Análisis

Una visita que deja muchas enseñanzas

El primer encuentro con Kamala Harris fue un magnífico ejemplo de las complejidades de nuestra relación con Estados Unidos y de la urgencia de preparar estrategias mucho más elaboradas y convincentes para dialogar con Biden y su carismática vicepresidenta.
jueves, 17 de junio de 2021

Ciudad de México (apro).- No era el mejor momento para el encuentro entre la vicepresidenta Kamala Harris y el presidente López Obrador. Un día después de las elecciones intermedias en México, cuyos resultados modificaron significativamente el mapa político del país, las preocupaciones de los mexicanos andaban en otra parte.

A su vez, Kamala estaba cumpliendo una labor casi imposible. Ocuparse de encontrar solución a los problemas que propician la migración desde los países del Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras, El Salvador) hacia la frontera sur de Estados Unidos, es tarea de largo plazo; difícil o imposible que regresara de su viaje con noticias sobre éxitos inmediatos.

A pesar de tales circunstancias, la visita tuvo resultados muy positivos. Para empezar, se logró que en este primer encuentro de alto nivel se abordaran los temas de las relaciones México-Estados Unidos de manera amplia. A muchos (entre ellos yo) nos preocupaba que, al dialogar por primera vez con México, a la vicepresidenta sólo le interesara hablar de la cooperación para detener a migrantes centroamericanos. No fue el caso: la agenda de conversación fue mucho más diversa, casi todos los temas importantes para la relación entre los dos países fueron parte de ella.

Ahora bien, un detalle que llama la atención es que sus resultados se comunicaron a la ciudadanía mexicana a través de dos documentos: uno emitido por la Presidencia de la República y otro por la Casa Blanca. Tienen elementos en común, pero difieren en algunos puntos. El elaborado en la Casa Blanca es más detallado: menciona acuerdos para los que se fijan fechas y contenidos, datos sobre los montos que se van a otorgar para ciertos programas, desglose de las actividades que se desean llevar a cabo, etcétera. Por el contrario, la vaguedad y la falta de orden en la argumentación es notable en el documento mexicano.

También hay diferencias de mayor significado. Por ejemplo, el documento mexicano no se refiere al acuerdo para seguir trabajando conjuntamente en la solución del problema de las desapariciones forzadas en México.

Según el documento de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento de Justicia colaboran en el entrenamiento de técnicos y policías mexicanos para fortalecer sus capacidades en análisis forense.

Al parecer la versión mexicana prefirió no mencionar esa sección. Quizá por tratarse de un aspecto delicado de orden interno, en el que preferirían no tener una mirada externa y, sobre todo, no reconocer las facultades que se le otorgan a la muy estigmatizada USAID, que también proporciona fondos a una ONG encargada de estudiar problemas de corrupción en México.

Por lo que toca a la cooperación para el desarrollo de Centroamérica, la versión de la Casa Blanca señala que “los dos gobiernos trabajarán conjuntamente para fortalecer el desarrollo agrícola y poner en pie programas para el empoderamiento de los jóvenes”. No hay mención sobre el programa de Jóvenes Construyendo Futuro y, por otra parte, se nota la ausencia de alguna referencia a Sembrando Vida que AMLO hubiese querido ver como pieza central de los programas para creación de empleo y desarrollo en Centroamérica.

Podemos tener dos hipótesis para explicar las diferencias de esas dos versiones. 1.- Que la versión más acabada del texto la trabajó el muy buen grupo de expertos que colabora en el equipo de gobierno de Biden. De sus escritorios salieron los textos sobre los que se iba a trabajar en México. El equipo mexicano pudo haber tenido lineamientos generales acertados, pero carecen de la experiencia para preparar un documento diplomático. 2.- En realidad, los detalles que contenga o no un documento surgido de una reunión de alto nivel no tiene la menor importancia para AMLO. Las precisiones que se deben cuidar en un documento conjunto no lo perturban, le parecen pérdida de tiempo. Lo que conviene destacar es la cordialidad y el ánimo de amistad que tanto él como Kamala se empeñaron en transmitir.

Los tiempos que vienen requerirán atención para manejar los múltiples temas, complejos y difíciles, que hay en la relación con Estados Unidos. La visita de Kamala fue sólo un capítulo al que seguirán muchos otros. Prepararse para negociar una sola versión del documento final no es un detalle trivial; el buen entendimiento con el poderoso vecino del norte exige la profesionalización de la diplomacia. Crear un ambiente de cordialidad es importante, pero no suficiente.

Dentro de los temas más complejos que se deben abordar en el futuro próximo están los supuestos de que se parte para tratar el tema migratorio. Uno de los mensajes más claros expresado por la vicepresidenta en su conferencia de prensa fue la convicción de que ir al origen del problema, la situación interna en los países del Triángulo del Norte, es la clave de la solución.

Cualquier conocedor del fenómeno de la migración sabe que no es así. Los factores de atracción, situados en Estados Unidos, son igualmente importantes. Así como lo es reconocer la diversidad de movimientos migratorios hacia ese país, dentro de los que tienen un papel importantísimo los migrantes mexicanos.

Estudiar los cambios demográficos en Estados Unidos y las previsiones sobre las necesidades de mano de obra adicional en los próximos decenios lleva a ver con una perspectiva muy distinta de que se trata el pensar en una migración regulada y ordenada. Decir que “la frontera está cerrada” no es desde luego el punto de partida más acertado. Se puede entender que quieran que lo sea, por los problemas políticos internos que enfrenta Biden, gracias a los esfuerzos que hizo Trump para sobredimensionar situaciones que ya han ocurrido en el pasado y que, desde luego, no son “amenaza” a la seguridad nacional de Estados Unidos.

En breve, el primer encuentro con Kamala Harris fue un magnífico ejemplo de las complejidades de nuestra relación con Estados Unidos y de la urgencia de preparar estrategias mucho más elaboradas y convincentes para dialogar con Biden y su carismática vicepresidenta.

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