Alegorías del narcotráfico

domingo, 20 de febrero de 2011

MÉXICO, D.F. 20 de febrero (apro).- Una nave industrial donde los empleados no cruzan palabras entre ellos. Un sujeto con sombrero y botas que los vigila desde la parte superior de la nave. Paquetes envueltos en cinta canela que se van acumulando en los extremos de las mesas. Una veintena de empleados diestros para empacar y embalar la cocaína…

La harina y el epazote son los ingredientes principales de la instalación del artista  Roberto de la Torre en el extemplo de Santa Teresa la Antigua, a espaldas de Palacio Nacional. Harina que representa la cocaína y epazote que simula la mariguana. “La técnica y los materiales que se utilizan en el empacado de estos alimentos son similares a los que se manejan en los laboratorios clandestinos para envolver dichos estupefacientes”, indica la cédula.   

La iluminación de la nave es casi clínica. Un par de lámparas se distribuyen encima de las doce mesas donde más de seis horas al día se empaca la droga. Los Tucanes de Tijuana cimbran las paredes cuarteadas del extemplo: Quince mil kilos de polvo / le subieron a la nave / volaron a su destino / sin que lo impidiera nadie… 

Alejado de visiones laudatorias al gobierno federal, De la Torre confronta el fenómeno del narcotráfico con ingredientes de la canasta básica como la harina y el epazote. En el espectador tiene un doble significado: la parodia negra de la tragedia y una fuerte crítica al sistema de corrupción en el país.

Dante tiene un semblante hosco, uno de esos que asocias al arquetipo de mafioso. Desaliñado y con sus manos llenas de cayos pesa la harina en una báscula electrónica. En seis horas elabora de 15 a 20 paquetes de 250 gr. Ni más ni menos. Le da forma a los cubos con una pala de plástico para después rodearlos con cinta adhesiva.

“(A Harina y epazote) le falta explicación, si lo que pretende es demostrar que (el narcotráfico) genera empleos faltan estadísticas. También faltan los guardias con sus cuernos de chivo vigilando que nadie se robe nada”, critica Dante Díaz, estudiante de psicología y voluntario en la instalación. 

A su espalda, Carlos Estrada, muele las hojas secas con las yemas de los dedos. Con una ráfaga de insolencia, un muchacho con una pulsera de San Judas Tadeo, le enseña como cernir la hierba deshidratada. Agita el colador con la experticia de un narcomenudista. Lo hace tan bien que la hierba queda lista para meterla en las velas (los cucuruchos donde venden la mariguana).

"Los chavitos lo ven chido dicen: Soy el narco y a esto me quiero dedicar. La muestra fomenta un poco esa idea, porque no hay cédulas informativas”, cuenta Carlos, otro de los voluntarios.

Un par de amas de casa se quedan perplejas ante el amontonamiento de epazote en una de las capillas. Sus hijas miran impávidas a la estatua sin rostro de algún santo olvidado. Las niñas corren por un pasillo estrecho que conduce a otra sala donde hay más manojos de epazote deshidratándose. Suben unas escaleras que conducen al sembradío hidropónico donde hay más de 400 plantas de epazote germinando…

Una apología del narcotráfico

No. Aquí no hay personas torturadas o degolladas. No hay referencias explícitas a la guerra contra el crimen organizado. No hay deshumanización como lo vemos en los conteos mensuales de homicidios relacionados con el narcotráfico. Más bien, la instalación adquiere una forma de metáfora, de desciframiento histórico-político, en un contexto donde el Ejecutivo montó una cruzada en contra del crimen organizado.

“Es una abstracción de lo que pasa en el país, es una alegoría. La misma problemática que tiene el museo en cuestiones económicas y de logística, es una especie de microcosmos que retrata la sociedad mexicana”, relata De la Torre. 

