George A. Romero: "prefiero a los zombis que a las personas"

viernes, 4 de noviembre de 2011
La visita a México del cineasta George A. Romero, creador del filme de culto “zombie” La noche de los muertos vivientes, provocó revuelo entre jóvenes seguidores de la cinematografía del género, quienes vistieron exquisitos disfraces de cadáveres resucitados para el encuentro inolvidable con su héroe del celuloide, cuyas pesadillas les despiertan una fascinación macabra en la vida real. MÉXICO, D.F. (Proceso).- En medio de la rueda de prensa, una joven no contiene la emoción, se quita los lentes y le pide a George A. Romero que los autografíe. El director se exalta y con las manos se niega; por problemas de salud, los brazos no dejan de temblarle. A pesar de su padecimiento, no desaira a su fan. Aprieta su dedo pulgar contra el cojín de un sello y plasma su huella en un DVD con su primera y más célebre película: La noche de los muertos vivientes. En el lobby del hotel Radisson Flamingos cientos más disfrazados de zombies esperan su turno para fotografiarse con el hombre que en 1968 detonó el culto a los cadáveres con vida: “el culto zombie”. A un soldado zombie le da un ataque de histeria. Su cámara fotográfica falla. Romero le da una palpada en el hombro para tranquilizarlo y pide al público que alguien salga al paso para ayudar al “militar”. Mientras, se pone a platicar con los demás zombies. Les pregunta, con un rostro que refleja curiosidad y asombro, con qué se maquillaron y cuánto tiempo tardaron en caracterizarse. El director de cine de 71 años lleva tres horas posando para la cámara. Refleja gozo y una infantil alegría. La parsimonia de este genio, a quien Quentin Tarantino idolatra, pareciera ajena a su reputación. Pocos cineastas han sido tan censurados como él. Su obra, carente de sexo explícito o ironías religiosas, sufrió la prohibición como si se tratara de la peor aberración visual. La noche de los muertos vivientes, en 1968, catalogada “cinta X” fue cortada y editada en 16 países, incluido México. Se convirtió en el creador inconsciente de todo un movimiento cultural. –Siempre se le ve sonriendo, ¿qué lo hace tan feliz? –Supongo que mis pesadillas se las dejo a ustedes. Romero confiesa a Proceso una clave para entender su fijación por los muertos vivientes: “Prefiero a los zombies, mis personajes humanos son los peores en mis películas; ellos no mienten, no tienen agendas ocultas, tú sabes lo que son, puedes respetarlos al menos por eso. Los humanos trabajan con recovecos, marchando al son que les toquen, nunca sabes lo que están pensando, los malos siempre son los humanos.” Los zombies son un pretexto para que Romero hable de las preguntas filosóficas que asaltan su vida. La resistencia de los muertos (2009) aborda los conflictos familiares; La tierra de los muertos (2005) cuestiona el poderío de George Bush; El amanecer de los muertos (1978) contiene una fina ironía sobre el consumismo, y El día de los muertos vivientes (1985) advierte sobre los abusos del militarismo. –En El día de los muertos vivientes exhibe a los soldados como insensibles, ignorantes y hasta abusivos, ¿eso es lo que observa de la militarización de la política? “El tipo con la pistola tiene el poder. Recuerdo ¡Viva Zapata!, en una escena Marlon Brando apunta con un rifle a Madero y le dice ‘dame tu reloj’ y el responde: ‘toma aquí está el reloj’. Y creo que eso representa al tipo de la pistola.” –Estados Unidos tiene la pistola y continúa con su política intervencionista… –Si Obama se hubiera salido de Libia lo tendría que haber hecho también en Afganistán y Guantánamo, pero una vez que estás a la ofensiva no puedes parar. Debe responder a muchos grupos de poder, hay mucha gente a la que él se debe. La invasión es parte de la guerra de Bush; Obama se vio atado, a la gente le gustaría terminar con esto, hay ya muchas mentiras. –Si escribiera una película sobre narcotráfico, con zombies, ¿cómo se imaginaría el guión? –Alguien me preguntaba si yo haría una película de zombies en México, pensé que probablemente tendría que ser en la frontera. No sé de qué trate la historia, pero tendría que ser una alegoría de la gente impidiendo que los zombies entren a su territorio.   