Cambio Climático

Mitigación, adaptación y resiliencia culturales (Primera de dos partes)

Las pugnas que, entre otros factores, se suscitaron por el uso y el acceso a recursos naturales y territorios, generadas por la escasez de agua y alimentos, exacerbaron las rivalidades políticas, étnicas y tribales, con los resultados descritos.
viernes, 23 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En febrero de 2003 se desencadenó en el norte de Sudán uno de los conflictos de mayor envergadura en los últimos tiempos. La comunidad internacional vio con enorme tribulación cómo este cataclismo social derivaba en uno de los genocidios más patéticos que registran los anales internacionales. El Consejo de Seguridad de la ONU hubo de intervenir y resolvió formalizar la Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (Operación UNAMID).

Las cifras escapan a cualquier imaginación: más de medio millón de decesos y cerca de seis millones de personas desplazadas. Esta matanza es únicamente comparable a la de Ruanda de julio de 1994, cuando el gobierno hutu de ese país exterminó casi por completo a la tribu tutsi (Coalición para la Justicia Internacional).

Las causas del genocidio en Sudán fueron atribuidas a un antagonismo ancestral entre árabes y la comunidad negra, confrontadas por el racismo y la discriminación. La raíz de este conflicto es empero multifactorial; el catalizador fue un colapso ecológico provocado por la degradación de la tierra, un proceso de desertificación y el crecimiento demográfico exponencial. Esta ruina ambiental, asociada al cambio climático (CC), proviene a su vez de la alteración del Nilo Blanco, que discurre por Uganda y Sudán y que es un confluente del río Nilo.

Las pugnas que, entre otros factores, se suscitaron por el uso y el acceso a recursos naturales y territorios, generadas por la escasez de agua y alimentos, exacerbaron las rivalidades políticas, étnicas y tribales, con los resultados descritos. Peor aún, en lo que respecta al dilema ambiental los pronósticos siguen siendo desfavorables: el descenso de las precipitaciones pluviales es irreversible, lo que sin duda conllevará un decremento, todavía más dramático, en la producción alimenticia. 

La ONU

La vulnerabilidad en materia de seguridad alimentaria y de acceso a recursos hídricos, concluye el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), es una de las causas de conflictos sociales.

El informe del secretario general de la ONU de septiembre de 2009 fue terminante: el CC afectará la variabilidad de las lluvias, aminorará la disponibilidad de recursos hídricos y degradará las tierras. 

A este informe le siguió el pronunciamiento del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU de julio de 2011, en el que reafirmó su legitimidad para procurar la preservación de la paz y la seguridad internacionales mediante la prevención de conflictos; expresaba así su preocupación por los efectos adversos del CC, que amenazan a una y a otra, como la pérdida de territorio de algunos Estados ante la elevación del nivel del mar, particularmente en países con litorales de baja altitud, la compartición de aguas entre Estados colindantes o la apertura de la explotación comercial de los recursos árticos. 

En el ámbito de las ciencias sociales se percibe un serio desasosiego cuando se intenta acreditar si existe una causación entre el CC y la erupción de violencia unilateral o de la que se gesta entre grupos de un mismo Estado, e incluso de violencia difusa. De validarse esta hipótesis, la consecuencia es inevitable: la emergencia de conflictos sociales y políticos en Estados o entre Estados.

Ante esta perspectiva, el Centro para el Clima y la Seguridad (CCS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, empezó a desarrollar estudios sistemáticos sobre la relación causa-efecto entre CC y violencia social. En lo que ya hay consenso es en considerar el CC como un multiplicador de riesgo. Para determinar la existencia del vínculo entre uno y otro fenómenos se tomó como objeto de estudio la Primavera Árabe, el movimiento de protestas populares originado hace poco más de una década en Túnez y que se extendió a la mayor parte del mundo árabe.

Así, esos estudios encontraron que uno de los elementos detonantes de la inconformidad social fue un invierno seco en China que se inició en septiembre de 2010 y tuvo su clímax en febrero de 2011. Este fenómeno climático impactó en la producción de trigo, lo que se tradujo en una drástica reducción del abasto a Egipto –el más grande importador del grano a escala mundial– y en el consecuente incremento de precios.

Más aún, en el análisis debe considerarse que las compañías importadoras más grandes del cereal están radicadas en el Medio Oriente y que siete países de la región compradores de trigo fueron escenario de fuertes protestas populares en el periodo de la Primavera Árabe. En el caso de Siria, la interacción de elementos sociales, culturales, económicos y del CC terminaron por erosionar el contrato social entre la ciudadanía y el gobierno, lo que fortaleció a la oposición y deterioró en forma irreversible la legitimidad del régimen de Bachar el Assad.

Resulta por demás evidente que, por sí solos, en forma aislada, los elementos fácticos señalados con anterioridad carecen de la fuerza suficiente para demostrar la detonación de procesos desestabilizadores; es la interrelación entre éstos lo que coadyuva a explicar la violencia social, y en este contexto la Primavera Árabe (Sarah Johnstone y Jeffrey Mazo).

La cultura

De manera inexorable el CC continuará afectando el patrimonio cultural; por lo que respecta al intangible, seguirá forzando a las comunidades a transmutar sus hábitos de trabajo y sus formas de vida como consecuencia de la guerra, la escasez de agua y alimentos y las migraciones forzadas. Sin duda esta alteración generará incertidumbres en términos de diversidad cultural y de interacción sociocultural.

