Regresa Real de Catorce a los escenarios

miércoles, 23 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F., (apro).- El poeta Óscar Molina toma por detrás la silla de ruedas de José Cruz y lo lleva hasta el frente del escenario de la sala Ollin Yolitzli. El público se levanta de sus asientos, choca las manos en un aplauso de gratitud y emite gritos de admiración, del respeto de un alumno a su maestro. “Eres la luz, José”. “Nos das vida”. “Te amamos”. “Eres un ejemplo”. José Cruz da lo que podría ser la más buena noticia para los amantes del blues en México: regresa Real de Catorce, la banda más representativa del género. El líder del grupo presenta a los nuevos integrantes, todos ellos jóvenes alumnos de su taller de composición. El nombre de Real de Catorce estuvo fuera de los carteles de las programaciones de conciertos los últimos seis años. Fernando Ábrego, exbaterista del grupo, y el resto de los integrantes demandaron a José Cruz, por “salarios caídos”, asumiendo que era su patrón. La batalla legal sigue, pero el compositor, guitarrista y cantante del grupo decide que es tiempo de usarlo de nuevo. La presentación del disco Una Razón para Vivir, el más reciente material de José Cruz, es dedicada al extinto periodista Miguel Ángel Granados Chapa. “Un luchador cabal de las causas sociales, ético, fundamental en nuestra historia”, describe el cantante. José Cruz, quien no puede dar muchos pasos por su propio pie, emite otro anuncio: organizará en marzo una peregrinación al pueblo Real de Catorce, en San Luis Potosí, para protestar por la explotación de mineras extranjeras en la cuna de los huicholes. Comienza el concierto con canciones de su nuevo disco. El público fiel de Real de Catorce, banda fundada a principios de los ochenta, no deja de exigir temas del viejo repertorio. José, con esa imponente presencia que domina el escenario, refuta: “¡Nos pasamos quince días para armar este programa, no me chinguen!”. Invita al flautista Horacio Franco a tocar un himno de la banda, Malo. El musculoso artista sopla el instrumento con velocidad, al ritmo del blues. La intervención del virtuoso en esta fusión sorprende a los asistentes. En la presentación del disco también participa Fernando Rivera Calderón, líder del grupo Monocordio. El también humorista político pone a José Cruz como ejemplo y maestro de muchos artistas mexicanos. Y exige a la historia colectiva no olvidar a los poetas urbanos del país, entre ellos a Jaime López y el líder de Real de Catorce, quienes no están en los libros de texto, como sí ocurre con Octavio Paz o José Emilio Pacheco. La esclerosis múltiple que sufre José Cruz no sólo le ha dejado marcas visibles, como respirar oxígeno entre canción y canción o usar pañales para evitar la incontinencia. Es claro que su memoria está afectada. Recuerda que este 22 de noviembre es Día del Músico y cita la canción de “Santa Cecilia de Miguel Ríos”, pero el público le corrige: “Es Santa Lucía”. La memoria también le falla al llamar a Alejandro Otaola, miembro original de Santa Sabina, a dedicar una canción a “Rita Galindo” en lugar de “Rita Guerrero”, la cantante de esa banda, fallecida por cáncer. Desde el escenario, José no oculta su felicidad por la presencia de varios compañeros músicos. Pide aplausos para Roberto González y Maru Enriquez. También para Jorge Velasco, exbajista de Real de Catorce. El público aclama que este último improvise un palomazo con José, aunque la petición no tiene eco. El repertorio de la noche incluye temas clave de Real de Catorce. El Boxeador, Me Miraba a los Ojos, El Lobo, Contraley, Soledad y Sol. E incluso la banda toca Azul, el himno del grupo, que rara vez interpreta. La sala Ollin Yolitzli corea los temas como si fuera una ceremonia religiosa de blues presidida por el sacerdote mayor, José Cruz. José Cruz es un músico independiente, no recibe dinero de las disqueras, ni tampoco patrocinios de la televisión. Su manutención y el cuidado de su salud corre a cargo de la Red de Apoyo a José Cruz, integrada por familiares, amigos y fans. Esa misma precariedad le impide dejar terminado el material discográfico, pues falta dinero y el disco es doble. Aun así, el músico ofrece a los asistentes un certificado de compra con valor de 200 pesos para apuntalar la producción, que estará lista en diciembre próximo. Con una enfermedad crónica, “una pequeña ayuda de sus amigos” (como dice Ringo Starr), y sin más dinero que el necesario para comer día a día, José Cruz llena la sala Ollin Yolitzli. Sus seguidores lo esperan, quieren tocarlo, acercarse a él, como pidiendo un toque mágico, “Una Razón para Vivir”.