Béla Tarr y El caballo de Turín

miércoles, 21 de diciembre de 2011
Durante su estancia en México, dos cineastas que han marcado a las nuevas generaciones, el húngaro Béla Tarr y el francés Bruno Dumont conversaron con Proceso sobre sus más recientes filmes, actualmente en cartelera, producidos ambos por :ND Mantarraya: El caballo de Turín y Fuera de Satán, respectivamente. Mientras el primero ratificó su decisión de no filmar más, el segundo llevará a la pantalla la vida de la escultora Camille Claudel. Aqui presentamos la entrevista con Tarr. MORELIA, Mich. (Proceso).- El estadunidense Gus Van Sant y el mexicano Carlos Reygadas a menudo lo citan como una de sus mayores influencias, y el importante crítico y profesor francés Jacques Rancière escribió este año un libro sobre este cineasta húngaro. Es Béla Tarr (ganador del premio al mejor director en el Festival Internacional de Cine en Cannes de 2005), quien en entrevista niega rotundamente que a él lo haya inspirado algún realizador. No, dice, todos los cineastas son distintos: “Tenemos diferente cultura, historia personal, diferentes condiciones, diferente presupuesto, en fin, y creo que el verdadero cineasta cuenta con su propio lenguaje y sólo es su lenguaje. Es muy difícil seguir a alguien. Uno tiene que seguir su propio paso. Es muy estúpido perseguir a alguien. Por supuesto he visto muchos cineastas a los que admiro, pero uno debe tener claro que es su propia visión.” Daniela Michel, directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, tardó cinco años en traer a México al realizador, guionista y actor, quien desde 1977 incluyó en su ópera prima Nido familiar a no actores, entonces una innovación. La conocida promotora cinematográfica lo convenció de presentar personalmente en México su nuevo largometraje El caballo de Turín, que escribió con László Krasznahorkai y dirigió con Ágnes Hranitzky. Ahora la cinta en blanco y negro, de 146 minutos, recorre el país con la 53 Muestra Internacional de Cine que organiza la Cineteca Nacional. Tarr, nacido el 21 de julio de 1955 en Pécs, Hungría, hace énfasis en que ante una cámara trata de expresar todo lo que siente: “Como nuestra rabia, nuestra tristeza, la impotencia, etcétera, eso hacemos los cineastas, claro, todo desde nuestro punto de vista.” El caballo de Turín, distribuida por :ND Mantarraya, surge de la anécdota de que en Turín, Italia, el 3 de enero de 1889, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche sale de la puerta del número 6 de la vía Carlo Alberto, y no muy lejos el conductor de un carruaje batalla con su caballo. Cuando el animal se rehúsa a avanzar, su amo comienza a azotarlo. Nietzsche se acerca, lanza sus brazos sobre el caballo y empieza a sollozar. Su casero lo lleva a casa, donde permanece inmóvil y en silencio durante dos días. Allí empezó su demencia. En la introducción del largometraje, Tarr menciona que no se sabe qué le pasó al animal y empieza una descripción meticulosa de la vida del conductor, su hija y el caballo. En el filme refleja su deleite por la famosa obra Los comedores de patatas, del pintor neerlandés Vincent van Gogh: “Amo esta pintura. Realmente no la sigo exactamente, sólo la atmósfera que no se puede olvidar.” –Pero, ¿cómo y por qué nace la idea de El caballo de Turín? –En 1995, cuando estábamos en un teatro escuchando una conferencia de un escritor que terminó con esta cita de lo que le sucedió a Nietzsche, y nos dejó a todos en suspenso, fue algo muy importante. “Esta pregunta de qué pasó con el caballo, nos conmovió mucho, entonces desde 1995 sabíamos que teníamos que contestarla. Del 1997 al 2000 tratábamos de encontrar la respuesta, pero cuando tuvimos un descanso de la filmación de A Londoni férti (El hombre de Londres, 2007), regresó esta interrogante y sabíamos que teníamos una película, y finalmente esta es nuestra respuesta”. Enojo La mayoría de sus primeros filmes fueron documentales sobre la vida de trabajadores y gente pobre de la Hungría urbana. Esos proyectos llamaron la atención a los Béla Balázs Studios y lo lanzaron con Nido familiar cuando contaba con 22 años. El mismo Tarr confiesa que en ese tiempo estaba lleno de enojo y quería cambiar a la gente. Se le pregunta: ¿qué pasa ahora con Béla Tarr? “Cuando tienes 22 años estás lleno de energía y de enojo. Quieres cambiar el mundo entero y estás cien por ciento seguro de que la sociedad que fue creada por las personas es un pedazo de mierda. Ese fue el inicio. “Claro, no he perdido esa sensibilidad social, la sigo conservando y sigo siendo muy crítico, pero la forma en la que veo los problemas es mucho más profunda, no es digamos blanco o negro.” –En estos 34 años como realizador, ¿cree que con el cine se pueda cambiar algún problema social, político o económico? –No, definitivamente no, eso fue lo que tuve que aprender. –Al darse cuenta de ello, ¿no se desilusionó? –No, sólo que ahora debo ir más a fondo, cada vez más. Se debe entender más al mundo, a la gente, hay que aprender de todos porque todos somos diferentes. Todo mundo tiene su propia personalidad, todo mundo tiene una cara y todo mundo es alguien, tiene un nombre. Por eso, ningún movimiento político triunfa porque los políticos siempre nos ven, a la gente, en masa, y no somos masa. Sí somos muchos, pero no somos masa. Pero ya no desea concebir más cine, como ha anunciado. ¿Por qué? “Ya lo dije todo, no tengo más que agregar...”.