El Tec de Monterrey se radicaliza contra la "guerra" antinarco

lunes, 26 de abril de 2010

MONTERREY, NL. 26 de abril (Proceso).- Inmerso en la coyuntura abierta por el asesinato de los estudiantes Francisco Javier Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso, acribillados el 19 de marzo, el rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Rafael Rangel Sostmann, se ha convertido en uno de los más destacados opositores a la violencia que azota al país.
Con un inusitado radicalismo, las posiciones y críticas del rector de un centro de estudios dedicado a la formación de las élites han ido desde pronunciarse por acotar al Ejército hasta afirmar que “la guerra” de Felipe Calderón fue ordenada por Estados Unidos, que se beneficia de la economía criminal mientras México pone los muertos (Proceso 1743).
 Ha dicho que las condiciones en que murieron los estudiantes del ITESM no están claras, que el Ejército no ha querido difundir el video de seguridad del campus que registró los hechos, y que ni siquiera ha explicado por qué les robaron sus identificaciones y los hicieron pasar por sicarios, lo que Rangel califica como un posible encubrimiento.
El domingo 11, la Federación de Estudiantes del Tecnológico de Monterrey realizó la Marcha por el Cambio, una caminata en torno al campus que concluyó en un acto para integrar propuestas de seguridad y justicia. Allí, Rangel Sostmann fromuló críticas a la sociedad en general, a la comunidad empresarial, a los políticos, a los académicos, a los medios de comunicación y hasta a la familia.
“La inseguridad que padecemos –dijo el rector entre otras cosas ante unas 3 mil personas reunidas en el Estadio Tecnológico– es el resultado de que hemos degradado nuestros valores y principios y hemos aceptado la degradación como algo natural. Si queremos una sociedad equitativa, solidaria, participativa, justa y con paz social, debemos cambiar nuestra forma de pensar en lo individual, lo social, lo empresarial, en lo político, educativo y gubernamental.”
De acuerdo con investigadores y académicos consultados por Proceso, lo insólito del discurso del rector es que, siendo directivo de una institución que ha infundido el individualismo entre estudiantes que, como egresados, se incorporan a la administración pública o dirigen organismos empresariales, ahora hace un llamado a los jóvenes en formación a tener un mayor compromiso social.
La maestra Rosaura Barahona, una de las educadoras más prominentes de Nuevo León, quien se retiró del ITESM hace algunos años y ha comentado que la institución se ha vuelto cada vez más elitista, publicó el martes 13 un artículo titulado Mea culpa en el diario El Norte.
“El discurso de Rangel Sostmann –escribió Barahona– es un mea culpa sin precedente en el Tec, que basa su eficiencia como institución en la falta de crítica abierta”, pues tanto “en el Tec, como en las empresas locales, la autoridad es vertical e incuestionable”.
Esa percepción coincide con la de la investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), Lylia Palacios, quien ha tenido como objeto de estudio al empresariado regiomontano.
Dice ella que los nuevos posicionamientos de Rangel le dan al ITESM una tesitura desconocida hasta ahora, pues, considera, “estamos frente a un acontecimiento inédito”.

La disertación del cambio

En su discurso, Rangel recordó a los estudiantes acribillados. Luego describió el formato en que se integrarían las propuestas de la comunidad para lograr una solución integral al problema de la inseguridad, entre éstas: fortalecer los sistemas de seguridad pública de los estados; garantizar la seguridad jurídica; abrir procesos judiciales en el fuero civil para miembros del Ejército y realizar una reforma penal y judicial que haga posible el acceso a la justicia.
“Nos hemos vuelto ciegos, sordos e indiferentes ante la desigualdad, la pobreza, la injusticia, la falta de oportunidades y el desempleo. Vemos todas esas anomalías como algo natural”, dijo, antes de condenar la corrupción, que “aceptan” los empresarios para mejorar sus ingresos; a los alumnos que copian en exámenes, y a los ciudadanos que sobornan a los policías.
Continuó con las críticas a la familia, pues los padres, ocupados en otras actividades, delegan la formación de sus hijos a las escuelas, a donde los jóvenes llegan sin los principios que debieron adquirir en casa.
A los funcionarios públicos les recriminó el hecho de que sólo se ocupan de sus intereses personales y partidistas. A los medios de comunicación les reprochó la práctica del amarillismo con el fin de aumentar sus ventas, sin informar bien a la población ni formar opinión.
También criticó la educación superior, en la que se forman estudiantes “para la empleabilidad con fines monetarios y éxito profesional”, sin compromiso social.
Invitó a los asistentes a seguir manifestándose y protestando, pero “haciendo un examen de conciencia de sí mismos”, y “a salir con propuestas y soluciones, no sólo con reclamos y exigencias”.

