Discreta, pero grande...

jueves, 18 de diciembre de 2008
La muerte de Amalia Solórzano Bravo, madre de Cuauhtémoc Cárdenas y esposa de Lázaro Cárdenas, representa el fin de una época Cuando el general ocupó la Presidencia, ella fue testigo y partícipe de hechos relevantes: la expropiación petrolera y la llegada de los refugiados españoles Así mismo, dio su apoyo a los movimientos de los maestros, de los ferrocarrileros, de los médicos y de los electricistas Junto con Cárdenas alzó la voz para condenar la matanza del 2 de octubre de 1968, y todavía en sus últimos años se esforzó para dar voz a los indígenas de Chiapas "Primeras damas somos todas las mujeres de México, porque somos amigas, compañeras, consejeras de nuestros maridos" Estas palabras reflejaron durante mucho tiempo el carácter, la personalidad y el peso que Amalia Solórzano Bravo tuvo en la familia Cárdenas desde que se casó con el general en 1932, hasta su muerte, ocurrida el viernes 12, a los 96 años Durante siete décadas, doña Amalia, como todos le decían, participó en la historia del país, primero al lado del general Cárdenas y luego acompañando a su hijo Cuauhtémoc; a los dos los aconsejaba desde la intimidad familiar En el seno de la familia Cárdenas Solórzano, ella siempre hizo oír su voz Aunque siempre fue discreta, su presencia fue determinante en hechos como la expropiación petrolera Fue ella quien inició una colecta nacional en 1938 para exhortar al pueblo a participar en el pago de las indemnizaciones a las firmas petroleras extranjeras; fue ella, también, la que bautizó a la residencia presidencial como Los Pinos, en honor a la huerta de su natal Tacámbaro, Michoacán, donde conoció al general y se comprometió con él De la importancia de doña Amalia en la vida política y en las decisiones de su marido, él mismo escribió en sus memorias: "Amalia siempre estimuló las tareas de mis responsabilidades políticas y sociales ya en lo nacional como en lo internacional Tengo mucho que agradecerle a Amalia que es comprensión y amabilidad? su actitud fue discreta y de gran sensibilidad" El noviazgo Amalia Alejandra Solórzano Bravo tuvo una educación católica dentro y fuera de su familia Su padre, Cándido Solórzano Morales, era un ranchero y comerciante ?dueño de una fábrica de jabón y de aceite? a quien no le gustaban los militares, porque los consideraba representantes de la violencia durante la Revolución, así como por la mala fama que tenían los soldados de abandonar a sus esposas De ahí su negativa a que ella se casara con el general Su madre, Albertina Bravo Sosa, era más liberal En una entrevista con Luis Suárez, publicada en el libro Cárdenas: retrato inédito, doña Amalia dice de su madre: "Mi mamá fue una persona de lo más movida, de lo más activa De nacimiento, de corazón y de todo, era muy liberal" Heredera del liberalismo, doña Amalia reconoció en ese diálogo con Suárez que fue su madre, Albertina, quien influyó en su percepción de la vida política del país Participó en ésta al lado del general Cárdenas, considerado por muchos como el mejor presidente que ha tenido el país en la historia reciente Sólo ocho años vivió Solórzano en Tacámbaro A esa edad fue enviada a estudiar con las monjas del Colegio Guadalupano del pueblo de Tacuba, al poniente de la Ciudad de México A los 14 años, en unas vacaciones en su pueblo conoció a Cárdenas, quien realizaba campaña para gobernador "Estuvo en nuestra casa, que era un poquito más presentable que las otras del pueblo Fue a la casa y estuvo platicando Lo conocimos bastante bien Permaneció cuatro días recorriendo la zona de Tacámbaro, yendo a las haciendas, en fin Entonces hubo la manera de tener un poquito más de contacto", dijo en la plática con Luis Suárez Sobre este episodio, la autora del libro La suerte de la consorte, Sara Sefchovich, escribe: "Sin embargo, la familia se opuso a la relación Ante todo porque ella era demasiado joven, pero principalmente porque eran gente devota que seguramente veían en el pretendiente de su hija mayor a un jacobino y enemigo de su fe, y además no les gustaba que fuera soldado, pues éstos tenían muy mala fama y se decía que abandonaban a sus mujeres" A pesar de esa negativa, el general la frecuentó cuatro años Con la anuencia de las religiosas le enviaba cartas y regalos, y el 25 de septiembre de 1932, cuando Amalia tenía 20 años y Lázaro 37, se casaron pero no por la Iglesia sino sólo por lo civil, por decisión del general No acudieron los padres de la novia Convertida en la esposa de Lázaro Cárdenas, lo acompañó en las distintas comisiones que le asignaron en varias partes del país Con ella el general se quejó de la ominosa presencia del general Plutarco Elías Calles, y de sus decisiones de llevarlo a distintos estados sin permitirle estar en Michoacán, confió al periodista Una vez en la Presidencia de la República (1936), Cárdenas se deshizo de la sombra del caudillo al exiliarlo en San Diego, California, donde estuvo hasta 1942 También tomó la decisión de no habitar el castillo de Chapultepec ?por considerar que lo alejaba del pueblo? y de reconstruir la casa que estaba en el rancho