Director de culto   Atracción diabólica (1988) fue producida por Orion así como La mitad oscura (1993). En ambas películas, la casa cinematográfica obligó a cambiar partes medulares de la obra, incluido el guión. En su obra prima, Romero integró un equipo de diez cineastas. Cada uno contribuyó con 600 dólares. Los expertos en el cine de terror tienen profundas diferencias sobre quién es el creador del movimiento zombie, aunque el consenso que priva es llamar a Romero “el padre” del género. George Andrew Romero nació en 1940. Su padre era cubano y su madre lituana. Desde su adolescencia, en Nueva York, e influido por la vena artística de su padre, filmó cortos relacionados directamente con su afición por el terror y el misterio. En una ocasión los vecinos lo denunciaron con la policía por quemar un maniquí. Su primera película profesional le retribuyó en ganancias económicas millonarias. Con ese dinero financió proyectos ajenos al género zombie, aunque algunos también vinculados con la ciencia ficción y el horror. Todos ellos fueron un fracaso y, casi en la ruina, regresó a filmar películas sobre zombies. Permanecer en la independencia no significó un impedimento para que Romero quedara recluido en el olvido. Al contrario, su trayectoria está acompañada de decenas de reconocimientos, tantos que sería injusto reducirlos en un breve resumen. Festivales enteros del género se han dedicado a su trayectoria. Se han filmado documentales sobre sus películas. Hay tesis, homenajes, tiras cómicas, videoclips, grupos de tributo. Baste decir que la edición 2010 de “La caminata de los muertos” en Monterrey fue dedicada a él para ejemplificar su influencia en México. Su curriculum e influencia podrían suponer que es un hombre avasallado por la fama y asediado por los fans, pero no es así: “Cada quien tiene su propio camino, yo vivo una vida muy privada, me gusta estar con mi esposa y mis hijos, eso es la felicidad para mí. Nunca he sido un tipo competitivo de Hollywood, tendría úlceras. “Sé como funciona Hollywood siempre tienes que revenderte, tener dinero, me resultó mejor alejarme de eso. Encontré gente en pequeñas compañías que tienen suficiente dinero para financiar una película, eso es mejor que un estudio. Sólo he hecho dos películas para Orion y fue la peor experiencia de mi carrera, me hicieron cambiar la historia, me hicieron cambiar el final, fue una pesadilla, me hicieron pruebas sin haberla terminado y fue terrible.” El sábado 22 George A. Romero fue anunciado como el plato principal del festival Hallowfest, en la ciudad de México. Los organizadores no contaron con que el nombre del cineasta amenazaría con cancelar el programa. Inicialmente Romero daría una conferencia a las tres de la tarde. Al hotel Radisson Flamingos no dejaron de llegar admiradores disfrazados de muertos vivientes. Las caracterizaciones derramaban creatividad. Había enfermeras zombies, cantantes, policías, bomberos, heridas sangrantes, huesos a la intemperie… Primero ocuparon todas las sillas del amplio salón donde se celebraría la conferencia; luego los pasillos, después la parte trasera, hasta llenar cualquier espacio disponible. No fue suficiente. Muchísimos más atascaron la puerta y otros quedaron en la calle. A pesar de que en cada convención le hacen preguntas sobre zombies, le cuestionan por qué tal personaje dijo esto o lo otro en tal película y le piden fotos y autógrafos, él no hace más que divertirse. –Huyó de la fama de Hollywood, pero a donde va desata euforia y parece disfrutarlo, ¿por qué? –Es absolutamente maravilloso para mí conocer gente, no lo hago todo el tiempo… Romero no puede subir escaleras, ni filmar autógrafos. Casi no escucha de un oído y sufre problemas de equilibrio. Se limita a explicar que son problemas de salud, sin querer profundizar en ello; pero admite que “lo peor de ser viejo no ha sido quedarse sin amigos” como declaró Woody Allen: “Lo peor para mí es estar en estas condiciones y ser el tipo que filmó La noche de los muertos vivientes.” Cuando termina la frase, George A. Romero suelta una carcajada.

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