Los talacheros

viernes, 12 de noviembre de 2010

Según la Femexfut en México hay 625 futbolistas desempleados, pero la cifra real, de acuerdo con el promotor Gisleno Medina, ronda los mil 300. Es la vida lejos de los sueldos millonarios, los viajes en avión, los hoteles de cinco estrellas y las tribunas rebosantes. Para estos jugadores que fueron contratados por un equipo profesional y que ahora trabajan de zapateros o meseros y cuya única cercanía con el futbol son los partidos “talacheros”, el sueño sigue ahí, instalado en sus piernas y cada vez más lejos de la realidad.

MÉXICO, D.F., 12 de noviembre (Proceso).- Cuando incursionó en el profesionalismo, Omar Razo Hernández calculó que tenía buenas probabilidades de jugar en Primera División, pues provenía de una familia de futbolistas: su padre, Arturo, fue un destacado defensa lateral que en los setenta alineó con Chivas, Irapuato, León, e incluso formó parte de la selección nacional en los tiempos de Rafael Chepe Chávez. Su tío Daniel representó a México en la Olimpiada de Munich de 1972.

Ahora, con 26 años y luego de participar en equipos de la división de ascenso y con apenas una brevísima incursión en el máximo circuito, con el Querétaro, se encuentra desempleado.

Desde hace dos años no se ha podido contratar con ningún equipo profesional y trabaja con su padre en un taller de calzado. Como la mayoría de sus compañeros que no tienen cabida en los clubes ha optado por el “futbol de talacha” en el que cobran entre mil 500 y 2 mil 500 pesos por partido en los llanos. Viajan en autobús o de aventón en camionetas de carga y en esos juegos arriesgan el físico, se exponen a lesiones que cuando son graves los incapacitan y no cuentan con ningún seguro médico.

De acuerdo con cifras proporcionadas por la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) hay 625 jugadores desempleados; sin embargo, Medina considera que esta cifra no es real, pues habría que añadirle otros 700 desocupados “que no tuvieron la voluntad de informarle al organismo que están sin trabajo”.

En mayo pasado, Cancún volvió a ser sede del draft, controvertido régimen de transferencia anual de jugadores profesionales, en cuya XXI edición se inscribieron 673 futbolistas de los cuales sólo 74 tuvieron la suerte de emplearse. Para el resto este podría ser el ocaso de sus carreras deportivas.

Las transacciones efectuadas representaron una derrama de 264 millones, 88 mil 750 pesos, sólo 9 millones 246 mil 250 pesos menos que durante el evento de 2009, cuando los equipos pagaron 273 millones 335 mil pesos.

Abulia

 

El número de futbolistas desempleados en México contrasta drásticamente con el de jugadores desocupados en países como Francia, donde 163 elementos se quedaron sin club este año, y con la posibilidad que la cifra aumente entre 350 y 400 en el verano de 2011, según advirtió el pasado 28 de septiembre el presidente del Racing Club Lens, Gervais Martel.

“Normalmente en esta época del año hay unos 100 jugadores desempleados”, reveló por su lado el vocero del Sindicato Profesional de Jugadores (UFNP), Stéphane Saint-Raymond, quien aseguró al diario francés L’Équipe que esta temporada “es la peor de los últimos años”.

En México, el agente de futbolistas Gisleno Medina se dio a la tarea de localizar a todos los jugadores desempleados inscritos en la lista oficial de la Femexfut. Desde octubre pasado los convocó mediante correos electrónicos para que se concentraran a fin de someterse a un trabajo de preparación a fin de integrar un representativo que en enero próximo emprendería una gira por Guatemala, El Salvador y Honduras, con la idea de colocarlos en equipos de aquella zona.

Después de cuatro convocatorias sólo pudo reunir a 65 jugadores la mayoría de los cuales, sin cartel ni reconocimiento, proviene de segunda o tercera división profesional. Bajo la dirección del veterano entrenador uruguayo Hugo Fernández, todos los fines de semana se reunieron en el estadio Palillo Martínez, de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca.

