Atrapado entre las balas

jueves, 11 de noviembre de 2010

MÉXICO, D.F., 11 de noviembre (apro).- Eran las 11:20 horas del jueves 11. El trolebús circulaba a vuelta de rueda; el tráfico en el eje 3 Sur impedía que los automóviles transitaran fluidamente. “Es jueves –pensé medio molesto--; el pinche tianguis le da en la madre a todo”.
    El buen ánimo con el que salgo de nadar se esfumó a los tres minutos. En cuestión de segundos pasé del coraje al terror.
    Abordé el trolebús en la base, frente al Velódromo olímpico, iba relajado y contento (por primera vez había nadado mil 500 metros sin descansar, una proeza para un exfumador). Medio kilómetro adelante, en la esquina de Luis de la Rosa y Eje 3 Sur Morelos, colonia Jardín Balbuena, enfrente del “tianguis del Velódromo”, como lo conoce la gente, experimenté el temor del que cientos de veces he leído cuando una persona queda atrapada en medio del fuego cruzado.
    Atorado en el tráfico, escuché varias detonaciones. La gente que a esa hora ya recorría el tianguis, huía despavorida; en sus rostros se reflejaba el miedo. Los cuatro pasajeros que íbamos en el trole no comprendíamos nada; no fue necesaria ninguna explicación: inmediatamente después se escucharon otros disparos y cada vez más cerca.
    Era un intercambio acompasado de balas. Primero las detonaciones eran espaciadas, seguidas de otras más constantes, como de metralleta, que culminaban con un fuerte estruendo, “como si fueran granadas”, dijo un pasajero; como un “bazucazo”, comentó otro.
    “En la madre –pensé lleno de temor--; el pinche trole es puro vidrio, ni para dónde correr”.
    De pronto, el resto de los pasajeros y yo quedamos frente al tiroteo; varias decenas de policías federales con el rostro cubierto con pasamontañas corrían de un lado con sus armas en la mano. Entre la gente que huía, una mujer de mediana edad cayó herida por las balas; su acompañante intentó levantarla sin éxito; mejor la abrazó tratando de protegerla. Varias mujeres en crisis salieron gritando y llorando del tianguis. Algunas personas intentaron subir al trolebús. El chofer, por seguridad, no abrió las puertas.
De pronto, en medio del bullicio se escuchó el silencio. Los segundos se hacían eternos, luego, más detonaciones.
“Una bala perdida y ahí quedé”, reflexioné. Por instinto tomé mi celular. “¿A quién le llamo si salgo herido? ¿A Marisol?, no, a ella no, ya me mandó a volar… ¿A mi trabajo?... ¿A mi familia?... ¿A quién? Ojalá y no sea otra víctima del fuego cruzado.”
    Pensé ponerme “pecho a tierra”, como nos ordenaban en el Servicio Militar; sentí vergüenza por el temor que me provocaron las balas; levanté mis aletas como escudo. Menuda protección.
    Cuando por fin se reanudó la circulación, a las 11:37 de la mañana, cerca de la calle Agustín Lara y Eje 3 Sur, unos 20 jóvenes estaban tirados sobre el piso; tenían las manos sobre la nuca; estaban rodeados por los agentes federales que, intimidantes, les apuntaban directamente.
    Por la tarde, la Secretaría de Seguridad Pública informó que fue un operativo para decomisar ropa de contrabando; según el reporte, al principio los agentes sólo dispararon “balas de goma”, pero al ver que los tianguistas oponían resistencia y superaban a los policías, éstos utilizaron balas reales.
    Oficialmente no se reportaron personas detenidas, aunque sí se informó que el saldo fue un herido.
    El “tianguis de Velódromo” se instala todos los jueves sobre las calles de Luis de la Rosa y Agustín Lara, entre Eje Tres Sur Morelos y avenida del Taller; los comerciantes se especializan en la venta de tenis y ropa “pirata”, así como de segunda mano.

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