Rafael Catana: de Pasta de Conchos a los feminicidios de Ciudad Juárez

lunes, 21 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Cuando lo ve pasar, un vendedor de fruta cree reconocerlo y le pregunta afirmando: “¿Tú saliste en el documental de Rockdrigo verdad?”. Casi en automático, el comerciante saca una hoja de papel, un bolígrafo y le pide un autógrafo. Los fundadores del Movimiento Rupestre mexicano sufren una especie de maldición que cayó con la muerte de Rockdrigo González durante el terremoto de 1985. Los roqueros ubican con precisión al compositor de Metro Balderas, a quien se le han dedicado homenajes, películas, discos tributo y hasta una estatua; no ocurre así con el resto de los integrantes del colectivo, autores de una obra que no le pide nada al “Profeta del Nopal”. Tal vez por eso el vendedor de fruta no reconoce a Rafael Catana, uno de los creadores del Movimiento Rupestre y parte de la segunda generación del colectivo Infrarrealista, que popularizara el chileno Roberto Bolaño, autor de Los Detectives Salvajes. Aunque algunos no se consideran parte del Movimiento Rupestre, los roqueros mexicanos relacionan con este colectivo a una camada de cantautores mexicanos original, atrevida y, sobre todo, irreverentes. Jaime López, Armando Rosas, Carlos Arellano y Roberto González, son algunos de ellos. En su incipiente nacimiento, el rocanrol mexicano era una copia burda de los artistas estadunidenses; las letras de los éxitos estadunidenses se traducían al español. Algo similar pasó con el festival de Rock y Ruedas de Avándaro, muchos de sus exponentes emulaban a bandas extranjeras. Fue hasta el Movimiento Rupestre, a principios de los ochenta, cuando el rock mexicano tuvo una propuesta propia. Sólo que, los integrantes de este movimiento quedaron fuera de las disqueras, de los programas de televisión y de la agenda de las estaciones de radio. No obstante, son perseverantes, no han dejado de presentarse en los mismos lugares, con un público religiosamente fiel a su propuesta. “Muchos de pronto no existimos en muchos espacios, por más que tengas toda la vida trabajando; necesitamos más presencia, a lo mejor yo tengo que quitarme el sambenito del Movimiento Rupestre, pero el mercado tiene unas reglas en las que uno no entra. Es así, se acabó”, reflexiona Rafael Catana. El veracruzano recién terminó su cuarto disco, Caballo, producido por Grabaxiones Alicia, sello del mítico Multiforo Cultural Alicia, un espacio ubicado en la colonia Roma dedicado a difundir la música independiente. En Caballo, Rafael Catana aborda las heridas del México contemporáneo. Habla de Ángela, una de las víctimas de la mina de Pasta de Conchos; de un hombre que pierde a su mujer, víctima de los feminicidios en Ciudad Juárez; del movimiento ferrocarrilero en la ciudad de México; de Tijuana, de Oaxaca… “Esta serie de canciones son una crónica de los tiempos que corren”, describe. “Me molesta un poco esta generación que sigue amando a Silvio Rodríguez, no la censuro, todo lo contrario, pero creo que los mexicanos no tenemos autoestima. Mira vemos que esta clase media culta mexicana ama a un cocainómano como Joaquín Sabina y no es en el sentido de que Sabina sea o no cocainómano, pero es una especie de falta de autoestima a ver lo que tenemos dentro de nosotros. “Yo nomás conozco una canción que hable de lo que pasó en Pasta de Conchos que es de Santiago Chávez, nosotros estamos haciendo una crónica de los tiempos que corren. “David Haro y Jaime López son dos genios de la música que en su país no son reconocidos. Una vez tocamos con David Haro y lo vio Daniel Rivadeneira y preguntó ¿por qué este cuate no tiene un Rolls Royce? No es ni siquiera la cuestión económica, hay falta de autoestima, de memoria de nuestro pueblo. No creo ser víctima, son tiempos que me tocó vivir, hago mi trabajo y lo seguiré haciendo, este es un país muy grande y el sol sale para todos, siempre hay espacios, lo único malo es que tienes que trabajar hasta que estés bien viejito, pero no me importa eso mientras pueda componer”. — En la canción Juárez describes la pérdida de un amor por un feminicidio. — Eso es de pronto inenarrable, porque a nivel personal lo he sufrido. En México muchos tienen la actitud de que aunque desaparezcan hombres y mujeres, si no me pasa a mí no hay problema. — ¿Caballo es una crónica de almas solas en este México? — Sí, yo lo hago en el sentido de que estoy jugando, el arte es para jugar, juego y me pongo en ese papel. Hablando un poco del DF, si tu viajas en el metro que viene del Estado de México o a veces en el tren suburbano o ves los ambientes sórdidos que hay en el centro de México o en algunas partes de México tienen que ver con que somos ahora demasiados. El asesinato del hijo de Javier Sicilia no es una cosa que digamos ¡hay que buena onda que el poeta se puso las pilas!; le tocó, pero nos pudo haber tocado a cualquiera de nosotros. Ahí hay una soledad, una sordidez… Somos un pueblo dividido, si le robaron o no la pelea a Márquez pues sí hay que hacerla de tos, pero hay que hacerla de tos por la democracia en los medios masivos de comunicación, por luchar para que los compositores maravillosos no pasen desapercibidos. — ¿Sientes que eres invisible? — A nosotros se nos olvida de dónde venimos, hay un orgullo de ser mexicano muy chafa de festejar a la selección o al Chavo del Ocho, un bodrio, un persona que fomenta el bullying entre los niños, un mito, pero eso no es cierto, ¡es un imbécil! Nosotros no somos capaces de decir estas cosas no nos gustan. En este disco hay cosas que están pasando y me duelen y las cuento, ese es mi trabajo como cantautor. También hay canciones más festivas y alegres, pero es la crónica de los tiempos que corren, yo pongo un granito de arena y si pasa de largo dependerá de las orejas de ustedes. Los arreglos musicales de Caballo son autoría de Federico Schmucler. Es un disco con canciones folk y country, ambientadas en este México. El álbum está a la venta en el Multiforo Cultural Alicia, ubicado en el número 91-A de la Avenida Cuauhtémoc.