El mall guadalupano de Slim

sábado, 8 de mayo de 2010

MÉXICO, D.F., 8 de mayo (Proceso).- Un ambicioso proyecto religioso-comercial, que prácticamente estaba paralizado y corría el riesgo de naufragar por presiones y diferencias políticas, ha cobrado nueva vida gracias a la intervención del hombre al que la revista Forbes considera el  más rico del mundo: Carlos Slim. Pero esas no son buenas noticias para los comerciantes establecidos que fueron desalojados por la fuerza de las inmediaciones del atrio de la Basílica de Guadalupe, ahí donde quieren alzar la Plaza Mariana, y que no están incluidos en el nuevo proyecto…

Don Jesús Badillo, líder de un grupo de comerciantes de La Villa, señala hacia el ruidoso ajetreo de trascabos y camiones de volteo que sacan montones de tierra a un costado del atrio de la Basílica de Guadalupe. Luego comenta molesto:

“Mire, peor desgracia no podía ocurrirnos: el empresario Carlos Slim ya olió el dinero y se vino a construir la Plaza Mariana. Ahí tiene trabajando su maquinaria pesada, ¡véala! La Basílica de Guadalupe será otro más de sus muchos negocios. Sacará la mayor tajada del dinero que dejan los millones de peregrinos que vienen al santuario”.

–¿Desplazará a los comerciantes de la zona?

–¡Téngalo por seguro! ¿A poco cree que nosotros los jodidos vamos a poder competir contra el hombre más rico del mundo? ¡Ni de broma!

Y apunta a la andrajosa muchedumbre de vendedores ambulantes, a los puestos de fritangas que estrangulan el enrejado del atrio, a los diminutos y míseros comercios establecidos apiñados en las callejas aledañas.  

“Aquí el comercio –dice– es una tradición familiar de los pobladores de la zona, que se transmite de generación en generación. Gracias a la Virgen de Guadalupe damos de comer a nuestras familias. Pero ahora, si bien nos va, los comerciantes originales terminaremos trabajando para Slim”.

Don Jesús observa nuevamente el terreno de 30 mil metros cuadrados donde escarban los trascabos amarillos del Grupo Carso; sus largos brazos metálicos se despliegan en lo alto, caen con saña sobre la tierra, picotean aquí y allá dejando en el reseco baldío profundos agujeros que son rellenados con gruesas varillas de acero. Los cimientos empiezan a levantarse.

Anteriormente, en esa área había un arbolado jardín público y un mercado con más de mil locatarios; además tenían sus comercios establecidos los 250 agremiados que don Jesús representa.

Extracto del reportaje que se publica en la edición 1749 de la revista Proceso, ya en circulación.