El Torneo Bicentenario, una estafa

jueves, 13 de mayo de 2010

El campeonato llamado Bicentenario 2010, jugado en su recta final y en la liguilla por equipos a los que despojaron de sus mejores futbolistas nacionales, se convirtió en un fiasco, coinciden en señalar en entrevistas por separado los analistas Carlos Albert, Roberto Gómez Junco y Rafael Puente. Y ese engaño ocurre en aras de fortalecer a una Selección nacional, que de acuerdo con algunos de los especialistas consultados por Proceso, “es un globo” inflado por las televisoras y un proyecto en el que se prioriza el negocio sobre lo deportivo.

MÉXICO, D.F., 13 de mayo (Proceso).- El torneo local Bicentenario 2010 se malbarató sin justificación deportiva que lo respalde. En franca contradicción, se apostó por la preparación del seleccionado mexicano a costa del propio balompié nacional que ofreció cuatro jornadas del campeonato y su liguilla sin seleccionados, concluyen especialistas consultados por Proceso.

Según los expertos, no se puede pretender que el representativo tricolor crezca al margen del campeonato regional y del menosprecio del torneo continental de la Copa Libertadores, que durante años se buscó en aras del crecimiento del futbol mexicano. 

La concentración prematura de la Selección nacional que dirige Javier Aguirre, iniciada el 11 de abril, dos meses antes del Mundial de Sudáfrica 2010, según los analistas, perjudicó el sistema de competencias que la sostiene.

“Es indudable que le han pegado al futbol mexicano en este periodo de liguilla, llevándose jugadores que en sus equipos son fundamentales y que hoy están concentrados con la Selección”, dice Rafael Puente, analista de ESPN.

En el intercambio quedó “un torneo mediocre, tirado a la basura. No hay nada similar en el mundo”, opina Carlos Albert, también comentarista de ESPN, quien califica la decisión: “Es una estafa importante, se vende un espectáculo que no se da. Es una violación a la ley de espectáculos deportivos que rigen el futbol; los directivos no ven eso, no es casualidad que en los partidos hay un inspector autoridad”. 

Por su parte, Roberto Gómez Junco, analista de Televisa Deportes, piensa que el torneo local simplemente se malbarató. “Fue un torneo distinto antes y después de la partida de los seleccionados. Evidentemente, la liguilla no es la misma con equipos que carecen de sus figuras mexicanas más representativas, y es un precio que se paga”. 

Pero el origen del bajo nivel mostrado en el torneo es una carga que se ha arrastrado por el tiempo, analiza Puente. “La raíz está en que se instauraron los torneos cortos, que no arrojan otra cosa que fomentar la mediocridad en nuestro futbol, anteponiendo un renglón única y exclusivamente económico. Para tener dos periodos de liguilla en un año, para que los directivos puedan meterse en la famosa compra-venta de los jugadores en dos periodos”. 

El panelista de Los capitanes, programa que se transmite por ESPN, sostiene que no puede concebirse una mejoría en el futbol nacional si no se construye un torneo local más competitivo. 

Para él, la Selección no deja de ser otra cosa que el reflejo de lo que es el torneo del futbol mexicano. “Dar o pretender darle tanta importancia a la Selección Mexicana de cara a una Copa del Mundo me parece ilógico. Los jugadores no aprenden a jugar ni van a mejorar por el hecho de estar en la Selección. El jugador llega a la Selección por el comportamiento que muestra en su equipo”. Ahí, dice, se gana el reconocimiento y la convocatoria. 

Roberto Gómez Junco comparte: “Creo que hay que darle preferencia al futbol interno, que finalmente es el que alimenta todo lo demás. La responsabilidad de la Selección es reflejar lo que es el nivel de nuestro futbol; por lo tanto, la prioridad debería ser elevar el nivel interno. Ese hablar tanto del famoso quinto partido en un Mundial a mí se me hace muy simplista”.

Se va a intentar hacer en dos meses lo que no se hizo en cuatro años, dice Albert, “pasando por alto” las falencias estructurales y la “organización fallida” de un proceso largo.

Al mexicano le falta congruencia y carácter, dice Albert. “Peleamos por entrar al torneo Libertadores para que nuestro futbol creciera. Un equipo como Chivas ahora se ve afectado deliberadamente con una desventaja natural, lógica, por la ausencia de cinco jugadores titulares. Están siendo orillados al fracaso, y con ellos, una vez más, el futbol mexicano”.

Guadalajara fue segundo lugar general en el torneo regular y entró a la liguilla con una clara desventaja ante rivales que en algunos casos no aportaron un solo jugador a la Selección. Pero no sólo eso, está jugando la competitiva Copa Libertadores con un equipo notablemente parchado.

 

El hastío

 

Las concentraciones largas no fortalecen los grupos, terminan por romperlos, platica el exportero de la Selección nacional Rafael Puente al analizar el esquema elaborado para el seleccionado azteca de cara a la Copa del Mundo. “No lo van a decir en público, pero llega un momento en que los jugadores ya no se soportan”.

