Víctor Hugo Rascón Banda, la voz ausente

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace diez años, el 31 de julio de 2008, partió para siempre el abogado y promotor cultural Víctor Hugo Rascón Banda, luego de 15 años de luchar tenazmente contra la leucemia. Para recordarlo se han organizado algunos homenajes en los que se destaca esencialmente su quehacer como dramaturgo y por lo que fue reconocido con premios como el Ramón López Velarde (1979 y 1981), Teatro Nuestra América (1981), Juan Rulfo para primera Novela (1991), Juan Ruiz de Alarcón y Rodolfo Usigli (1983) y la Medalla Xavier Villaurrutia. Hay otros aspectos que también deben recordarse sobre Rascón Banda. Primero su interés en las políticas culturales, que logró al llegar a ser considerado por miembros de la comunidad cultural como posible sucesor de Rafael Tovar y de Teresa, al frente del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), en el relevo de los gobiernos de Ernesto Zedillo a Vicente Fox. También se le rememora por la defensa que a lo largo de varios años hizo del cine ante el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). Una de las primeras acciones impulsadas por el dramaturgo nacido en Uruachi, Chihuahua, el 6 de agosto de 1948, al inicio del gobierno foxista --cuando se instaló una Comisión de Estudios para la Reforma del Estado--, fue pelear por incluir el tema de la cultura. Ahí formalizó y expresó la necesidad de promover acciones que le inquietaban de tiempo atrás: 1. La creación de un órgano de Estado autónomo, con patrimonio propio y autoridad pública para coordinar la política cultural del país, con la participación de actores y usuarios, y con carácter democrático y federativo. 2. Promulgar una ley general de cultura. 3. Una legislación de incentivos fiscales para promover la participación social y privada en el financiamiento de la cultura. 4. Una legislación de apoyo e inventivos a la industria cultural. 5. Revisión de los términos del Tratado de Libre Comercio con América del Norte en materia de cultura, y que las políticas internacionales en el tema cultural sean consultadas con las instancias nacionales responsables de la política cultural. A Víctor Hugo Rascón ya no le tocó ver la creación de la Secretaría de Cultura, de cuya idea fue defensor, ni de la Ley General de Cultura. Sin duda habría sido parte muy activa en los debates. Pero sí alcanzó --aprovechando sus conocimientos en el campo de la cinematografía (donde fue guionista), así como del Derecho, pues llegó a ser titular jurídico de la Sociedad General de Escritores de México-- a acompañar a la actriz y entonces diputada federal María Rojo en el proceso de reformas a la Ley de Cinematografía. Y la apoyó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su lucha contra el doblaje de películas extranjeras. Juntos emprendieron acciones de defensa de las industrias culturales, específicamente el cine, ante el TLCAN. El escritor denunció ante el semanario Proceso que el economista Herminio Blanco, impulsor de dicho tratado y exsecretario de Comercio y Fomento Industrial, fue un férreo opositor a que se dispusiera del 30% de tiempo en pantalla para el cine nacional y a establecer el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), por considerar que afectaban el “espíritu” del libre comercio, que terminó imponiéndose. Así lo señaló: “Herminio Blanco, sus abogados y funcionarios detuvieron el documento porque algunas de sus disposiciones afectaban el espíritu del TLCAN. El abogado Germán Fernández, abogado de la Presidencia de Ernesto Zedillo, detuvo la última versión porque afectaba a Estados Unidos”. Entre sus batallas, recordó tras su muerte Proceso, estuvo la creación de una reforma fiscal que exentara de impuestos a los creadores y un incremento presupuestal para la cultura --hasta marchó bajo el rayo del sol, ya muy enfermo, por las calles de la ciudad para oponerse a la reducción del presupuesto que anunció el gobierno de Felipe Calderón en diciembre de 2006. Cuando en octubre 2003, en el Poliforum Cultural Siqueiros, se presentó el libro ‘México: su apuesta por la cultura’ (Grijalbo-UNAM-Proceso), en el que colaboró con el texto “Dramaturgo vs. Director”, destacó: “Este libro es auténtico periodismo cultural, un ejemplo de periodismo cultural. Es un recuento de logros y de daños, es el deber y haber de la cultura en México, el balance del patrimonio cultural de este país donde los creadores crean a pesar de los obstáculos de la diferencia y de las hostilidades. “…será un libro polémico, un libro infaltable en bibliotecas, universidades, en nuestras casas. Es un libro de creación colectiva que forma el espejo de nuestra realidad y de un patrimonio cultural que se construye cada día en estos tiempos difíciles”. Víctor Hugo Rascón murió el 31 de julio de 2008, a pocos días de su cumpleaños 70. Fue dueño de una voz que, se estuviera de acuerdo o no con él, enriqueció el debate cultural.

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