Ansias de libertad, ansias de fuga...

viernes, 12 de agosto de 2011
Hace 60 años, el 13 de agosto de 1951, la República Democrática Alemana comenzó a levantar el muro que dividió a Berlín en dos bloques ideológicos irreconciliables tras la Segunda Guerra Mundial y hasta 1989. Numerosos ciudadanos de la RDA intentaron franquear ese “Muro de la Vergüenza” a costa de su propia vida. Fue el caso también de numerosos atletas de altísimo nivel que habían sido entrenados bajo un régimen disciplinario tiránico y narcisista. Las historias de quienes lograron fugarse con éxito son exhibidas ahora en la exposición ZOV Traidores del deporte. Atletas a la fuga, montada en Berlín y en la que destaca la participación de la fotógrafa mexicana Laura Soria. BERLÍN (Proceso).- Los llamaron “traidores del deporte” y bajo ese apelativo se les estigmatizó y se les confinó en las filas del “enemigo”. Fueron los deportistas de alto rendimiento de la antigua República Democrática Alemana (RDA), quienes huyeron del sistema que los convirtió en atletas excepcionales pero que, al mismo tiempo, les arrebató los derechos más fundamentales.
“Si bien una fuga se puede planear, no se puede saber de antemano cuáles serán sus consecuencias y la carga emocional que ello traerá. Lo trágico en sí mismo es constatarlo”, explica pausada y tranquilamente Günter Perleberg, canotista que el 25 de agosto de 1963 abandonó al equipo nacional alemán que participaba en el Campeonato Mundial de Canotaje en Yugoslavia. El exatleta mira fijamente a la cámara de la artista mexicana Laura Soria, y comienza a contar el pasaje más importante de su vida.
Como él, otros 14 exdeportistas desnudan su pasado ante la lente de la fotógrafa y artista visual mexicana, quien junto con investigadores del Centro Alemán de Historia del Deporte presenta en Berlín la exposición ZOV Sport Verräter. Spitzenathleten auf der Fucht (ZOV Traidores del deporte. Atletas a la Fuga) que da voz a este grupo que durante décadas vivió bajo el estigma de la traición. El contexto no puede ser mejor: el próximo sábado 13 se conmemora el 60 aniversario del inicio de la construcción del Muro de Berlín.
Se trata de una exhibición fuera de lo común. Quienes visitan la Willy Brandt Haus, sede de la muestra y también del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), en Berlín, se encuentran con una novedosa instalación que conjunta fotografía y video. Frente al enorme retrato en blanco y negro de cada uno de los personajes se ubica un proyector de video. Con sólo oprimir un botón, el personaje parece cobrar vida y se desprende de sí mismo para comenzar a contar de forma directa al espectador la historia de su vida: sus logros deportivos obtenidos en la antigua RDA, su fuga, los motivos de ésta y las consecuencias que ello tuvo en su vida y la de su familia.

A nado

Campeón de natación en estilo libre, Axel Mitbauer escapó de la RDA en 1969 cruzando a nado el Mar Báltico. Tenía entonces 19 años. Un año antes había planeado un primer intento de fuga. La huida tendría lugar durante el Campeonato Internacional en Hungría. Para ello contactó a un deportista y a un entrenador de la República Federal Alemana (RFA).
Desconocedores de la situación interna de la RDA, le enviaron una carta que fue interceptada por el Ministerio para la Seguridad del Estado, la Stasi. El resultado: Mitbauer fue detenido y sometido a duros interrogatorios durante siete semanas. Las autoridades orientales quisieron obligarlo a que acusara al entrenador occidental de actuar como traficante de personas y así poder juzgarlo. Pero el joven nadador se negó y debió enfrentar las consecuencias: su expulsión definitiva del deporte y la prohibición terminante de presentarse en cualquier recinto deportivo del país. No sólo eso. Mitbauer sufrió también bloqueos para realizar sus estudios y para desempeñarse en alguna profesión.
Sin más opciones comenzó a planear una segunda y definitiva fuga. Cuando lo juzgó conveniente burló la vigilancia permanente de la Stasi y se trasladó a la costa noreste del país –al Mar Báltico–, a Boltenhagen, la última ciudad de veraneo del este alemán. Con toda paciencia estudió durante una semana los movimientos de las estaciones fronterizas. Así, la noche del 18 al 19 de agosto logró esquivar los patrullajes de la playa y las luces de los enormes faros que iluminaban la bahía.
Con dos pollos asados en el estómago, un anillo y una de sus medallas en la mano, comenzó la carrera de su vida. Durante las cuatro horas en que nadó sin descanso las estrellas le sirvieron de brújula (en la RDA los estudiantes recibían clases de astronomía). Luego de nadar aproximadamente 25 kilómetros, Mitbauer trepó a una boya para protegerse de las heladas aguas del mar Báltico y esperar a que el sol del nuevo día lo calentara para seguir su camino. A las 7.14 horas del día siguiente fue divisado por un transbordador de Alemania Occidental que lo subió a bordo y lo transportó hasta el puerto de Travemünde.
“Entonces me convertí en un hombre libre, en un país libre y pude dejar atrás ese sistema de injusticias (…) Durante los últimos días que pasé ahí (en la prisión de Berlín oriental) hablé conmigo, con la pared, con Dios y prometí que si algún día conseguía salir de allí, le contaría a la siguiente generación, e incluso a la que vendría después lo que me había pasado, y que en un estado de derecho es posible hacer realidad los sueños de uno. He sido fiel a mi promesa hasta el día de hoy”, explica a la cámara de Soria al tiempo que sostiene con enorme orgullo el ejemplar original de la revista Stern, que en 1969 publicó un amplio reportaje sobre su fuga.

