El misterioso caso de un río de gasolina sin salida

Funcionarios de dos subsidiarias de Pemex están entrampados con un cargamento de gasolina que a toda costa quieren llevar de la refinería de Cadereyta a la de Ciudad Madero, pese a que la infraestructura existente no lo permite. Y en su afán por trasladar 900 mil barriles del combustible para entregarlo ahí a un cliente estadunidense, se han propuesto incluso medidas insólitas, como invertir el flujo de los ductos o embarcar la voluminosa carga en tanques de ferrocarril.   Un lote de 900 mil barriles de gasolina presuntamente contaminada –atorado desde 2009 en la refinería de Cadereyta, Nuevo León– tiene en un brete a funcionarios de Pemex Refinación (Pref) y de Pemex Comercio Internacional (conocida por las siglas PMI), a quienes aparentemente les urge llevarlo a Ciudad Madero, aun cuando no hay infraestructura para hacerlo, a menos que se realice una cuantiosa inversión no recuperable. La operación concierne a la Subdirección de Producción de Pemex Refinación, a cargo de Bernardo de la Garza Hesles, actualmente investigado por la Auditoría Superior de la Federación y por la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados por otorgar un contrato de 42 millones de dólares a la empresa estadunidense KBC Advanced Technologies sin licitación de por medio (Proceso 1802). Cuando Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, da cifras alarmantes sobre el subsidio a la gasolina –ese que la OCDE recomienda retirar–, el dispendio de recursos en el paro de operaciones y la importación de combustibles es inexplicable. Ahora el problema tiene que ver con la venta del hidrocarburo a una empresa extranjera cuyo nombre no se ha hecho público. De acuerdo con las minutas de cuatro reuniones –celebradas los días 6, 13 y 27 de abril y el miércoles 18 de mayo en el piso 13 de la Torre de Pemex–, se trata de 900 mil barriles (cantidad superior a la que se usa en todo el país en sólo un día: 790 mil barriles) de una mezcla de crudo con un tipo de combustible llamado gasolina de coquer. Las minutas –anexadas al documento 300-40800-PSIA-004 de la Subdirección de Producción– hacen evidente la intención de funcionarios de Pemex Refinación y de PMI de mover el producto a la refinería de Ciudad Madero, Tamaulipas, para llevarlo vía marítima a Estados Unidos en volúmenes de 50 mil a 100 mil barriles mensuales, para satisfacer la demanda de un cliente desconocido que requiere la entrega a partir del próximo mes. La presión del cliente –cuyo nombre desconocen hasta los funcionarios de la subsidiaria consultados por Proceso y que pidieron el anonimato– se suma a la obstinación de Gerardo Páramo Hernández, gerente de Control de Producción de Pref y subordinado de Bernardo de la Garza, y del gerente de Proyectos de PMI, Carlos Islas Flores, por colocar el producto en Ciudad Madero, pese a que no hay infraestructura para recibir ni almacenar la gasolina, cuya supuesta contaminación no se ha explicado. Presuntamente la venta se hará a 20 centavos de dólar por litro (80 centavos por galón). Importar el mismo tipo de combustible a México le cuesta 3.74 dólares por galón. Hasta la reunión del miércoles 18, los 900 mil barriles de gasolina ni siquiera estaban dados de alta en el Sistema Integral de Información Comercial, requisito obligatorio para venderla, y no hay estudios de seguridad específicos para cada etapa del traslado. Tampoco se tiene la autorización del Sistema de Seguridad, Salud y Protección Ambiental (Sasipa) de Pemex. Con el plan más factible de traslado, en autostanque (pipas), el flete costará 48 millones 759 mil 894 pesos, aún sin resolver los gastos de infraestructura, cumplimiento de normatividad ambiental y de seguridad. Sólo el traslado del producto a Ciudad Madero representará casi la sexta parte de la venta, que sería de unos 333 millones 136 mil pesos. Falta calcular la inversión en infraestructura no reutilizable que se necesita, los equipos de seguridad y el desalojo del tanque vertical que se quiere utilizar como destino y que actualmente contiene un producto que deberá recolocarse. En las minutas no se asentó ninguna instrucción para deslindar responsabilidades por la contaminación del combustible, las condiciones de almacenamiento y los costos que implicará su traslado. En las reuniones ni siquiera ha participado algún funcionario del Órgano Interno de Control de la paraestatal.   A Madero, como sea   Según las firmas de las minutas, en las reuniones participaron, por Pemex Refinación: Gerardo Páramo Hernández, gerente de Control de Producción; Darío Reyes Muñoz, coordinador de Áreas de Operación; Norberto Manuel Guevara Ortiz, coordinador de Operación, Distribución y Comercialización; Arturo Fernández Gallaga, subgerente de Operación, y Salvador Villarreal Moro, subgerente de Control de la Demanda. También Salvador Tijerina Aguilar, subgerente de Transporte por Ducto; Álvaro Romero Vergara, gerente de Tuberías; Ramón Morales de los Santos, jefe de Unidad de Seguridad Industrial y Protección Ambiental de Almacenamiento; David González, subgerente de Movimiento de Productos; Héctor Barajas, subgerente de Operación de Transporte Terrestre; Lorenzo Ocampo Santillán, jefe de Coordinación con Autoridades y Nuevos Productos, y Francisco Javier Santillán, cuyo cargo no se especificó. Por parte de PMI estuvieron el subdirector de Análisis de Crudo, Alfonso Mendoza Arcaraz, y el gerente de Proyectos, Carlos Islas Flores. Además los funcionarios de la refinería de Cadereyta, Marco Antonio Robles, José Luis Alejandre, Toribio Salas Castillo, Juan Fernando Varela y Juan Manuel Martínez Gómez. Los especialistas Gerardo Chiñas Chávez y Víctor Castro Puente, y de la refinería de Madero, Miguel Robledo Flores. Para conseguir su propósito, los funcionarios de Pref y