Historias de horror y de amor

jueves, 14 de abril de 2011

Dos especialistas en el tratamiento médico y psiquiátrico del maltrato infantil advierten que en el centro del país, incluido Jalisco, está creciendo el número de víctimas, y señalan que esto ha contribuido a recrudecer la ola de violencia que nos ahoga. Para colmo, dicen, cuando las familias lo detectan pretenden ocultarlo, y las autoridades médicas y civiles no pueden investigar esos delitos sin una denuncia formal.

GUADALAJARA, Jal., 14 de abril (Proceso Jalisco).- Rabia, incredulidad y asombro provocan las huellas de maltrato y abuso sexual a menores por sus progenitores o sus parejas, en las diapositivas de una presentación en power point elaborada por el doctor Javier Álvaro Barriga Marín, jefe del Departamento de Urgencia Pediátrica del Hospital Civil Juan I. Menchaca y coordinador del grupo multidisciplinario de Atención a Niños Víctimas de Maltrato.

Es necesario ver estas imágenes para comprender el alcance del problema, pero es doloroso contemplar a un niño con graves quemaduras en brazos y piernas porque lo metieron en una tina con agua hirviendo como castigo por no callarse, o una muchachita moribunda y desnuda después de que su padre la violara y la hiriera de muerte.

–¿Cuál es el caso que más lo ha impactado? –se le pregunta al médico.

–Varios. Esto está tan feo que decimos que este mundo es de basura. Parece que todo mundo ha sido maltratado, menos nosotros. Nuestro dicho es que por más feo que un caso sea hoy, siempre habrá algo que lo supere. Por ejemplo, me impresionó una niña de tres años. Llegó con equimosis en todo su cuerpo: fue abusada sexualmente por su padre, quien después de atacarla salvajemente le dio un tubazo en la cabeza para matarla; no se murió y la derivaron al hospital. Aquí duró como ocho horas viva.

Barriga Marín cuenta que en un estudio difundido en 2009 en un congreso de los Hospitales Civiles se reportó que 80% de los niños tapatíos son víctimas en alguna forma de maltrato cotidiano. Comenta que los menores han sufrido todas las formas imaginables de vejación. 

Entrevistado aparte, el doctor José Ignacio Rendón Manjarrez, jefe de psiquiatría infantil del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), concuerda con Barriga Marín en que todos los niños y adolescentes que recibe su área presentan maltrato físico, sexual o emocional, y un alto grado de abandono. 

También él ha observado que el grado de maltrato a estos pacientes denota un fenómeno generacional de odio exacerbado hacia la infancia: “Aunque en la actualidad existe una mayor sensibilidad ante el problema, existe poca tolerancia hacia el menor, y entre menos se entienda el proceso infantil, la posibilidad del maltrato es cada vez mayor” para el sector más vulnerable del país. 

Según estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidios contra menores de 14 años. 

En el reporte La violencia contra niños, niñas y adolescentes en México de 2006 a 2008, que elaboró la Red por los Derechos de la Infancia, la región centro del país, que incluye a Jalisco, el Distrito Federal y Michoacán, concentra el mayor índice de homicidios: 77.7% de los 2 mil 305 cometidos en el país.

 

Mal histórico 

 

“Históricamente, el ser humano se ha caracterizado por ocasionar maltrato a sus niños. Muchas culturas ofrendaban el primer hijo a su dios. Con los griegos y los romanos, el niño que nacía deforme era arrojado al acantilado. En la Edad Media uno de cada tres niños amanecía muerto en el campo o flotando en un río o laguna, porque era necesario que comieran, y muchas veces se carecía de alimentos, entonces había que deshacerse de ellos. La historia está plagada de maltrato infantil”, comenta Barriga Marín. 

Agrega que hoy existe menos maltrato que antes, pero se conocen más los casos a través de los medios de comunicación. 

Entre 50% y 60% de los pacientes que ingresan en el área de Urgencia Pediátrica del Hospital Civil se deben a la negligencia de los adultos que deberían cuidar a los menores; le siguen por importancia el abuso sexual “en todas sus variaciones” (de 20 a 25%) y el castigo físico (de 17% a 20%). 

