Análisis

Nunca seré juez constitucional

Igual mi ideal de juez constitucional no coincide con el que parece imperar. Ciertamente lo mío no serían las declaraciones a los medios, de ningún tipo. Pero sería confrontativo con cualesquiera que pretendan ignorar la Constitución y descalificaría uno a uno sus pretextos, en mis sentencias.
viernes, 30 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Porque si lo fuera, lo primero que debería hacer es dejar de escribir en Proceso. Solamente tendría tiempo para alistar la argumentación toral de los proyectos de sentencia que me asignaran, de estudiar los proyectos de las demás ponencias y de recibir en audiencias públicas a todas las partes de los juicios al mismo tiempo.

No es que tuviera que renunciar por diecisiete años a lo que más me apasiona, ser abogado de causas de derechos humanos; ni que tuviera que renunciar a las redes sociales para que la popularidad en ellas no me distraiga ni nuble mi criterio; es que a lo mejor no entiendo bien lo que implica ser un “buen” juez constitucional.

Tampoco es que tenga actividades remuneradas a las que no pueda renunciar, pero sí pienso que debería estar concentrado al cien por ciento en cumplir con la responsabilidad encomendada. Ser juez constitucional es ser defensor de nuestra Constitución de tiempo completo y afirmar su razón de ser: los derechos humanos.

Igual mi ideal de juez constitucional no coincide con el que parece imperar. A lo mejor es simplemente mi forma de ser. Ciertamente lo mío no serían las declaraciones a los medios, de ningún tipo –ya dije que hasta dejaría este espacio que tanto aprecio–. Pero sería confrontativo con cualesquiera que pretendan ignorar la Constitución y descalificaría uno a uno sus pretextos, en mis sentencias.

Curiosamente, recordaría de mi formación profesional que mi argumentación debe de ser siempre jurídica, sin que se me olvide que como juez constitucional tendría que poner atención al contexto social y político que me toque. Precisamente para defender la independencia judicial, ningún riesgo de confrontación política limitaría mi capacidad para hacer mi principal labor: defender nuestra Constitución Política.

Jamás entendería que ciertos asuntos bajo mi jurisdicción se resuelven con miras políticas, ni siquiera si se tratara de alentar consultas contrarias a la Constitución. No dejaría que a propósito se enfrentara la democracia con la constitucionalidad. Más bien buscaría desenmascarar con argumentos jurídicos estos falsos dilemas.

Asumiría como parte de mis obligaciones el control difuso de constitucionalidad y no tendría duda alguna en no aplicar leyes contrarias a nuestra Constitución. No perdería un minuto en defender mi imparcialidad ante quienes quisieran imponer su sola voluntad arriba de la Constitución, por más democrática que la disfrazaran.

Mi imagen pública me preocuparía más o menos lo mismo que ahora: casi nada. Creo que no pensaría en ello. Por eso mismo no invertiría mi tiempo en foros para satisfacer mi ego y escuchar los tan acostumbrados elogios en esos espacios. Si me sobrara tiempo preferiría ponerme solo a leer para aprender de todo el mundo.

Mi deber y mi responsabilidad primera sería defender nuestros derechos humanos sobre todo lo demás. Apreciaría las críticas, trataría de mejorar a partir de ellas y no buscaría más gloria que dormir en paz. Si hicieran una ley con mi nombre, no dudaría en opinar, al ser claro que no podría votar una cuestión que me involucre.

No serían mis convicciones las que normarían mis criterios o mis fallos, sería la Constitución. No pretendería que fuera mi voluntad, ni mi astucia la que se impusiera, sino que buscaría la defensa viva de nuestra Constitución hasta lograr el efectivo goce de los derechos humanos de todas las personas y comunidades.

No confundiría el papel del tribunal constitucional que integre. Podrá dictar la final sentencia en nuestro orden interno, pero eso no asegura en automático que sea infalible e incuestionable. Así que tal vez no le caería del todo bien a mis colegas.

De todos modos, así como estamos y a donde vamos, nunca yo sería elegido juez constitucional. Nadie que me conozca y aprecie está en puestos de poder que yo sepa. A mí no me interesa congratularme con nadie de la clase política, ni en el mundo de los negocios. Escribo solo para divulgar que otros perfiles son posibles.

Comentarios