Opinión

Quince lecciones de las elecciones

La guerra de la narrativa, contra todos los pronósticos, la está perdiendo AMLO. Su prepotencia retórica le impuso una vara muy alta, y ahora paga las consecuencias.
lunes, 14 de junio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- 1) Nadie ganó ni perdió todo, pero Morena y sus aliados perdieron más. Aunque mantuvieron la mayoría absoluta en la Cámara, que es la que requieren para aprobar el presupuesto (prioritario para el presidente López Obrador), ya no tendrán la mayoría calificada y no podrán modificar la Constitución sin los votos de algunos “conservadores”. Y es que la coalición Va por México no ganó la disputa presupuestal pero aumentó su número de legisladores. Si bien AMLO llegó a las intermedias con más del 50% de aprobación –a pesar de la pandemia– y obtuvo para su movimiento más gubernaturas de las que esperaba –11 de 15, probablemente 12 si dejan de simular y confiesan el apoyo vergonzante a la candidatura del PVEM en San Luis Potosí– y con ellas el control territorial de medio país de cara a 2024 (lo que les dará acceso a más dinero para operación electoral), sufrió una estrepitosa derrota en las alcaldías de su bastión, la capital del país (perdió la mitad).

2) Con todo, la merma a la 4T –el haberse quedado abajo de las dos terceras partes de las diputaciones– es muy significativa. Entre otras cosas, implica que a AMLO le será difícil cumplir algunas de sus amenazas, como la de desaparecer al INE: tendrá que cooptar a un buen número de diputados (priistas, anticipó él mismo con reveladora especificidad en la mañanera del martes pasado, como si quisiera darnos la razón a quienes advertimos que fue un error de los aliancistas opositores incluir en sus filas a un partido “cooptable” con un dirigente encantado de aceptar el “diálogo” con el presidente a la menor provocación). Habrá que ver, pues, si la alianza parlamentaria resiste el embate, pero la alianza electoral, pese a deficiencias, funcionó.

3) La guerra de la narrativa, contra todos los pronósticos, la está perdiendo AMLO. Su tradicional triunfalismo, su proclividad a jactarse de ser el presidente más popular del mundo, su manía de mofarse de los descalabros de sus “adversarios” y su discurso agresivo y polarizador generaron demasiadas expectativas y le hacen imposible proclamarse vencedor de manera creíble. Es decir, su prepotencia retórica le impuso una vara muy alta, y ahora paga las consecuencias.

4) El INE pasó el examen con mención honorífica; las encuestas volvieron a fallar, más en los comicios estatales que en las elecciones federales.

5) Hubo demasiada violencia, porque deplorablemente el crimen se metió de lleno a la contienda (por cierto, presidente, ¿cómo se atreve a decir que los criminales “se portaron bien” en un proceso electoral con casi un centenar de asesinatos?).

6) Al PAN le fue mejor de lo que se esperaba, pero el partido sigue ayuno de nuevos liderazgos con potencial ganador y respetabilidad (al que tenían en Chihuahua lo han maltratado más que sus enemigos).

7) La división en Morena se agudizó, porque estos comicios fueron el banderazo a la elección presidencial de 2024. Hay varias facciones, y las dos principales se enconaron. Claudia Sheinbaum se debilitó por los resultados en CDMX y la suerte de Marcelo Ebrard sigue en vilo por la incertidumbre del peritaje de la tragedia del Metro en Tláhuac (ese dictamen puede cambiar completamente la correlación de fuerzas). Ricardo Monreal ganó Zacatecas, pero tiene tache por su rebelión en la anterior interna contra Sheinbaum y quizá por su reciente pugna por la alcaldía Cuauhtémoc. La debacle en CDMX, pues, obliga a AMLO a agilizar la búsqueda de caballos negros (y mansitos, desde luego).

8) La estrategia de Movimiento Ciudadano tuvo buenos resultados para ese partido. Los triunfos en la gubernatura de Nuevo León y en la alcaldía de Monterrey son un auténtico game changer, y en las elecciones de diputados obtendrá más votos, aunque contará más o menos con el mismo número de curules que tiene actualmente.

9) El PRD apenas superó el umbral del registro (3%), lo cual es mala noticia (México necesita un partido presentable de centro izquierda, socialdemócrata; urge que aparezca).

10) Todo parece indicar que los nuevos partidos (que francamente no representaban nada nuevo) no obtendrán el registro, lo cual es buena noticia.

11) Al PRI y al Verde les fue bien en términos de diputaciones federales –mejor de lo que se creía–, lo cual es mala noticia (el priismo, eso sí, no ganó ninguna gubernatura).

12) El abstencionismo fue menor al que se suele dar en elecciones intermedias, lo cual es buena noticia.

13) AMLO cometió una pifia estratégica: no solo repudió el pasado neoliberal –lo cual desde su posición era razonable hacer– sino que también desdeñó la transición democrática y menospreció a quienes construyeron instituciones gracias a las cuales él llegó al poder (sin la lucha de Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier et al, incluyendo personajes y grupos de la sociedad civil, AMLO no estaría donde está). Esa megalomanía de creerse principio y quintaesencia de la democratización mexicana le cobró factura en segmentos de la población que antes lo apoyaron.

14) Quienes desde la oposición buscaban el nocaut deben aceptar que no lo hubo, que la pelea se irá a las tarjetas y que habrá que seguir ganando, golpe a golpe, cada uno de los 12 rounds. Para decirlo con otra figura, la construcción de la nueva correlación de fuerzas y un eventual triunfo en la próxima elección presidencial será a pico y pala.

15) La democracia en México es precaria, endeble sin duda, pero se demostró que hay con qué rescatar y concluir nuestra transición. No será nada fácil, pero se puede detener la regresión autoritaria. 

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