Por amor

Ines Geipel fue velocista y campeona en salto de longitud, además de ostentar dos récord mundiales en relevo en 1981 y 1984. Como cientos de deportistas de alto rendimiento de la antigua Alemania comunista, Geipel fue sometida a programas forzosos de dopaje en aras de obtener los mejores resultados deportivos.
Luego de la caída del Muro de Berlín y una vez que salieron a la luz pública los métodos utilizados por la RDA para alcanzar la gloria deportiva, esta filóloga de profesión apoyó la persecución judicial de los funcionarios, médicos y entrenadores que participaron y fomentaron esa política de Estado. Hasta la fecha su voz es una de las que con más fuerza exigen el esclarecimiento total de este periodo negro en el deporte de Alemania Oriental.
Pero la historia de huida de esta antigua velocista –contada a Proceso con motivo del 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín (Edición Especial 27)– se reduce a algo más sencillo y a la vez más poderoso: el amor. Nostálgica y con un trozo de alambre de púas en sus manos, Geipel narra su historia ante la cámara de Soria. “En 1983 hubo una situación concreta: nuestro grupo de sprint de Jena entrenaba en la Ciudad de México para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, y ahí me enamoré de un marchista mexicano.
“Planeé la fuga desde Los Ángeles. Ya lo habíamos concretado todo. Pero la Stasi se enteró porque un amigo que actuó como espía me denunció. Después, todo sucedió muy rápido. Me expulsaron del mundo deportivo, pasé por varios tribunales y la Stasi inició una Operación de Intervención en mi contra”. Ahí acabó no sólo la historia de amor de la entonces joven velocista, sino también su prometedora carrera.
En 1989 y luego de un viaje por el este europeo percibió el ambiente de cambio y las expectativas de un nuevo comienzo entre la gente. En ese momento decidió fugarse. En un segundo intento, esta vez exitoso, Geipel subió a un tren con rumbo a Hungría y el 28 de agosto de 1989 (a menos de tres meses de que cayera el Muro de Berlín) cruzó la frontera húngara con Austria.
“Fue una noche marcada por la espera pero también por la prisa. Perdía la orientación en mi propio cuerpo, me encontraba muy mal y permanecí mareada durante tres semanas. Tras pasar horas escondida en hoyos del camino y sufrir todos los temores posibles, finalmente vi en el horizonte una iglesia blanca, iluminada y con tejado rojo. Supe simplemente que esos colores no se encontraban en el este”.
En Alemania Occidental, Geipel estudió filosofía y sociología, además de que realizó múltiples actividades para ganarse la vida.
Antes de concluir su relato, Ines explica el significado del alambre de púas que lleva en la mano: “Hace años un periodista me dio este trozo de alambre y me dijo: ‘este es un trozo de tu muro austro-húngaro’. Es realmente un trozo de alambrada y significa mucho para mí porque representa lo espinoso, lo enredado pero también lo vinculante en un solo objeto y está muy relacionado con mi historia personal”.

Con el enemigo

Wolfgang Thüne fue medallista de bronce en gimnasia artística durante los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, y ocupó el segundo lugar en barra fija en el Campeonato Mundial de 1974. La idea de su fuga comenzó a rondarle en la cabeza justamente ese año cuando perdió el Campeonato Mundial frente a su acérrimo rival de la RFA, Eberhard Gienger.
Además del efecto psicológico y anímico que le causó la derrota –el objetivo principal del deporte de la RDA era demostrar la superioridad del sistema frente a la Alemania Occidental y él había “fallado”–, Thüne se enfrentó a un nuevo programa de entrenamiento físico más severo y de riesgo muy elevado.
Con el temor latente de sufrir una caída mortal o que le dejara secuelas para el resto de su vida, el joven gimnasta se dio cuenta que debía abandonar la RDA. El momento preciso fue al año siguiente, 1975, durante la celebración del Campeonato Mundial, en Berna, Suiza.
Esperó el momento del banquete de clausura y, muy astutamente, le pidió ayuda a alguien que no despertaría ninguna sospecha: su mayor adversario deportivo y frente a quien un año anterior había perdido el campeonato, Eberhard Gienger. Éste aceptó y esa misma noche del 2 de junio cruzaron juntos la frontera en auto hasta la ciudad alemana-occidental de Emmendingen.
El campeón mundial dejó a salvo a Thüne en casa de otro gimnasta amigo y tuvo tiempo para volver al banquete de clausura en Berna, sin que nadie sospechara la ayuda que había prestado al gimnasta oriental. Tras la fuga, la Stasi intentó acusar al padre de Thüne de educarlo e incitarlo para que traicionara a la RDA.
“Él les contestó con frialdad: ‘ustedes separaron al chico de la familia cuando sólo tenía 13 años y lo metieron a un internado. En realidad son ustedes quienes han definido su personalidad; así que ustedes son responsables de que él haya decidido marcharse a Occidente’. De esta manera mi padre logró zanjar el asunto con la Stasi”, recuerda Thüne montado sobre un caballo de gimnasia.
No fue sino hasta mediados de los noventa y después de la reunificación alemana, cuando Thüne develó el misterio en torno a la forma como logró concretar su fuga.
A 36 años de los hechos, el hoy profesor-entrenador asegura: “No me arrepiento ni de un solo segundo de lo que hice porque aquí (en Alemania Occidental) pude decidir con toda libertad qué deseaba hacer. Pude escoger mi profesión, pude decidir si hacía esto o lo otro. Aquí fui finalmente un hombre libre y por eso soy muy feliz”.