Harina y epazote se ampara en las declaraciones del exsubsecretario de Fomento a los Agronegocios de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Jeffrey Max Jones Jones, el miércoles 28 de octubre de 2009, cuando elogió la lógica de mercado del narcotráfico.

“Hay muchas cosas que puede aprender el campo del narcotráfico. Han logrado identificar a un mercado y crear la logística para surtirlo con el gobierno en contra, y lo han hecho sin subsidios”, dijo durante el foro La política agroalimentaria en un escenario de crisis económica global. Días después el subsecretario presentó su renuncia. Roberto De la Torre se inspiró.

Otro de los detonantes que llevaron al artista a realizar la pieza fueron las imágenes de la violencia que a diario publica la prensa nacional. De hecho, los rojos marcadores de los diarios sirven para envolver, involuntariamente, los paquetes de epazote, que simulan mariguana: 1 de noviembre de 2010. Se enfrentan militares con sicarios. Ejecutan a mando policiaco. 18 de noviembre de 2010. Cae jefe de sicarios de Gente Nueva. Tiroteo y persecución de Jalisco a Zacatecas.

De la Torre mezcla la intervención arquitectónica y el performance formando un conjunto sarcástico, deprimente y elocuente, que toca los fundamentos de la confusión: Sí, estamos en una cruzada contra las drogas, pero también se beneficia el sistema económico.

“Por supuesto que es una apología al narcotráfico”, confiesa. “Y de pronto se estigmatiza demasiado, cuando hay empresas legales de tabaco, de refrescos, de cultivos transgénicos que causan un daño terrible a la sociedad”.   

Apoyado en manuales difundidos en Internet para construir laboratorios hidropónicos, De la Torre construyó un sistema de cultivo hidropónico que define como “autosustentable y ecológico”. Fue instalado con ayuda de una estudiante de agronomía de la UNAM.

Patrocinado por el Consejo Nacional para la cultura y las Artes (Conaculta) y en el marco del Bicentenario, Roberto de la Torre, ocupó más de cuatro toneladas de harina y reutilizó el inmobiliario del extemplo para realizar su instalación. Los paquetes de harina y epazote serán donados a diferentes instituciones y organizaciones no gubernamentales.

“Dentro de todos estos festejos del Bicentenario faltó una alegoría y puede ser muy bien esta pieza; sin embargo, ha habido poca difusión, no se le ha dado una gran apertura”, cuenta.

—¿Quién se beneficia con el sistema de producción del crimen organizado?

—Todos directamente o indirectamente se benefician de una empresa productiva que genera grandes cantidades de dinero. Desde la misma gente que mueve el negocio, hasta los que califican como negativo el negocio. Indirectamente crea ratings en las noticias. Asimismo contribuye económicamente a los partidos políticos.

En la nave principal los empleados tararean los corridos mientras hurgan en la blancura de harina: Los gringos me la han peinado cada vez que me torean / cuando me mi miran mi escuadra les juro que hasta se mean… Al fondo, se apila una imagen de la desolación y la ruina: paquetes de cocaína y mariguana listos para ser transportados y distribuidos.   

Es apenas un destello. Como si los paquetes que se apilan en un extremo de la nave empujaran a la reflexión.

De la Torre mezcla conscientemente el inmobiliario de un espacio público, como el exTeresa, con la ubicación geográfica del museo: negocios que venden indumentaria militar; narcotienditas (la delegación Gustavo A. Madero registra el mayor número de denuncias por narcotienditas, según la SSPDF); puestos ambulantes que venden armas de juguete, Palacio Nacional.

Enfrente del museo se escucha un disco que se anuncia como Corridos sin pelos en la lengua: Soy más cabrón que bonito / y así me voy a morir / chiva cristal o perico los llevo hasta pa’ dormir / soy muy cabrón para el perico / trafico y vendo de todo / y también lavo dinero…

Harina y epazote se presenta hasta finales de febrero en el Ex Teresa Arte Actual en Licenciado Verdad 8, Centro Histórico.

 

 

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