La Laguna roja

viernes, 28 de mayo de 2010

Con el argumento de que el gobierno federal descuidó la Comarca Lagunera para “atender” a Ciudad Juárez, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, pretendió salir del paso ante el fuerte reclamo que le hizo un grupo de empresarios de aquella región debido a los altos índices de inseguridad que privan ahí. Palabras, pretextos y ninguna acción. Así podría caracterizarse la gestión del gobierno federal en esta parte del país, donde la violencia ha cobrado más de 170 muertos en lo que va del año.

 

TORREÓN, COAH., 28 de mayo (Proceso).- Horas después de que el viernes 14 el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, se reuniera en esta ciudad con empresarios de la Comarca Lagunera, un comando irrumpió en la inauguración de un antro y acribilló a ocho jóvenes.

En el encuentro, el funcionario trató de minimizar los reclamos al gobierno federal por la inseguridad que ha causado más de 170 muertos en lo que va del año, y argumentó que esta región quedó desprotegida porque era prioritario atender a Ciudad Juárez, Chihuahua. 

Al terminar la reunión, el dirigente empresarial Óscar Gutiérrez de Anda comentó a los reporteros locales que hubo muchos cuestionamientos, pero el secretario de Gobernación sólo se limitó a escucharlos y no hizo compromisos concretos.

Desde hace tiempo hay gran inconformidad por la ausencia de policías federales en Coahuila, pues la Secretaría de Seguridad Pública Federal sólo tiene cinco agentes por turno. El gobernador, Humberto Moreira, y el alcalde de Torreón, Eduardo Olmos, han solicitado que se incremente el número de elementos de esta corporación, pero sin resultados positivos. Los refuerzos federales sólo van de paso, como ocurrió el viernes 21, cuando un convoy de unos 100 federales llegó a esta capital, pero su destino era Ciudad Juárez.

El bar Juanas VIP, donde ocurrió la matanza, se inauguraba ese día, el viernes 14. Ubicado en la avenida Saltillo 400, el antro está en una de las zonas más exclusivas de Torreón, el Club Campestre La Rosita. En este sitio viven familias acaudaladas que desde 2006 han soportado tiroteos y secuestros, así como agresiones de policías y de soldados que realizan cateos sin orden judicial.

Eran casi las dos de la mañana cuando los ocupantes de tres vehículos abrieron fuego contra los vigilantes del bar apostados en la puerta. Dos jóvenes que iban llegando al sitio también fueron abatidos. Luego, los agresores se introdujeron al establecimiento y rafaguearon a la concurrencia.

Por espacio de ocho minutos los clientes buscaban salidas de emergencia, se resguardaban bajo las mesas o en los baños, donde varios fueron heridos en las piernas, pues los tiros atravesaron las paredes de madera. El lugar quedó convertido en una carnicería humana, con cuerpos regados en el piso en medio de charcos de sangre.

Con este ataque, se sumaron a la estadística lagunera ocho muertos y 19 heridos. El gran total para lo que iba del año era de 164 asesinatos vinculados con las acciones de la delincuencia organizada.

Las víctimas del tiroteo fueron José Humberto Escareño Peinado, de 35 años; Omar Esquivel Corral, de 24; Otis Malcom Acevedo González, de 24; Pedro Flores Maciel, de 26; Francisco Javier Arce Astorga, de 25; Roberto Daniel Cepeda Garza, de 25; Ruth Cristal García Castro, y una persona más que no fue identificada.

Horas después de la masacre, en el estacionamiento del Sam’s Club de Lerdo, Durango, se realizó un hallazgo macabro: sobre el cofre de una camioneta colocaron cuatro cabezas y en la caja del vehículo depositaron los cuerpos de Paul Michell España Díaz, de 18 años; de Cristian Guillermo Méndez de la Fuente, de la misma edad; de Abraham Eduardo Alvarado Hernández, de 20, y de Juan Aldair Jaramillo Montes, de 19. 

Sus familiares declararon ante el Ministerio Público que los cuatro eran estudiantes originarios de Gómez Palacio, Durango, y que habían salido la noche del viernes 14 a una fiesta de la que ya no regresaron. Sin embargo, el fiscal general de Coahuila, Jesús Torres Charles, aseguró que dieron positivo en la prueba de Harrison y por ello no puede descartarse su participación en el ataque al Juanas.