Los seleccionados, dice, son “presos de un sistema que se les impone para cubrir la falta de un trabajo a conciencia, estructurado. Aquí lo importante sería que el futbol mexicano estuviera jugando la liguilla con lo mejor que se tiene, a la mayor intensidad. Estas concentraciones las han hecho antes y los resultados no están”. 

Para Carlos Albert, la Selección transita en una delgada línea entre la gloria y los abismos. Si se fracasa, dice, “será uno más”. Un éxito, en contraste, tendría costosas consecuencias para el que es considerado el deporte nacional.

Se explica: “El éxito, que puede ser fortuito, taparía lo mal que se trabaja, las redes tan corruptas en el futbol mexicano. La prensa debería ser la conciencia, denunciar esto, no sumarse a la explotación que hacen del Tri”. 

La concentración con fines competitivos, sostiene Albert, es una mentira. “Ni siquiera está trabajando completa. No hay un trabajo serio, ahora van 15 a una gira que no es la Selección que va a jugar en el Mundial, porque la mayoría de los titulares juega en Europa y se incorporarán apenas unos días antes de que arranque Sudáfrica 2010”.

En el ámbito individual, separar a los jugadores de competición puede ser letal, arguye Roberto Gómez Junco: “Es el caso de Javier Hernández, que venía encarrerado, goleador de raza que está en su momento. Yo sí creo que es un riesgo haber interrumpido ese paso. En lo futbolístico una interrupción así puede salir muy cara. No es fácil mantener un momento futbolístico”. 

La Selección Mexicana es la que más encuentros amistosos disputa a nivel mundial y el primero en reunirse antes de la justa internacional.

Aparece el fantasma de Argentina 78, cuenta Gómez Junco. “Fue el más rotundo de los fracasos para la Selección (terminó en el último sitio) y estuvo mucho tiempo concentrada. Fue un equipo que llegó engañadísimo. No soltar a los jugadores tanto tiempo puede ser peligroso”. 

“Al Tri sólo puede exigírsele que haga las cosas bien. Yo fui seleccionado, quiero que les vaya bien, pero la lógica dice que no va a ser así”, vaticina Albert, quien no cree que se supere la fase eliminatoria en Sudáfrica.

“Si pasa, todo se olvidará, seguiremos siendo un país futbolero que repite todo sin aprender nada.”

 

Los dueños del balón 

 

Según Carlos Albert, el trasfondo de la concentración del equipo mexicano que participará en la próxima Copa Mundial, excede lo deportivo, siendo “esencialmente” una medida comercial, pactada entre directivos y televisoras.

“La Femexfut es servil a los intereses de las televisoras más poderosas del país, particularmente a los de Televisa”, suelta Albert. 

Según el exfuncionario deportivo del Distrito Federal, la Selección se manipula según los negocios de Televisa, que “lo controla todo” y exige el compromiso de que se genere una “cierta cantidad de partidos para cumplir con los paquetes que ofrece a sus patrocinadores”, incluyendo los juegos de preparación que se realizarán próximamente en Estados Unidos, “a los que no se les encuentra sentido”.

De esos partidos, opina Gómez Junco: “Se juega en EU con una Selección B que nunca se asume como tal, pero hay que ir por el compromiso, por los dólares, en una ciudad llena de mexicanos que están ávidos de ver a la Selección”. 

La Selección, dice Gómez Junco, es la gallina de los balones de oro a la que se “exprime” al máximo. “Los estadios se llenan y el negocio está garantizado. Mientras eso pase los dirigentes no van a modificar las cosas. Tienen la incapacidad de entender que en el futbol no hay mejor negocio que un buen equipo y una y otra vez sacrifican esa posibilidad por el beneficio económico del corto plazo”.

El futbol es el monopolio más grande de México, sostiene Carlos Albert. “Los dueños apechugan porque reciben ingresos de las televisoras. Así se manejan estas relaciones de poder, que llegan hasta la FIFA”.

Relata Albert. “Un ejemplo de sus alcances: Cuando ESPN intentó comprar los derechos de Atlante, supimos que Televisa amenazó al gobernador del Estado de Quintana Roo (Félix González). El gobernador le dijo al equipo (Atlante) que ponía la diferencia, pero que firmaran con la televisora” propiedad de Emilio Azcárraga.

El formato inédito de torneos cortos con liguilla, y la concentración con dos meses de antelación al Mundial, no sucede en ningún otro lugar del mundo. Ambas tienen una explicación mercantilista. En la liguilla el negocio incluye los derechos de transmisión que venden los clubes, “que puede estar cotizado en un renglón distinto al contrato que tienen para los partidos que juegan en el torneo” regular, comenta Rafael Puente.

