna intangible y lo genera el trabajo intelectual, no el físico.

La filosofía de algunas empresas chinas como Huawei incluye conceptos como “prosperidad compartida”, que es la quintaesencia del auténtico socialismo digital que existe actualmente. Como el socialismo utópico del siglo 19, el socialismo digital no tiene Estado: se llama Internet. Por eso resultan tan chocantes los intentos de gobiernos y políticos por controlar Internet, las tecnologías o las redes sociales, porque no existen las fronteras digitales, aunque sí la soberanía de datos.

Los técnicos de Internet lo resumen en una frase: “innovación sin pedir permiso”. Cuando se tiene que pedir permiso al Estado o al gobierno para innovar, para ser creativo o para tener ideas, se pierde la naturaleza de Internet como una red descentralizada, reticular y colaborativa.

El socialismo digital no es un régimen estatista sino que opera en los ámbitos de la economía y la cultura. Bill Gates, el fundador de Microsoft, descalificaba a los defensores del software libre como “una nueva clase de comunistas de nuestro tiempo”. En efecto, el socialismo o comunismo digitales poseen valores esenciales de Internet como colaboración, cooperación, gratuidad y compartición como parte de una cultura digital global.

El socialismo digital no es de masas como el soviético, sino personalizado y de datos. No es centralizado como su economía quinquenal planificada sino que funciona en red. No es controlador de la información sino que se beneficia y crece a partir de su libre flujo transfronterizo. No es burocrático sino que propicia la autonomía de las personas. Detesta lo difícil como llenar un formulario, adora lo sencillo e intuitivo como usar los dedos o comprar con un clic.

Si tú consultas Wikipedia, si trabajas en línea en Google Docs, si estás en grupos de WhatsApp, si usas plantillas de Canva, si organizas clases en Classroom, si compartes contenidos y debates en Twitter o Facebook o LinkedIn, si tienes una cuenta de Dropbox, si aprovechas los 40 minutos que te regala Zoom, si usaste Skype para hacer llamadas internacionales sin costo, si ves videos gratis en YouTube, si aprovechas los magníficos contenidos de descargacultura.unam, si usas software libre para editar fotos o videos, si haces todo esto y más en Internet, eres un socialista digital.

Si descargas o consumes en línea contenidos como música, películas o libros porque piensas que son de nadie sino que son de todos; si estás convencido de que no debes pagar por noticias porque están libres en la web; si tienes Spotify aunque no tengas una suscripción premium; si amas Wi-Fi y te conectas a la Internet abierta a donde quieras que vayas; si te agradan los podcast, los cursos en línea de prestigiadas universidades públicas y privadas o los tutoriales de YouTube; si ves en Internet las conferencias Ted Talk; si no pagas por los servicios y aplicaciones de Google; si te has manifestado a favor o en contra de una causa en Change.org; si alguna vez te llegó la revista Proceso en PDF y la reenviaste a tus grupos; si compartes consejos de todo tipo en TikTok sin esperar más retribución que el reconocimiento social que te da un “me gusta”… yo diría que eres un comunista digital.

En términos de valores y de cultura contemporánea, el socialismo digital existe, está vigente, se reconoce como valioso y es el futuro. Pero no seamos ingenuos: la red es compartida pero alguien tiene que financiarla a cambio de conexiones. Regalar es la base de muchas industrias (tradicionales y de Internet), pero “gratis” no significa sin beneficio. Éste no siempre es económico: puede ser reconocimiento o prestigio. La pregunta no es si existe o es posible un socialismo digital, sino cómo hacerlo sustentable, confiable, permanente, incluyente y con beneficios para todos. En eso estamos.

Twitter: @beltmondi

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