Feminismo

Feminismo, maternidad y cuidados

Yo Cuido exige un ingreso universal para aquellas personas cuidadoras familiares primarias que, por atender la alta demanda de cuidados de su familiar, no puedan acceder a algún empleo remunerado que garantice sus derechos sociales y económicos.
miércoles, 23 de junio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ya comenté aquí, en un artículo anterior (“Hace medio siglo”), que el grupo Feminismo Crítico quería homenajear a las feministas que hace 50 años, en 1971, realizaron un mitin exigiendo que la maternidad también se viera como un trabajo, y también revisar el avance de esa demanda en la actualidad.

El acto que deseábamos realizar el domingo 9 de mayo pasado, y que pospusimos por la tragedia del Metro, finalmente lo llevamos a cabo el sábado 12 de junio en el Monumento a la Madre. Participaron Marta Acevedo, una de las feministas que hace 50 años organizó el mitin; Sodelba Alavez (Yo Cuido); Leticia Aparicio (Escuela de Trabajo Social, UNAM); Kenya Cuevas (Casa de las Muñecas Tiresias); Cintya Noema (Yo Cuido); Hanna Ortega (Feminismo Crítico); Elvira Pablo (Girls not Brides), y Valentina Zendejas (Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir). La conducción estuvo a cargo de Alethia Fernández de la Reguera (Laboratorio de Diversidades UNAM). El acto lo cerró la cantante Mare Advertencia Lirika, que vino desde Oaxaca.

La participación de dos mujeres indígenas, una mujer trans, dos integrantes de la organización Yo Cuido y tres activistas feministas (UNAM, ILSB y Feminismo Crítico) supuso una mezcla generacional muy potente: mujeres de 81 a 24 años. Esta diversidad multigeneracional, multiclasista y multiétnica es muy relevante y, como destacó Marta Acevedo en su reflexión final de este acto que también fue un homenaje a su persona, contrasta con la integración del mitin de hace 50 años.

Que se haya elegido el Monumento a la Madre para poner en acto esa interesante mezcla de vivencias, miradas y voces va más allá de simplemente coincidir con lo que se hizo en 1971. La maternidad es el símbolo por excelencia del cuidado. La figura de la “mujer abnegada”, que tan agudamente criticó Rosario Castellanos, encarna en esa figura de la cual todas las personas venimos: la madre. No es extraño que, desde aquel primer mitin, diversos grupos feministas hayan elegido al Monumento como punto de partida para muchas marchas; también lo hizo la organización Yo Cuido, que arrancó desde ahí su Primera Marcha por el Derecho al Cuidado (noviembre de 2019).

Entre el escaso público se encontraba Margarita Garfias, quien desde hace varios años ha librado diversas batallas en defensa de las personas con alguna discapacidad. Ella fundó Familias y Retos Extraordinarios “Bienvenidos a Holanda”, para hacer valer la ley que en México permite, desde 2017, usar mariguana de manera medicinal. También Garfias ha creado o contribuido a crear grupos que visibilizan situaciones y reclaman derechos, como Yo Cuido, constituido por personas que cuidan a otras y que, en su enorme mayoría, son mujeres.

Justamente Yo Cuido lucha por que se garantice en la legislación “el derecho al cuidado mediante la implementación de una política pública transversal para todas las etapas de la vida: primera infancia, infancia, vejez y cuando exista una discapacidad, enfermedad crónica o situación permanente o transitoria que requiera del apoyo de otra persona”. Para ello señala que es necesario incorporar en la Ley General de Inclusión de personas con discapacidad, la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y la Ley Federal del Trabajo tanto la figura de las personas cuidadoras como el trabajo de cuidado remunerado (Cuidados profesionales y asistencia personal) y el no remunerado.

Además, Yo Cuido exige un ingreso universal para aquellas personas cuidadoras familiares primarias que por atender la alta demanda de cuidados de su familiar no puedan acceder a algún empleo remunerado que garantice sus derechos sociales y económicos.

Esto es importante, ya que tener ingresos también sirve para pagar a cuidadores remunerados y así contar con algo de tiempo propio. La necesidad de quienes cuidan de tener tiempo para dedicarlo a sí mismas es fundamental. Una de las cuestiones que Yo Cuido plantea se resumen en la pregunta: ¿quién cuida a las personas que cuidan?

Si bien los testimonios y reflexiones de todas las participantes fueron interesantes, a mí en especial me conmovió la intervención de Elvira Pablo. Ella inició con un saludo en su lengua, el ayuuk, e hizo un relato sobrio y puntual acerca de lo que ha significado cuidar a su madre y ser cuidada por ella. Me sorprendió también el cierre del acto, con la cantante Mara Advertencia Lírika, que vino desde Oaxaca a echarse un rap, por cierto, con una perspectiva muy feminista. Este acto/homenaje, titulado “La agenda de cuidados en el feminismo: 50 años de activismo”, fue un evento que juntó en un mismo espacio cuestiones políticas y artísticas.

El argumento de esas feministas de la segunda ola que reclamaron que se viera a la maternidad como un trabajo se ha transformado en una agenda política que incorpora a todo tipo de personas, incluyendo a hombres, que se dedican a cuidar. Habrá que esperar a que salga el documental sobre el tema que está dirigiendo Stephanie Brewster para que el público interesado pueda ver cómo mujeres muy diversas compartimos la exigencia de que el Estado cree un Sistema Nacional de Cuidados. Todas las personas necesitamos cuidados en varios momentos de nuestras vidas.

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