A decir del doctor, esta última forma de agresión se presenta “sola o combinada con otras formas de maltrato, pues no hay maltratos puros, pero el que domina es que el que tomamos como principal. Por ejemplo, si tenemos un abuso sexual con penetración, estamos hablando de un abuso físico, de un abuso psicológico y de negligencia”.

La forma de maltrato que causa más muertes es el síndrome del niño zarandeado; 40% de sus víctimas muere y algunos sobrevivientes tienen secuelas terribles, como parálisis cerebral, convulsiones, problemas de aprendizaje, ceguera o sordera, explica el entrevistado.

A su vez, la más difícil de diagnosticar es el síndrome de Münchausen, el cual consiste en que la madre inconscientemente busca el reconocimiento de los médicos y, para lograrlo, inflige daños al cuerpo de su hijo: “Les inyectan acetona debajo de los músculos, o excremento… Les dan insulina o algún medicamento que los deprima, así la mayor parte del tiempo se la pasan en el hospital, ‘ayudando’ a su niño enfermo y a otros. Una vez que se da de alta al menor, la mamá hace lo posible para regresar otra vez. Cuando lo sospechas, pasan unos ochos meses para fortalecer el diagnóstico y en ese periodo muchos mueren”.

De igual modo, se considera maltrato infantil la condición de calle, la obligación de trabajar, y por supuesto la prostitución y la pornografía. Una modalidad es el reclutamiento de los menores para vender drogas o hasta convertirlos en sicarios.

Añade que una forma de abuso muy frecuente es el maltrato fetal, que para la ley no existe: “En este caso, las mujeres embarazadas no cuidan el producto durante la gestación; no cuidan su alimentación, no van a control prenatal. Si consumen alcohol, drogas o tabaco es maltrato fetal, y también si ella es maltratada por su pareja o por otra persona”.

Violencia generacional

 

El doctor Barriga Marín explica que el Grupo Multidisciplinario en Atención a Niños Víctimas de Maltrato –el único del occidente del país y el cual coordina desde hace una década– comenzó a registrar formalmente los casos a partir de 2007, cuando se presentaron 182 de ellos; en 2008 fueron 296 y al año siguiente 359. “Si hablamos de atenciones ofrecidas por seguimiento, en 2009 tuvimos 837 y en 2010, mil 250, o sea cada vez se incrementan más nuestros números”. 

–¿Quiénes padecen más maltrato, los niños o las niñas? 

–Es 46% contra 54% dominando un poco en las niñas, pero al final de cuentas es básicamente igual. Si hablamos de abuso sexual, 70% de las víctimas son del sexo femenino. Igualmente, quien maltrata más es la mamá, y quien abusa más sexualmente y por zarandeo es el padre. La edad de mayor afectación son los menores de cinco años; 75% de los niños maltratados son menores de seis años.

Entre 2007 y 2009, 837 pacientes nuevos fueron canalizados a urgencias, de los cuales 439 eran niñas. Los diagnósticos: 292 padecieron negligencia; 202, maltrato fetal; 157, abuso sexual; 73, maltrato combinado, y 39 maltrato físico. El resto fueron casos de maltrato psicológico y los síndromes del niño zarandeado y de Münchausen.

De los que sufrieron abuso sexual, 65% era del sexo femenino, y el grupo más afectado es el de dos a seis años (61 casos); después, el de 10 a 18 años (49); de seis a 10 años (40) y de 28 días a dos años (siete). 

Al preguntarle en qué estrato social se abusa más de los niños, responde que “en cualquiera”: “Se da igual entre ricos y pobres, en cualquier religión y estado educativo. Si vemos las estadísticas tenemos que los que más cometen maltrato tienen primaria y secundaria, pero hay un buen número que tiene preparatoria y también hay quienes tienen licenciatura. Pero eso sólo refleja el estado educativo de nuestra población, no del maltratador”. 

El jefe de psiquiatría infantil del IMSS, Rendón Manjarrez, señala que detrás de un niño abusado hay un padre o madre que pasó por lo mismo: “En todos los casos que hemos visto, un maltratador también fue maltratado, y niño que fue tocado, si no es tratado, repetirá el proceso aprendido cuando sea adulto”.

