Análisis

Elecciones en Siria: ¿en serio?

Y en medio de un país desolado, según imágenes del desastre de fotógrafos y archivos de prensa, el régimen de Bashar al-Asad busca rehacer su desquebrajada legitimidad alardeando sobre una victoria militar lejos de ser definitiva.
martes, 18 de mayo de 2021

El gran monstruo de la historia es el ser humano.

Adonis

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Si no me levanto a las cuatro de la mañana, no conseguiré nada, y entonces no tendremos nada qué comer durante todo el día”, contó un habitante de Alepo que forma parte del 80% de la población que vive en Siria por debajo del umbral de miseria. Se cuenta también entre quienes han sobrevivido a una guerra de más de 10 años y han visto masacres, destrucción, el dolor de los niños, calles intransitables con casas derruidas, mujeres llorosas, hombres mutilados, bombardeos, rastros llenos de sangre del medio millón de muertos y a mucha gente partir. Los sirios no quieren la guerra y desde los otros países no han querido verla.

Con más de 3 millones y medio de refugiados en Turquía, Líbano, Jordania y otros tantos de desplazados internos, y con miles de desaparecidos se llega al umbral del fin de la guerra. En la ­situación de posguerra antes de realizar elecciones, habría que resolver varios conflictos y problemas tan serios, como el del retorno de quienes huyeron en medio del torbellino de la guerra, con serias consecuencias sociales y económicas en los países que los recibieron. La guerra ha terminado, o casi, porque entre los supervivientes están las cabezas de los milicianos e incluso de los jefes de la insurrección, junto con sus seguidores.

Y en medio de un país desolado, según imágenes del desastre de fotógrafos y archivos de prensa, el régimen de Bashar al-Asad busca rehacer su desquebrajada legitimidad alardeando sobre una victoria militar lejos de ser definitiva. Con las elecciones pretende reconfigurar la política que lleve a la reconciliación entre los sirios, a la aceptación del país en la Liga Árabe –de la cual Siria fue excluida desde noviembre de 2011– y encontrar los acuerdos para levantar las sanciones. Para su reingreso cuenta con los apoyos de Líbano, Irak y Argelia, que se negaron al castigo. Durante los largos años de la guerra, muchos de los países cambiaron la relación mantenida en el inicio con la errática presencia de Estados Unidos. Con la intervención de Rusia a partir de 2015, los países del Golfo son los mejores aliados entre las naciones árabes que pueden ayudar económicamente a la reconstrucción.

Por su parte, Emiratos Árabes estableció su embajada en agosto de 2019 y participó en la Feria de Damasco de ese año, y el príncipe heredero, Mohammed Ben Zayed, de Abu Dabi, ha tenido un acercamiento con el presidente sirio en marzo de 2020. Debido a la intervención de Turquía en la guerra, en el complicado juego que mantuvieron los kurdos, se ha ­privilegiado el vínculo con Qatar que, en el ajedrez de la política regional, permite el acercamiento con Arabia Saudita, cuya resistencia se debe a la intervención de Irán en el conflicto, donde alentó la participación del Hezbolá libanés. Y, es que, pese a todo, se mantiene la rivalidad de los sunitas con los chiitas.

La intervención militar de Rusia convocó a Irak, incluso a Argelia y hasta el sultanato de Omán, y en 2018 llegó también el apoyo de Jordania. Pero lo más significativo es que debido a la guerra, países sin raíces árabes, como Rusia, Irán y Turquía, tienen hoy el papel preponderante en el regreso de Siria al mundo árabe. Y algo debe ayudar el permanente acecho de Israel.

Es decir, el escenario que dejó la guerra cambió notablemente, porque si bien hay inclusiones, el país autoexcluido es Estados Unidos, que en los primeros años tuvo una injerencia mayor en el conflicto, pese a los titubeos de los tres gobiernos que han intervenido.

En el paso político que Al-Asad quiere dar con las elecciones, no pueden dejarse de lado las sanciones de parte de la Unión Europea y de Estados Unidos, que mantienen su posición contraria al régimen y a unas 250 personalidades sirias, principalmente del ejército. El problema a solucionar es grave, porque las afectaciones a la economía las resiente la población, con serias dificultades para hacer frente a la crisis, con sus recursos mermados para alcanzar una forma de vida que los aleje de los padecimientos de la guerra.

Sin embargo, los países occidentales no son capaces de entender la situación en Siria pese a los fracasos en Irak, Siria o Afganistán, donde han supuesto que acabar con los liderazgos es suficiente para abrir las puertas a la democracia, ese régimen al que tanto apuestan y ven perfecto. No hay un mínimo cuestionamiento sobre su percepción, que podría aceptar variantes en las formas de organización propias, de ideologías sobre las relaciones sociales y los vínculos de la legitimidad ancestral.

Eso es lo que ha provocado que para estar bien con Occidente, Bashar al-Asad se haya sometido ya a dos simulacros de procesos electorales en 2007 y 2011, aunque fue presidente de facto a la muerte de su padre, Hafez al-Asad, en 2000. Es decir que se mantiene en el poder más de 20 años y no aparece en el horizonte alguien con capacidad de sustituirlo y enfrentar la difícil situación de posguerra, pese a la honestidad y virtudes de los dos candidatos aceptados por el Tribunal Constitucional Supremo de Siria: el independiente Abdulah Saloum Abdulah y el opositor Mahmud Meri.

Las de mayo serán las segundas elecciones en tiempos de guerra porque, pese a la paz que se vive, ésta no ha llegado a todo el territorio del país; y se calcula que ahora miles de personas están huyendo de Idlib, topándose con los muros fronterizos que no quieren más emigrantes. Los comicios tendrán lugar solamente en las áreas controladas, una por el actual régimen con el apoyo de Irán y de Rusia, y otra, por los kurdos y Turquía.

La actual constitución, que data de 2012, exige que los candidatos sean musulmanes, en detrimento de la minoría cristiana, con gran peso social y económico, y se obliga a que hayan vivido los últimos 10 años en el país, con lo cual se excluye a todos los exiliados de los últimos tiempos, donde podrían encontrarse los opositores. Los candidatos deben contar con la firma de 35 diputados para poder registrarse, lo que implica la cercanía con el régimen. Se dice que podrán votar los refugiados en las embajadas de los países en los que se encuentran, algo imposible para quienes están en ilegalidad y los que se consideran desafectos del régimen.

Todos los países del mundo árabe, luego de los procesos que confluyeron en lo que se llamó la Primavera Árabe en 2011, cambiaron gobierno menos Siria. En cambio Túnez –considerado de avanzada en la democracia– ha tenido nueve gobiernos en 10 años.

Por lamentable que parezca, en Siria se sigue la consigna de celebrar elecciones para que todo siga igual.

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