Análisis

Polarización, seguirá insistiendo

Hay en el país una lucha cada vez más clara entre el statu quo y su correspondiente grupo de poder y el giro sustancial que ha impregnado el quehacer público que abandera el presidente Andrés Manuel López Obrador.
miércoles, 30 de junio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La polarización llegó para quedarse por un largo trecho en la discusión pública. Las tonalidades de grises y el análisis casuístico han cedido su lugar a la proclama político-ideológica, a favor o en contra como consigna. Esta circunstancia ha dejado a la intemperie el argumento y el debate formado e informado.

Es poco menos que imposible poder sostener con elementos extraídos de la realidad que todo está mal o, por el contrario, que no hay una sola falla digna de autocrítica en la gestión gubernamental, tanto en el ámbito federal como en los locales. De entrada, el primer punto de partida, como principio universal, es que no puede haber en ninguna actividad perfección, un quehacer inmaculado que dejaría sin sentido la falibilidad humana.

Con todo, y tomando como punto de partida los márgenes de error humanos, hay en el país una lucha cada vez más clara entre el statu quo y su correspondiente grupo de poder y el giro sustancial que ha impregnado el quehacer público que abandera el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha replanteado la distancia entre los poderes político y económico, entre los usos y costumbres del pasado inmediato y las nuevas formas de gestión que no acaban de adquirir carta de naturalización.

No me cabe duda de la honestidad del presidente. Ya hubiera sido señalada con dedo flamígero si tuviera alguna fortuna económica, cuentas en bancos extranjeros, participaciones accionarias o cuantiosos bienes, con independencia de si fueren o no bien habidos. No ha sido el caso. Al presidente no lo mueven los pesos y los centavos, sino un ánimo de reivindicación social que a mí me parece compartible.

Que en ese proceso de cambio ha habido traspiés, fallas y errores, ni duda cabe. A río revuelto ganancia de pescadores dice- y lo dice bien- el dicho. Improvisación, corrupción y negligencia han estado presentes en diversos programas y políticas públicas porque el objetivo presidencial no ha bajado puntualmente en todos y cada uno de quienes se han subido al barco de la 4T.

Querer ignorar esta realidad sería ofensivo para la inteligencia. Ayuda, sí para hacer un balance a mitad del camino, de suerte que se siga en la parte programática de fondo y se hagan los ajustes en los cómos, en las formas y en quienes. No es fácil que haya un cambio conductual de 180 grados de cara a las prácticas de la política tradicional mexicana; antes bien, resulta sinuoso y complicado, pero no imposible.

En otras oportunidades he escrito sobre el problema y los grandes desafíos para cambiar (https://aristeguinoticias.com/undefined/opinion/en-defensa-de-la-corrupcion/) por la internalización de las pautas de comportamiento y la arraigada doble moral que sigue presente en vastas porciones de la sociedad. Es por esta razón que he insistido desde tiempo atrás sobre la necesidad de aplicar verdaderos exámenes de control de confianza para identificar quién y dónde hay problemas que resolver.

Cuando señalo “verdaderos” exámenes de control de confianza me refiero no a los que contra la más elemental metodología se aplican (y se han aplicado desde mucho tiempo atrás) en el sector público para guardar las formas y hacen las veces de simulación de honestidad. En estas páginas he señalado cómo y quién debe llevar a cabo esos exámenes para no otorgar certificados de honestidad pública por intuición ni, tampoco, señalar faltas donde no las hay con todos los elementos que la tecnología y los datos pueden otorgar. (En efecto, en la edición 2285 de la versión impresa de Proceso dediqué un amplio texto a los exámenes de control de confianza).

De manera reciente se ha hecho un juicio sumario a la Dra. Irma Eréndira Sandoval a su paso por la Secretaría de la Función Pública, salvo muy pocas excepciones. El análisis de su quehacer ha estado impregnado de juicios preconcebidos donde se obvió el sustento normativo de las acusaciones de por qué hizo o dejó de hacer tal o cual cosa. La animosidad sustituyó el rigor analítico para crear una hoguera mediática contra la respetable académica y colega de quien tengo la mejor impresión y sería una villanía quedarme callado porque ha dejado de estar en un cargo en la administración pública federal.

Creo que, como toda persona merece que se le respete el principio de presunción de inocencia que, al fragor de la rispidez discusiva, ha sido sacrificado sin ningún rubor. Por supuesto siempre he estado de acuerdo que ejercer un cargo público implica por sí mismo un deber de tolerancia al escrutinio público, pero ello no es sinónimo de dejar de lado el dato duro, el argumento normativo puntual para concluir si hubo acierto o error.

Veo en Irma Eréndira una enorme convicción para servir el interés público desde que la conocí. Tuvo el privilegio de traducir en acto muchas de sus ideas vertidas en su obra académica en la lucha contra la corrupción y mantuvo ese hilo conductor entre lo que ha pensado, escrito y lo que ha hecho que es en la política la excepción a la regla. No abrigo mayores esperanzas que la proclama vaya siendo sustituida por la reflexión de largo aliento, pero me niego a pensar que el raciocinio haya muerto para dejar que las verdades a medias y las mentiras completas, vengan de donde vengan, ocupen la agenda de la discusión pública.

@evillanuevamx

ernesto.villanueva@proceso.com.mx  

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