En una primera vertiente, el binomio CC y violencia; en una segunda, la asociación del CC y la salvaguarda del patrimonio cultural, y en una tercera, el legado cultural como vehículo para la consecución de la paz internacional, constituyen un triángulo conceptual de naturaleza multidisciplinaria en el que confluyen la ciencia y las humanidades y que resulta de gran utilidad para esclarecer el impacto del CC en la cultura. 

En la actualidad debe asumirse a la cultura como un elemento proactivo en la configuración y aseguramiento de una paz perdurable. La comunidad internacional debe tomar conciencia de que el basamento de este triángulo conceptual reconoce los principios de equidad que deben incorporarse en acuerdos internacionales y legislaciones domésticas, y transformarlo en el derecho internacional consuetudinario.

Las nociones básicas que plantea el CC en un contexto cultural son la resiliencia y la vulnerabilidad. La primera se explica como la habilidad de un sistema de anticipar, prevenir, reducir, absorber y adaptar, o bien de recuperarse de los efectos azarosos en forma rápida y eficiente; ello debe incluir la preservación, restauración o mejoría de sus estructuras esenciales (Oficina de la ONU para la Reducción de los Riesgos de Desastres: UNOSDR, por sus siglas en inglés). En este ámbito la cultura resulta fundamental, toda vez que provee de significado e identidad a las comunidades, promueve el sentido de pertenencia y fomenta los valores y la cohesión social, entre otros factores. 

No escapa a este análisis que las incertidumbres referidas campean en el legado cultural intangible. Si bien éstas han permeado en la diversidad cultural por su constante mutación, propiciadora de claros efectos de resiliencia, ahora la interrogante básica es la siguiente: ¿Qué tan profunda es la alteración de las formas de vida como consecuencia del CC? 

En cuanto a la vulnerabilidad cultural, de manera esquemática se afirma que esta otra noción primordial alude a una disminución sensible de los parámetros culturales existentes cuando decrecen por debajo de umbrales críticos que pueden provocar el desvanecimiento de expresiones culturales. Esto se explica por espirales perversas del CC. 

El debilitamiento de los sistemas de salvaguarda cultural conlleva la desestabilización de la cultura. La reducción de la vulnerabilidad cultural tiene como efecto principal la mejoría del desarrollo humano; esta reducción empero debe abordarse con una perspectiva sistémica amplia (UNOSDR).

La UNESCO

En la actualidad, los dos instrumentos disponibles para arrostrar el CC son la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural (Convención de la UNESCO de 1972) y la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (Convención de la UNESCO de 2003). Especialmente la primera es la que tiene mayor visibilidad internacional, que se obtiene mediante la incorporación a la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, conceptuada como una propiedad transitiva. La regla de oro es más que evidente: el prestigio internacional es directamente proporcional a las inscripciones.

La Convención de la UNESCO de 2003, un sucedáneo de la anterior, termina por epitomar el concepto holístico de legado cultural de la UNESCO. Sin embargo, esta última se encuentra inerme para mitigar los efectos nocivos del CC, pues su contenido es etéreo, toda vez que proviene de tradiciones, prácticas, rituales y conocimientos en constante mutación, cuando el CC, por definición, va a alterar formas de vida.

La reflexión que se hace aquí corresponde por lo tanto a la Convención de la UNESCO de 1972. El planteamiento cultural no debe acotarse a monumentos y sitios, por más valiosos que éstos pudieran ser. Implica, y mucho, la pérdida de la memoria colectiva y la salvaguarda del patrimonio cultural para asegurar la transmisión del conocimiento a las siguientes generaciones. Resulta claro que el CC alterará la memoria colectiva, y con ello el talento y el ingenio compendiados en el legado cultural. De esta evidencia pueden inferirse eventuales disrupciones de la coexistencia pacífica.

Epílogo

El CC dominará irremediablemente la agenda internacional en el siglo XXI; de ahí que es necesario replantear las nociones de prevención, adaptación y supervisión del legado cultural y, con ello, la preservación de la paz internacional. Para contrarrestar el CC es indefectible una aproximación holística que propicie la interacción entre ciencias y humanidades. 

Las interrogantes se suceden con vértigo: ¿Cuál será la función del legado cultural ante el CC? Los temas culturales exigen una respuesta de la misma naturaleza. En la perspectiva, se aboceta el legado cultural como el summum de la experiencia humana en la perenne conformación de culturas resilientes. El legado obliga a valorar esa experiencia.

La Convención de la UNESCO de 1972 conlleva una paradoja: la lista del patrimonio mundial tiene como objetivo salvaguardar los monumentos y sitios más preciados, que se hallan en peligro ante los efectos destructivos del CC derivados de la acción antropogénica depredadora. 

No obstante, esta Convención debe tener una nueva lectura, pues no se constriñe al simple listado de monumentos y sitios; tiene que versar sobre valores para dar respuesta a interrogantes básicas: la conciencia cultural que responda satisfactoriamente a las interrogantes; de donde provenimos, quiénes somos y cuál es la sociedad que queremos para las siguientes generaciones.

El dictum es implacable: El CC le dará una nueva dimensión a la fragilidad y vulnerabilidad de nuestros ecosistemas culturales y naturales.  

 

*Doctor en derecho por la Universidad Panthéon-Assas.

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