Miguel Ángel, a fondo

sábado, 22 de octubre de 2011
En respaldo al trabajo periodístico y analítico de Miguel Ángel Granados Chapa, había una formación ideológica, intelectual y ética que explica, sin duda alguna, la solidez del trabajo público que disfrutaron o sufrieron, según el caso, generaciones enteras de lectores. De la génesis y evolución profesional e ideológica del autor de Plaza Pública, de la inspiración que extrajo del pensamiento de la izquierda cristiana –la que llevó no sólo a su labor periodística, sino a las aulas del magisterio– da cuenta quien fue su amigo entrañable y colega de esperanzas y frustraciones desde los ilusionados años de su juventud compartida hasta los tristes momentos del final, Francisco José Paoli. El analista político Francisco José Paoli Bolio, quien durante 50 años fue amigo cercano de Miguel Ángel Granados Chapa, fallecido el domingo 16 de octubre, asegura: “Desde sus inicios como reportero, la labor periodística de Miguel Ángel siempre se inspiró en un cristianismo de izquierda que lo llevó a luchar por una serie de principios como la justicia, la fraternidad, el apoyo mutuo o la solidaridad con los más desprotegidos”. En la biblioteca de su casa y entristecido por la muerte de su entrañable compañero, Paoli Bolio agrega que la honestidad profesional y la austeridad de vida que caracterizaron a Granados Chapa fueron precisamente fruto de esta formación cristiana: “Todo eso le vino de su madre, quien era una cristiana muy profunda, muy intensa. Lo formó en esos valores. Por eso Miguel Ángel militó en la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y esto después lo empujó hacia una perspectiva política que lo llevó a participar en la Democracia Cristiana. Fueron esas las raíces de Miguel Ángel”. –Pero terminó por alejarse de la Iglesia… –No. Se distanció y se desilusionó de la institución eclesiástica, que es muy distinto. Incluso siempre fue muy crítico de la institución. Pero Miguel Ángel conservó su fe en Dios y su fidelidad a la doctrina cristiana hasta el final de sus días. (Extracto del reportaje que aparece esta semana en la edición 1825 de la revista Proceso, ya en circulación)

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