“Se ha visto solo”

De acuerdo con Lylia Palacios, la lógica de Rangel Sostmann, si bien corresponde a la necesidad de fomentar la investigación social para competir internacionalmente, no es mero pragmatismo.
“La cuestión es por qué Rangel hace un discurso tan emotivo. El discurso lo ubicamos en la persona de que estamos hablando: es el rector de la institución educativa con mayor presencia nacional, con orientación clara de valores arraigados en la cultura empresarial, y no había presión para que se viera forzado a hacer un llamado a erradicar el individualismo, a la protesta, a pedir cuentas por los estudiantes abatidos”, plantea.
La doctora Palacios advierte que el mensaje del rector puede tener algunas consecuencias, pues en ese acto y en todo lo relacionado con la coyuntura, Rangel se ha visto solo, sin que ninguno de los acaudalados empresarios que integran el consejo del ITESM se haya solidarizado con él.
“Pareciera que Rangel está en una lucha personal. Hay dos lecturas: le sigue y le va a costar, o lo paran en seco con las consecuencias previsibles. Él no recibe órdenes directas del Consejo, pero está sujeto a intereses.”
A fin de cuentas, dice, lo que ocurre en el ITESM es parte de la necesidad del sistema de formar a sus élites, y el principal problema que afrontará Rangel de continuar con esa línea es el conservadurismo arraigado en maestros y padres de familia. “Lo más grave es que esto no está ocurriendo en las universidades públicas”, lamenta.

“Ni un muerto más”

Otro movimiento de estudiantes se había adelantado a Rangel Sostmann, cuando el pasado 24 de marzo unos 300 universitarios procedentes del ITESM, de la Universidad de Monterrey (UdeM) y de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) realizaron una marcha al Palacio de Gobierno para exigir justicia por el asesinato de los estudiantes y para presentar un paquete de propuestas en materia de seguridad.
Acompañados, entre otros maestros e investigadores, por Jesús Cantú, de la EGAP, el avance del grupo fue obstaculizado con vallas metálicas en un operativo policiaco.
Los llamados de Rangel Sostmann a no protestar se dieron justo cuando los jóvenes David Pulido, del ITESM; Vanesa Armendáriz, de la UdeM, y Julio Vértiz, de la UANL, habían convocado a realizar dicha concentración el 24 de marzo. Entonces, directores de carrera y maestros que dijeron haber recibido línea de la rectoría recomendaron a los estudiantes no participar en concentraciones ni en protestas callejeras.
Los primeros en plantear un movimiento nacional contra la inseguridad que involucre a universitarios fueron los estudiantes del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), al que se fueron sumando jóvenes de la UNAM, de las mencionadas universidades regiomontanas y de al menos otras siete instituciones educativos para integrar, al margen de la propuesta del ITESM, un movimiento nacional denominado “Ni un muerto más”.
“Creemos que sólo así podemos parar esta guerra absurda. La idea es que los universitarios de México se sienten a discutir y a hacer propuestas de reformas legislativas, algo que desde 1973 no sucede en México”, manifiesta al respecto Julio Vértiz, estudiante de sociología en la UANL.
Agrega: “Rangel no dijo nada. Su discurso fue idealista pero evasivo. Lo único rescatable es que habló de la desigualdad y de la necesidad de repensar a México, porque eso puede sacudir un poco a los estudiantes”.
A su vez, Lylia Palacios subraya que la marcha del 23 de abril, a la que está convocando el movimiento “Ni un muerto más”, no deja de ser “modosita”, pues los jóvenes del ITAM quieren marchar por la banqueta.
Acerca de ese movimiento y sobre el del ITESM, Palacios concluye:
“Esto no nos permite afirmar nada, pero abre vetas de observación sociológica, política e histórica, que podrían colocar al sistema frente a un problema de desajuste en la reproducción de las élites. Habría que ver, pues, en los próximos meses, hasta dónde se fortalece la movilidad de los estudiantes o si su movimiento se difumina…”  l