Las buenas intenciones no bastaron y el proyecto de vino abajo porque los socios de Medina consideraron que su inversión no estaba garantizada debido principalmente a la escasa respuesta de los jugadores. De los pocos que se presentaron, sólo unos seis reunían las condiciones para desempeñarse como futbolistas profesionales.

“No llegaron jugadores suficientemente maduros de la Primera A; si hubiésemos tenido siete u ocho refuerzos de esta categoría habríamos conformado un buen equipo que diera batalla a los centroamericanos. Si allá pierdes un partido por cuatro goles ya nadie quiere jugar contigo, y por lo tanto se cae toda la gira”, comenta el promotor.

Además, acepta que la gira pudo causar importantes pérdidas económicas, “ya que los pasajes de avión del Distrito Federal a Tapachula, Chiapas, nos costaban alrededor de 150 mil pesos. De ahí en adelante los gastos de hotel y alimentación serían cubiertos por los equipos a los que enfrentaríamos”. Lamenta que el proyecto no cuajara debido a la falta de respuesta de los jugadores de la Primera A, “quienes prefirieron quedarse en casa, sin trabajo, en vez de jugársela”.

Y justifica a sus socios: “Se rajaron con justa razón al ver el riesgo económico. No puedo involucrarlos en un proyecto donde había más posibilidad de perder dinero que de salir a mano. Ni siquiera pensábamos obtener ganancias con la gira, pues nuestro objetivo era colocar a los jugadores en diferentes clubes de Centroamérica, y de hecho nosotros cubriríamos la mayor parte de los gastos.

 “Los jugadores son apáticos están mal acostumbrados. Lloran cuando están sin trabajo, pero no quieren dar un paso hacia afuera, sino simplemente jugar en el futbol mexicano. Aquí hay 18 equipos de Primera Nacional y otra cantidad similar en Primera A. Después están los de segunda y tercera división; son muy pocos equipos para los 110 millones de habitantes que tiene el país.”

–A ello se suma la poca voluntad del futbolista mexicano –acota el reportero.

–Así es. El futbol de México es dictatorial y un puñado de personas hace y deshace a su voluntad. Y pregunto: ¿Por qué en Brasil, que tiene 27 estados, pudo formar una liga con 20 equipos, todos de Primera División en cada una de sus entidades? Estamos hablando de alrededor de 560 equipos.

“¿Por qué lo pueden hacer los brasileños y nosotros no? Aquí hay jugadores en abundancia. Te aseguro que siete de cada 10 hombres juegan al futbol, pero los dueños de la verdad dicen que sólo hay capacidad para 18 equipos. Por eso también tenemos un tremendo problema de drogas y delincuencia porque no fomentamos el deporte en toda su dimensión.”

–¿Cómo asimila el tropiezo de un proyecto al que le invirtió tiempo y dinero?

–Me siento frustrado. Sin embargo, el otro problema es que el país es tan grande que a los muchachos les cuesta desplazarse de sus estados a la capital. Muchos jóvenes están en esa situación, pero hay otros comodinos que quieren que se les lleve el entrenamiento a la puerta de su casa. Pues ahí está canijo.

“Algunos son conformistas, abunda Medina, y prefieren jugar en el llano para ganar 500 o mil pesos por partido. Así se estila en varias regiones del país, como en Puebla, pero en estas condiciones el futbolista no tiene futuro. Al final termina siendo un jugador de campito y sin ninguna prestación o perspectiva.”

Favoritismos

 

En la cancha del estadio Palillo Martínez, Sergio Corona, mediocampista de 21 años, luce su pinta de futbolista. El joven regresó a México luego de haber incursionado la temporada pasada en la segunda división brasileña. Es una de las apuestas del promotor uruguayo.

Inició su carrera en las fuerzas básicas de los Pumas y debutó como profesional en 2006 con el Atlas en la segunda división. Al año siguiente viajó a Paraná, Brasil, para jugar con Elhisports Curitiba, y en 2008 lo fichó el Laranjeiras, de la segunda división estatal de Sergipe.