Barriga matiza: “Sí es un factor de riesgo para maltratar en el futuro el haber sido maltratado, pero no necesariamente. Hay quienes fueron maltratados y nada más de acordarse no lo son en el presente”.En lo que sí concuerdan es que, en los casos de maltrato y abuso sexual, los progenitores son los principales responsables de brindar las condiciones para la agresión. Una de las consecuencias es que se evitan las denuncias, por ello se estima que por cada caso registrado oficialmente hay otros 200 que no lo son. 

El doctor Rendón explica que el abuso sexual está gestado por parientes cercanos como padrastro, tíos, primos y abuelos: “Es muy frecuente que el abuelo abuse sexualmente de sus descendientes. En muchos casos el abuso es generacional: el individuo abusa de la esposa, de las hijas y de las nietas. Toda la generación identifica al abusador, y los más pequeños, al darse cuenta del proceso, viven con la angustia de pensar: ¿cuándo me tocará a mí?”

Pero el doctor advierte que el abuso sexual está muy lejos de ser un problema familiar: “De ser un acto individual, llegó a ser una patología de tipo social. Es como una bola de nieve; el núcleo es el abuso y de ahí no para. En primera instancia surgen en el individuo trastornos depresivos, de ansiedad, de personalidad; se vuelven obsesivos y con brotes psicóticos, caen en el alcoholismo, la drogadicción y la delincuencia”, dice Rendón. Por consiguiente, uno de los factores del crimen organizado es la violencia generacional de jóvenes que seguramente fueron expuestos a cualquier tipo de maltrato: “Si tenemos 30 mil muertes a lo largo del país, cuántos niños están solos, viviendo un proceso de duelo, maltrato y abandono. Son más de 60 mil niños que vivirán acostumbrados a la violencia, todo ello con los costos sociales que tendremos que pagar por no trabajar con la infancia desde ahora.”

Persecución de oficio

 

Para detener el abuso y el maltrato, dice Barriga, se necesita la “prevención secundaria: detectar el maltrato y consolidar el diagnóstico. Invitamos a los familiares para darle seguimiento a su caso a mediano plazo. Creemos que el maltratador agrede por un motivo; hay factores que favorecen el maltrato; por ejemplo, el no tener dinero para comer. 

“La mayoría de quienes maltratan, sobre todo las mamás, está arrepentida y quiere a los niños. Si no los quieren, no hay remedio, pero si es así, trabajan de manera multidisciplinaria con nosotros para revertir los factores de riesgo. Si no tienes dinero, trabaja; de igual modo, si los maltratadores tienen problemas con drogas, les ofrecemos un catálogo de centros de rehabilitación; si tienen problemas psicológicos, los canalizamos a tratamiento. Aquí amamos al maltratador y éste nos ama”.

Los especialistas consideran que las leyes vigentes en el estado son más que suficientes para evitar el maltrato infantil, pero proponen que éste se persiga de oficio, independientemente de la lesión. En la actualidad, según la Norma Oficial Mexicana 190-SSA1-1999, los médicos y el personal de los hospitales están obligados denunciar ante el Ministerio Público la llegada de pacientes maltratados o abusados sexualmente, pero en la realidad el personal médico no quiere arriesgarse.Asimismo, el director de protección a la familia del Sistema de DIF Jalisco, Juan Manuel Checa Contreras, dice que la institución actúa desde la asistencia social, sujeta siempre a la voluntad de las familias, ya que carece de facultad coercitiva para intervenir en la consumación de delito a un menor. 

Agrega que cuando el DIF se percata de que el maltrato pone en riesgo la vida de un menor, debe notifica al área trabajo social del Ministerio Público para que recaude la información sobre el delito y da parte a las autoridades competentes: “El DIF no puede investigar estos casos sin el consentimiento del padre o tutor, lo cual no sucede, por lo que nuestra labor se ve limitada a trabajar sólo con aquellos que de verdad lo desean”.

De acuerdo con las cifras del DIF Jalisco, el maltrato infantil está en ascenso. En 2010 la institución recibió 3 mil 620 denuncias por maltrato físico y abuso sexual, a partir de las cuales se abrieron 129 expedientes y se canalizaron 211casos a los municipios correspondientes, sobre todo el de Guadalajara. Sin embargo, 69 se canalizaron a la procuraduría estatal por el alto riesgo que corría el menor.  l