El cártel del asbesto (*)

jueves, 22 de julio de 2010

Una red de grupos de presión ha gastado al menos 100 millones de dólares en los últimos 25 años para conservar a toda costa el mercado internacional de asbesto, un mineral carcinógeno que ha causado millones de muertes y cuyo uso está prohibido o restringido en más de 50 países.

Con respaldo público y privado y con científicos y funcionarios como aliados, esos grupos contribuyeron a promover la venta de 2 millones de toneladas de asbesto el año pasado, principalmente a naciones en desarrollo. Afincada en el Instituto del Crisotilo, en Montreal, la red se extiende desde Nueva Delhi y la Ciudad de México, hasta la ciudad rusa de Asbest. En aquéllos países el mensaje es que el asbesto puede ser utilizado en condiciones “controladas” de manera que no dañe la salud.

El uso del asbesto crece rápidamente en naciones como China e India, lo que lleva a los expertos en salud a advertir sobre futuras epidemias de cáncer de pulmón, asbestosis y mesotelioma, un tumor maligno agresivo que ataca el revestimiento pulmonar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que 125 millones de personas siguen expuestas al asbesto en sus lugares de trabajo, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que 100 mil trabajadores mueren cada año por enfermedades ligadas al asbesto.

“Es totalmente inmoral”, dice Jukka Takala, director de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo y exfuncionario de la OIT, sobre la campaña a favor del asbesto. “Es casi criminal. El asbesto no se puede utilizar con seguridad. Es un carcinógeno. Mata a la gente”. 

De hecho, un panel de 27 expertos convocado por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, de la OMS, informó el año pasado que “la evidencia epidemiológica ha demostrado cada vez más una asociación de todas las formas de asbesto (...) con un mayor riesgo de cáncer de pulmón y mesotelioma”.

La industria, sin embargo, ha señalado que luchará para proteger las ventas en bruto de fibras y productos maquilados, tales como cubiertas de fibrocemento, tuberías de agua y balatas para frenos de autos. Entre sus aliados se encuentran investigadores financiados por la industria que han contribuido con cientos de artículos a la literatura científica afirmando que el crisotilo –asbesto blanco, el único tipo que se vende hoy en día– es varios órdenes de magnitud menos peligroso que el café o el azul. Rusia es el mayor productor mundial de crisotilo. China, el mayor consumidor.

“Es un material muy valioso”, afirma J. Corbett McDonald, profesor emérito de epidemiología en la Universidad McGill, en Montreal, quien empezó estudiar a trabajadores expuestos al crisotilo a mediados de los sesenta con apoyo de la Asociación Minera de Asbestos de Quebec. “Es muy barato. Si tratan de reconstruir Haití sin usar asbesto les costará mucho más. Cualquier efecto del crisotilo sobre la salud sería trivial, si lo hubiera”.

El optimista punto de vista de McDonald da por hecho que las empresas brindarán los debidos controles del polvo, la ventilación y equipo de protección para los trabajadores. Expertos en salud pública dicen que tales medidas no son comunes en países en desarrollo. “Cualquiera que habla sobre el uso controlado del asbesto es un mentiroso o un tonto”, afirma Barry Castleman, consultor ambiental y asesor de la OMS.

 

Una “porra” canadiense

 

Fuerte y barato, el asbesto en un principio fue visto como un material con propiedades casi mágicas. Durante décadas, en los países industrializados fue usado en innumerables productos, incluyendo tuberías y aislamiento de techos, materiales de construcción de buques o zapatos y como base para techos y pisos.

A principios del siglo XX comenzaron a aparecer informes sobre los efectos dañinos del asbesto en los pulmones. A finales del siglo, millones estaban enfermos o habían muerto por exposición al asbesto y miles de millones de dólares en compensaciones habían sido pagados a demandantes en procesos legales. El 95% de todo el asbesto utilizado hasta la fecha es crisotilo, ahora prohibido o muy restringido en por lo menos 51 países.

Esto, sin embargo, no ha disuadido a los industriales y funcionarios públicos que apoyan el uso de ese material. Desde hace mucho tiempo Canadá es el líder en esta comunidad de porristas.