Para el exarquero, la razón por la cual se apoyó la iniciativa de concentrar a los integrantes del seleccionado que participan en el futbol local, tiene un trasfondo comercial aún mayor.

“Es indudable que beneficia a la Federación Mexicana. Ahí hay un negocio muy dirigido, primero para comercializar, explotar en la medida de lo posible a los seleccionados. Ha sido más el trabajo que han efectuado para hacer comerciales de lo que han trabajando de cara a la preparación de la Copa del Mundo. Aquí lo grave, lo triste, lo penoso, es que a los jugadores los sacan de la competencia. Y no hay nada mejor para el jugador, y no hay ninguna fórmula que te pueda ayudar a mejorar tu rendimiento, que la competencia”, señala el exfutbolista. 

Sin embargo, Roberto Gómez Junco, afirma que la larga concentración del equipo nacional no fue promovida por Televisa, sino, exclusivamente, a expresa solicitud de Javier Aguirre y Néstor de la Torre. Si bien, aclaró: “Que de ahí se hiciera una planeación para comercializar la situación, es otra cosa”.

Sigue Gómez Junco: “Javier Aguirre pide libertades para armar su Selección, para que se concertaran partidos en Europa y no sólo los que se organizan en EU, que esos sí son más para sacar lana que para obtener un beneficio deportivo. Creo que Aguirre tuvo que hacer sus concesiones pero después se puso firme junto con Néstor de la Torre en esto”. 

El problema medular está “indudablemente” en las dirigencias. “Ellos son los dueños del balón, los que deciden conjuntamente con los intereses de las televisoras”, lamenta Puente, y afina:

“Se debería exigir un mejor futbol, ajeno a los aspectos comerciales que hoy están muy por encima de lo deportivo. Si en el manejo de los directivos y cuerpos técnicos hubiera más ética, se concientizaría al jugador del compromiso que se tiene, de la responsabilidad, de lo que es para la sociedad el futbol, se mejoraría.”

 

La afición

 

Haber “tirado a la basura” el Torneo Bicentenario, califica Carlos Albert, es una “estafa” al aficionado al futbol que, una vez por semana, se resguarda de su vida en el estadio, entre las banderas de su equipo y la multitud que le acompaña, donde la ciudad desaparece, se olvida, según dice Eduardo Galeano. 

“Penosamente”, piensa Rafael Puente, el aficionado vive muy ilusionado en los triunfos de su equipo y de su Selección. “Y es muy fácilmente engañado por los medios”.

Mercaderes de ilusiones, “el interés principal de las televisoras y los medios en general es despertar la esperanza, la expectativa para vender mejor sus espacios, ajenos a la realidad deportiva”.

Con la Selección, “la gente se engancha ante la esperanza de ver a México conquistar algo”, dice el excomentarista de TV Azteca.

La manipulación mediática juega un papel central, dice Gómez Junco: “fanatizar” a la gente. “Hay un engaño permanentemente. Convences a la gente que la liguilla es la misma sin seleccionados y por eso no bajan los ratings”.

En cuanto a la Selección, cree que con la “capacidad” de Javier Aguirre y su cuerpo técnico se puede realizar un buen trabajo. Aun así, habla de un “globo tricolor” que se infla cada cuatro años. “Y siempre se revienta, más o menos estrepitosamente. A los medios en general les conviene. ‘Ponte la verde’, ‘vístete de tres colores’, todo es inflar las expectativas de una Selección cuyas posibilidades son limitadas. No ponen a la Selección en su justa dimensión, empiezan a ver a los jugadores como seres súper dotados que van a hacer un papel extraordinario aunque los antecedentes digan otra cosa”.

 

El espejo

 

El futbol es un espejo, un producto de la sociedad en que vivimos. “Como los políticos, los directivos del futbol mexicano se llenan los bolsillos y se van”.

La política juega su partido, cuenta Roberto Gómez Junco. “En Los Pinos invitan a los que van a tratar de ganar con el sueño de todos los mexicanos a cuestas. Ya que fracasan no se acuerdan del deportista. Pero además no hacen nada para que el deporte sea mejor. No existen esas bases de la pirámide para que en la punta florezcan los deportistas de alto rendimiento”.

Primero, dice, hay que trabajar con el deporte en las masas, “educar a las personas” en la cultura del deporte, entender la importancia de su práctica “en la formación integral de los niños, pero no pensar en medallas ni en ganar la Copa del Mundo. Hay que pensar en gente más sana, un problema que se ha agudizado en el país. El que dijo que al pueblo pan y circo es porque no conocía la tortilla y el futbol. Porque, en realidad, así es en México”. 

Para el analista de Televisa Deportes, es excesivo el peso que se le quiere dar a la Selección Mexicana. “Se maneja como si estuviera en juego el prestigio de la nación, cuando México sufre cotidianamente derrotas mucho más importantes que las que pudiera sufrir en la Copa del Mundo”.

 

 

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