Hartazgo

Renate Vogel fue el prototipo de la deportista ideal de la RDA. Desde los 11 años el sistema se encargó de pulirla para convertirla en una gran campeona de natación y ejemplo a seguir para las juventudes comunistas del país.
El punto culminante de su carrera llegó en las Olimpiadas de Munich en 1972 cuando ganó la medalla de plata en relevo de estilo 4x400. Al año siguiente fue tres veces campeona mundial batiendo varios récord.
Para la RDA 1972 también fue un año de éxitos deportivos, pues logró terminar en tercer puesto en la tabla general de países ganadores de medallas. El sistema se dio cuenta entonces de que el deporte le redituaba un importante reconocimiento político. Eso trajo como consecuencia que a partir de ese año se intensificaran los programas de entrenamiento.
“Comenzamos con medicamentos que en un principio parecían inofensivos. ‘Son vitaminas’, nos decían”, refiere Bauer. Pero en realidad había comenzado la experimentación con métodos de dopaje para elevar el rendimiento deportivo.
Sobre Vogel recaía un peso extra. Al ser una deportista exitosa debía ser un ejemplo, el arquetipo ideal del socialismo. “Tuve que asistir a muchos foros por obligación y antes de comenzar recibía instrucciones exactas de lo que podía decir y lo que no. No podía hablar de los países que visitaba… y sí, en realidad mentía a la gente”, reconoce con la mirada puesta en la cámara.
Fue en 1974 cuando decidió que se fugaría. Ese año ocupó el segundo lugar en el Campeonato Europeo, detrás de la alemana occidental Christel Justen. De ser el ejemplo a seguir se convirtió de inmediato en una fracasada que había perdido ante una “enemiga de clase”. Vinieron entonces las represalias, pero Bauer no quiso huir hasta no haber terminado su formación escolar.
Al término de su carrera y con 24 años solicitó un visado para viajar a Hungría. Era 1979 y ya tenía planificada la fuga. Con la ayuda de amigos de Occidente, se hizo de un pasaporte falso de la RFA y un boleto de avión hacia Munich.
Luego de un minuto de mucha tensión en que el agente del aeropuerto revisó el pasaporte sin reparar en que en realidad ella no era quien decía ser, Renate caminó el largo pasillo hacia el avión con la certeza de que había logrado su propósito.
La respuesta en Occidente no se hizo esperar y tanto medios de comunicación como autoridades querían saber toda la información que la joven tenía sobre los secretos del alto rendimiento de los atletas orientales. Aunque sabía que ya libre, su familia permanecía en Alemania Oriental y por temor a las represalias que ésta pudiera sufrir prefirió callarse muchas cosas.
“La decisión de ir a la RFA fue muy difícil porque sabía que estaría sola. Dejé atrás a mis padres, a mis amigos, y de pronto era extranjera en otro país. Aunque el idioma era el mismo, los inicios fueron muy difíciles. Pero me adapté rápido y nunca me arrepentí de haberlo hecho.”
ZOV Traidores del Deporte. Atletas a la fuga, documenta a detalle también el destino de otros 11 deportistas que huyeron de la RDA:
Karin Balzer, primera mujer del mundo que corrió los 100 metros de vallas en menos de 13 segundos; Falco Götz, futbolista tres veces campeón de la RDA con el club deportivo Dynamo y actual entrenador del equipo nacional de fútbol de Vietnam; Frank Hoffmeister, nadador varias veces campeón en dorso; Jürgen Kissner, ciclista medalla de plata en los Juegos Olímpicos de México 1968; Peter Kotte, futbolista tres veces campeón de la RDA con el club Dynamo de Dresde; Jürgen May, atleta de medio fondo múltiple campeón de la RDA; Günter Perleberg, canoísta campeón olímpico en 1960; Ute Gähler, vicecampeona de la RDA en luge individual en 1959; Manfred Steinbach, corredor especializado también en salto de longitud; Hans Zierold, nadador cuatro veces campeón de la RDA, y Günter Zöller, patinador artístico seis veces campeón de la RDA.