PMI hicieron propuestas, algunas de ellas a todas luces inviables: sugirieron, por ejemplo, invertir el flujo del ducto Madero-Reynosa, que mide 500 kilómetros (y para lo cual los 900 mil barriles en cuestión primero tendrían que ser llevados a la ciudad fronteriza); también propusieron enviar el combustible por ferrocarril y, en última instancia, en pipas. El 6 de abril, el primer acuerdo tomado fue el de desalojar los tanques verticales 5001 y 5003 de Cadereyta, para llevar su contenido a la refinería de Madero. El área de Distribución aclaró que no era factible invertir el flujo del ducto (Madero-Reynosa) en ese momento, pero analizaría el pedimento. El 13 de abril se confirmó que, por la cantidad de gasolina y la inversión en infraestructura necesaria, esto no era posible. El siguiente acuerdo sugirió usar pipas. Cadereyta ofreció los vehículos utilizados en Pemex-Diesel, aunque ello implicaría reducir la capacidad de carga. El problema es que Cadereyta puede llenar las pipas por la parte inferior, pero la Gerencia de Transportación Terrestre sólo tiene equipos de llenado por el domo; el costo de adecuación sería de 1.5 millones de pesos. Además se necesitaba la autorización del Sasipa, poner un aditivo a la gasolina, comprar equipos de seguridad para el personal y no se pudo establecer un tiempo estimado de ejecución. El 13 de abril, la situación fue más caótica. Además de tener que modificar la infraestructura en Cadereyta para poder cargar por el domo y hacer un análisis de seguridad, la refinería de Madero dijo que no tenía infraestructura para la descarga de las pipas, que podría instalar una “descargadera provisional” pero necesitaría al menos cuatro semanas para acondicionarla. En esa reunión se hizo una nueva propuesta: hacer el desalojo de la gasolina mediante carrostanque de ferrocarril contratados a la empresa Kansas City Southern. Pero en la refinería de Madero no hay infraestructura para eso, así que ese procedimiento se descartó. Para su destino en la refinería de Madero, los funcionarios de Pref escogieron el tanque vertical 548, pues se puede vaciar directamente al muelle para ser cargado en buques. No obstante, el procedimiento implica hacer ajustes a la logística del puerto para no interferir en la exportación del crudo de Altamira. El tanque vertical 548 está ocupado, según la minuta del 13 de abril, con 165 mil barriles de gasóleo de coquer, supuestamente también contaminado. Pero una fuente consultada por Proceso asegura que el contenido es en realidad asbesto, lo que complica su desalojo. Aunque desde la reunión del 27 de abril se acordó hacer un muestreo a fin de clasificar el producto contenido en el tanque vertical 548 y tratar de obtener permiso para su exportación, hasta la reunión del miércoles 18 los empleados de PMI no habían tenido acceso ni concluido esos procesos administrativos. La intención de PMI, manifiesta en la minuta del miércoles 18, es llevar el supuesto combustible contaminado de Ciudad Madero también a Estados Unidos, a la refinería Deer Park que Pemex y Shell Oil tienen en Houston, Texas. Ante el embrollo, el miércoles 18 la Gerencia de Control de Producción insistió en pedir informes sobre las implicaciones de usar el ducto de Reynosa, en la misma reunión en la que el Sasipa expuso que el producto a trasladar es “altamente agresivo”.   Seguridad y filtros   Las Terminales de Almacenamiento y Reparto (TAR), por donde se reciben y envían los combustibles, están equipadas con sistemas de control de calidad, metrología y control operativo. Según el documento Síntesis ejecutiva de la operación del programa, emitido por Pref en 2006, desde ese año las TAR cuentan con el Sistema Integral de Medición y Control de Operación de la Terminal que interactúa con el Sistema Integral de Información Comercial. Todas las TAR tienen un sistema de recuperación de vapores y 20 laboratorios con certificación internacional que miden la calidad de los combustibles que habrán de venderse. Esos laboratorios hacen ocho pruebas, entre las que destacan la de destilación, medición del índice de octano y la determinación de peso. Las pruebas se realizan a través de 48 equipos destiladores automáticos y manuales, 40 equipos analizadores de temperatura y 21 analizadores de azufre, entre otros. Con base en esa información, uno de los expertos consultados afirma que es imposible que una gasolina contaminada entre por una TAR. Menos aun pudo ser error de una refinería, cuyos procesos son monitoreados con analizadores en la línea de producción y en tiempo real. La explicación de los especialistas consiste en que no es posible que el crudo, ubicado en la primera etapa de la refinación, haya llegado a contaminar una gasolina, que es producto de la última etapa o viceversa. El proceso de refinación implica destilación y mezcla, de manera que si una gasolina está contaminada con alguna sustancia, se combina poco a poco, en tanto se mantenga en el margen de calidad, con gasolina pura hasta que se obtiene un producto estándar. Según las minutas, en ningún momento se consideró refinar el producto en México o venderlo a un cliente nacional. Tampoco colocarlo en Reynosa para su exportación terrestre a Estados Unidos o a Brownsville, Texas, puerto fronterizo con Matamoros, a pesar de que éste se halla a 300 kilómetros de Cadereyta, mientras Madero está a 500 kilómetros. Sin embargo, en Cadereyta ya se iniciaron las pruebas de bombeo para vaciar los 900 mil barriles de combustible, mientras que en Madero empezará esta semana la adecuación para la descarga del producto, que tardará al menos cuatro semanas, tiempo en el que podrá iniciarse el traslado, siempre y cuando para entonces el Sasipa haya validado la seguridad del proceso de transportación.  l    

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