La Hormiga, a un costado del Molino del Rey, para hacerla su residencia Esta finca llevaría el nombre de Los Pinos Una vez en la nueva casa presidencial, Amalia Solórzano asumió un papel discreto, y a sugerencia de su esposo rechazó ser llamada primera dama Es por ello que se quedó a cuidar la casa, a su hijo Cuauhtémoc y a otros niños, algunos de los cuales eran huérfanos que recogía en sus giras, pero otros ?dice la autora? eran hijos que el general había tenido en sus andanzas por el país, entre ellos una niña llamada Alicia, según contó Francisco J Múgica, amigo del general Cárdenas Acerca de este pasaje, en su libro Estos años el periodista Julio Scherer García preguntó a la viuda de Cárdenas "El general está en los cielos, señora, los que existan Pasó por la tierra y se hizo querer de tal manera que muchos lo recuerdan como a un pariente grande Ojo alegre como fue, ¿le afecta que picara donde podía?" A lo que doña Amalia contestó: "Mira, el general pudo haber picado en muchas partes, pero sólo en este vientre reposó hasta su muerte" (Proceso 955) Los refugiados españoles Pese a su discreción, con el paso de los meses la compañera del general comenzó a dejar el ostracismo y en 1937, al presidir el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, apoyó una de las decisiones históricas más importantes de Cárdenas: asilar a 456 menores, huérfanos de guerra e hijos de combatientes republicanos Les dio alojamiento, sustento y educación en la ciudad de Morelia, Michoacán; con el tiempo fueron conocidos como los Niños de Morelia Eso motivó que tanto a ella como a Cárdenas el gobierno español les haya otorgado diversos reconocimientos Y en una entrevista publicada en este semanario Solórzano dijo de éstos: "Voy porque se trata del general Si fueran para mí, no iría No he hecho nada Hice lo que pude haber hecho en esa época, pero yo no tuve más mérito que ser la compañera del presidente" Sin embargo, doña Amalia construyó su propio camino Aunque durante los primeros años del gobierno de Cárdenas (1936-1940) casi no asistió a los actos oficiales No estuvo, por ejemplo, en la toma de posesión de su esposo, incluso se excusaba por no asistir a los actos del Día de las Madres que se habían puesto de moda entre los políticos Con el tiempo realizó acciones que le generaron el respeto del pueblo Comenzó a participar en actos de solidaridad e instaló una oficina desde la cual estableció correspondencia con mujeres de todo el país Al término de la administración cardenista se solidarizó con los movimientos de maestros, ferrocarrileros, electricistas y médicos Hizo pública su indignación por los asesinatos de Rubén Jaramillo y de Genaro Vázquez; así mismo, festejó el triunfo de la revolución cubana en 1959 Compañeros, Lázaro y Amalia condenaron la matanza de 1968; incluso ella participó en la famosa Marcha del Silencio de ese año Dice Julio Moguel, sociólogo y coautor de Estampas para el recuerdo Los caminos indígenas de doña Amalia, que los años que siguieron a la presidencia de Cárdenas también fueron de gran actividad para doña Amalia "en la construcción cotidiana de relaciones personales y políticas que ayudaron entonces a dar vitalidad y fuerza a los ideales y obras que había legado el cardenismo Tejer ideas, crear redes, construir puentes: con los Méndez Arceo, con los presos políticos, con dirigentes agrarios y las causas chicas, aunque éstas, sea dicho, para el general y para doña Amalia, siempre fueron causas vitales y mayores" Sus últimos años A sus 82 años, doña Amalia Solórzano aún tuvo la energía para aceptar la invitación del EZLN a participar en la Comisión de Seguimiento y Verificación de los Acuerdos de San Andrés Hizo el mismo viaje que muchos años antes realizó su compañero para llegar a la ciudad de San Cristóbal de las Casas y defender los derechos de los pueblos indígenas Andrés Aubry, historiador francés que murió hace un año y medio, describió la odisea de doña Amalia en Chiapas de esta manera: "Platicó con los indígenas hasta que trajeron caballos Cubrió jineteando los 20 kilómetros que todavía la separaban de San Cristóbal De manera menos deportiva, pero igual de meritoria, doña Amalia venció su edad, la distancia, el cansancio de su desvelada, de una desmañanada por el avión, de las curvas del viaje desde Tuxtla, el frío de Jovel, la paciencia de interminables esperas "En aquellos días de San Cristóbal, doña Amalia reactivó la presencia del general, autentificó una lucha y, con su frágil y emocionante persona, estampó en esta jornada el sello de la historia" La causa indígena zapatista fue quizá la última que ella defendió antes de morir el viernes 12, a la edad de 96 años Cuenta la historia que, viviendo aún en las tierras fértiles de Tacámbaro, después de haber estado con su madre en una iglesia del lugar y de observar a una indígena que fregaba los pisos con mucha fuerza y dignidad, escribió más tarde en un cuaderno: "Nací, nacimos, para sentarnos en una larga banca y compartir lluvias y soles que no distinguen ni el color de la piel ni la manta de la seda?"

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