En el parabrisas de la camioneta se podía leer, como si fuera cabeza noticiosa: “Última letra captura y ejecuta a asesinos de bares”.

 

Como en Ciudad Juárez

 

En 2006 se desató la violencia en la comarca lagunera. La presencia histórica de los cárteles de Sinaloa y Juárez, así como las operaciones de los hermanos Beltrán Leyva, terminó en conflicto cuando ese año Los Zetas incursionaron en Torreón y con ello dividieron las viejas redes de complicidades.

En febrero pasado, el general retirado Carlos Bibiano Villa Castillo, secretario de Seguridad Pública municipal, comentó a Proceso que hasta los policías tomaron partido por uno u otro bando. Llegaron al grado, dijo, de que les prestaban las patrullas a los delincuentes para que las usaran en extorsiones y secuestros.

Azotada por la violencia que cobra las vidas de civiles sin relación con delincuentes o cuerpos de seguridad, La Laguna llega a tener breves periodos de calma que concluyen de manera abrupta con impactantes hechos de sangre. 

Por ejemplo, el viernes 13 de marzo de 2009 el ataque a un bar en Torreón desencadenó una serie de enfrentamientos en toda la región

Poco después de las dos de la mañana de ese día, unos 10 sujetos armados bajaron de tres autos e irrumpieron en el bar La Favorita, cerca del céntrico mercado Alianza. Dispararon de manera indiscriminada, mataron a cinco personas y dejaron heridas a otras tres, incluida la esposa de uno de los asesinados. Si acaso tres de los ejecutados eran vendedores de droga.

A partir de ese momento se desató la pesadilla. Grupos armados procedentes de La Laguna duranguense llegaban a Torreón para ejecutar a presuntos narcomenudistas. Como respuesta, grupos de Torreón salían rumbo a Durango para asesinar personas. Ese fin de semana –sábado 14 y domingo 15– los grupos delictivos no respetaron velorios, fiestas ni transeúntes. Cundieron la violencia y los asesinatos.

Al comienzo, los hechos de violencia parecían circunscribirse a zonas populares e inclusive miserables, pero con el paso de los meses se extendieron a las zonas residenciales. También se hicieron frecuentes los ataques a policías, militares y a medios de comunicación, cuyo personal vive aterrorizado.

Las Fuerzas Federales de Apoyo comenzaron a salir de la región después del pasado 31 de enero. La madrugada de ese día un convoy de delincuentes recorrió varios centros nocturnos, hasta que ingresó en el bar Ferry, donde realizó una masacre que, de acuerdo con cifras oficiales, dejó ocho muertos y 40 heridos.

Ese mismo día, pero en Ciudad Juárez, un grupo de sicarios tomó por asalto un domicilio particular y acribilló a 16 jóvenes estudiantes. Ante los hechos, el gobierno federal se movilizó. El presidente Felipe Calderón acudió a esa ciudad y por la indignación ciudadana, el mandatario pasó por momentos bochornosos cuando enfrentó lo reclamos de las familias de los muchachos muertos.

Como la atención del gobierno federal se concentró en Ciudad Juárez, se minimizaron los hechos ocurridos en Torreón, donde ese mismo fin de semana murieron 16 personas. Lejos de reforzar las medidas de seguridad, las autoridades dispusieron que los federales –que inclusive habían enfrentado un comando el lunes 1 de febrero– fueran enviados a Ciudad Juárez, con lo que La Laguna quedó en el desamparo.

Peor aún. El general Villa Castillo declaró a este reportero que el objetivo del comando era ubicar a dos policías federales que andaban francos. Por ello, habrían recorrido varios centros nocturnos, pero en el Ferry recibieron fuego desde adentro. Después se sabría que ese establecimiento era propiedad de Carlos Centeno, el jefe del Grupo Especial de la Policía Investigadora.

El jueves 20, dos integrantes del Grupo Especial de la Policía Investigadora del Estado murieron en un tiroteo contra un comando cuya filiación a alguna organización criminal no fue identificada. Además, según el fiscal Torres Charles, murieron tres sicarios. Así, al viernes 21 de mayo la estadística se actualizó sumando 172 muertos en lo que va de 2010.