Refiere que hace cinco meses la Comisión del Jugador de la Femexfut realizó una visoría para futbolistas desempleados, y su desencanto fue mayúsculo cuando no llegaron los entrenadores ni preparadores físicos que esa comisión prometió.

Asegura que aún tiene abiertas las puertas del futbol brasileño, que sólo espera el llamado de su promotor, Paulo Santos. Mientras llega el momento juega la talacha en los barrios. Acerca de esta experiencia afirma:

“He recurrido a ella por dos motivos: por diversión y para tener algún ingreso que por mínimo que sea siempre será bien recibido. No me da pena. Al contrario, es algo bueno. También aprendes mucho de estas personas, que por lo general son gente humilde.”

Actualmente juega en dos ligas a la semana: la del Colegio México y la de futbol rápido en la colonia Escuadrón 201, de Iztapalapa. “Es el barrio, pero es muy bueno y se aprende mucho. Ahí me pagan aproximadamente entre 200 y 300 pesos, depende de los goles que consiga anotar; es un bono extra: arriba de tres goles me dan 50 pesos en el futbol rápido. Y la tarifa del Colegio México es de 200 o 300 pesos, dependiendo los goles en el juego”, afirma.

También entrena en un equipo de Cruz Azul de la segunda división, “atrás de La Noria, a unos metros donde tiene su sede el equipo mayor. El equipo en el que únicamente entreno se llama Lobos París Poza Rica. Ellos se preparan en el Distrito Federal con el uniforme de Cruz Azul y para los juegos oficiales viajan a Poza Rica como locales. Tengo poco tiempo ahí, y hasta el momento no me han comentado si hay posibilidades”.

–¿Cómo logra sobrevivir en este medio?

–Gracias a mis padres, que solventan parte de mis gastos. Con Cruz Azul entreno de 10 de la mañana a la una de la tarde; regreso a casa, me aliento y me voy a trabajar de 3 y media de la tarde a las 10 de la noche. Esa es mi jornada diaria. Soy mesero de un café.

Tanto Édgar García como Sergio Corona han vivido experiencias similares. A principios de año realizaron la pretemporada con el Cruz Azul EK Norte, de la segunda división de ascenso.

“Estuvimos toda la pretemporada en Acapulco, jugamos los amistosos. Ya nos habían dado el sí, e incluso hasta nos entregaron el uniforme. Sólo era cuestión de firmar contrato, y faltando cuatro días para que iniciara el torneo llegaron otros chavos por medio de otras personas y nos dieron las gracias”, cuenta García, quien jugó con el Puebla de la Franja de la tercera división la temporada 2006-2007.

Luego militó un año en Chiapas (temporada 2007-08) de la segunda división, y de 2008 a 2009 participó en el Atlético Tapatío, equipo de la zona metropolitana.

“Tuve oportunidad de probarme en una división más alta, Primera A, pero no se formó el equipo porque la federación no aceptó las condiciones de la cancha, puesto que era un estadio de beisbol. La franquicia era de Mexicali”, dice.

El veracruzano Sergio Pérez se gana la vida en el “futbol de talacha”. Juega los martes y los jueves, y de acuerdo con sus cuentas recibe 12 mil pesos al mes, e incluso hay ocasiones que gana hasta 4 mil 500 pesos por semana, si toma en cuenta sus juegos en Poza Rica.

A sus 30 años, Pérez es otro de los que anhelan un lugar en el futbol profesional. Reconoce que lo más cerca que ha estado de la Primera División es cuando el argentino Daniel Alberto Brailovsky –actual entrenador del Encasa– dirigió a los Tiburones rojos del Veracruz, actualmente en la liga de ascenso.

“Ocurrió que el profesor Brailovsky se fue a la pretemporada con el equipo y decidió no seguir. En su lugar llegó Daniel Guzmán, y ya no pude continuar en el Veracruz.”

A pesar del tropiezo sufrido, Gisleno Medina tiene fe en su proyecto: “Lo quiero llevar a cabo, si es posible, en un futuro cercano. Estamos con las puertas abiertas, tenemos la buena voluntad, pero si los jugadores no vienen es como abrir una cantina sin que lleguen los borrachos”.

 

 

 

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