El gobierno federal y el de Quebec, de donde el crisotilo ha sido extraído durante décadas, han proporcionado 35 millones de dólares canadienses para el Instituto del Crisotilo, antes conocido como Instituto del Asbesto. Las empresas canadienses utilizan poco asbesto, pero la industria minera exportó 153 mil toneladas en 2009. Más de la mitad fue para India. El gobierno canadiense ha luchado para mantener el crisotilo excluido del anexo III del Convenio de Rotterdam, que obliga a los exportadores de sustancias peligrosas a advertir a los importadores sobre restricciones y prohibiciones.

A pesar de la creciente presión de funcionarios de salud pública para frenar las exportaciones de asbesto, miembros del gobierno canadiense siguen defendiendo esa industria. “Desde 1979 el gobierno de Canadá ha promovido el uso seguro y controlado del crisotilo, y nuestra posición sigue siendo la misma”, dice Christian Paradis, ministro de Medio Ambiente y expresidente de la Cámara de Comercio e Industria de Asbestos, en una declaración escrita para el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Amir Attaran, profesor asociado de derecho y medicina en la Universidad de Ottawa, califica la posición del gobierno como falta de escrúpulos. “Es absolutamente claro que Stephen Harper (el primer ministro) y su gobierno han aceptado la realidad de que el actual curso de acción mata a la gente, lo que ellos encuentran tolerable”, dijo Attaran.

El presidente del Instituto del Crisotilo, Clemente Godbout, insiste en que el mensaje de su organización ha sido mal interpretado. “Nunca hemos dicho que el crisotilo no es peligroso”, dice. “Dijimos que es un producto con riesgo potencial y tiene que ser controlado”.

Godbout subraya que el Instituto del Crisotilo es proveedor de información, no agencia policiaca. “No tenemos el poder de intervenir en países que tienen sus propias competencias, su propia soberanía”, dice. Agrega que está convencido de que las grandes fábricas de cementos de asbesto en ciudades de India mantienen buenos controles de polvo y vigilancia médica, aunque reconoce que puede haber operaciones más pequeñas “donde las reglas no son muy estrictas. Pero no es una imagen exacta de la industria”.

 

Organizaciones hermanas

 

El Instituto del Crisotilo ofrece lo que describe como “ayuda técnica y financiera” a una docena de organizaciones hermanas en todo el mundo. Éstas, a su vez, tratan de influir la política científica en sus propios países.

México, que importa la mayoría de su asbesto de Canadá, es un ejemplo: el principal promotor del crisotilo es Luis Cejudo Alva, quien ha dirigido el Instituto Mexicano de Fibro Industrias (IMFI) durante 40 años. Cejudo dice que está en contacto con el Instituto de Crisotilo y grupos relacionados en Rusia y Brasil, y realiza presentaciones en México y el extranjero sobre el uso prudente de ese material.

En India, donde el mercado de asbestos crece a una tasa de 25% anual, la Asociación de Fabricantes de Productos de Cemento de Asbestos mantiene una estrecha relación con políticos y ha recibido 50 millones de dólares de la industria desde 1985. Una de las herramientas de mercadotecnia del grupo son los publirreportajes. Uno publicado en el Times of India en diciembre de 2009 es típico: arguyó, entre otras cosas, que el flagelo del cáncer en el oeste de ese país había llegado durante un “periodo de ignorancia”, cuando el manejo descuidado del asbesto provocó exposiciones excesivas. Este tipo de exposición es parte del pasado, de acuerdo con el publirreportaje.

El argumento del cabildeo del asbesto viene de científicos que califican al crisotilo como relativamente benigno. La ciencia sobre ese material, financiada por la industria, comenzó a mediados de los sesenta en respuesta a estudios críticos sobre el asbesto, entonces una industria floreciente en Quebec. Una versión estenográfica de la reunión de noviembre de 1965 de la Asociación Minera de Quebec sugiere que el grupo tomó a las compañías tabacaleras como paradigma.

Los estudios financiados por la industria del asbesto son rebatidos por científicos que argumentan que el crisotilo es claramente capaz de producir mesoteliomas y cáncer de pulmón.

 

(*) Este texto se publicó en la edición 1759 de la revista Proceso, ya en circulación.

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