Impone el narco terror y violencia en la Sierra Tarahumara

sábado, 13 de agosto de 2011
De tiempo atrás, además de la miseria que asola a su población, la sierra de Chihuahua se ha contagiado de la violencia que azota al país entero. En medio de la precariedad, los pobladores de la región, cada día más divididos, solos y lastimados, sobreviven a salto de mata en espera de que las autoridades los ayuden, como constató Proceso en un recorrido por la zona SIERRA TARAHUMARA, Chih.- Recargada en la estufa de su cocina de rancho, la señora se tapa la cara para que no la vean llorar. Su hija embarazada estalla en lágrimas. La vecina que las acompaña se impone a su propia tristeza y continúa el relato entrecortado sobre lo ocurrido en esa casa tres meses antes, la noche que entraron siete, ocho hombres armados que dijeron ser policías, balearon al padre de familia, lo arrastraron al pórtico y se lo llevaron. No saben si está vivo o muerto. No volvieron a verlo… “Quedamos todos asustados porque lo atacaron aquí adentro. Acá estaba él tirado, lo sacaron afuera, creemos que muerto porque el piso quedó todo con sangre; allá lo esperaban otros”, dice la viuda, madre de tres menores. -¿Ve esos agujeros? –agrega, al tiempo que señala hacia un rincón entre la estufa y la ventana–; son de los balazos que dispararon. Apenas tapé los hoyos con cemento porque ya no podía verlos: era mucho sufrimiento”. La noche en que se llevaron a su esposo nadie durmió en ese caserío rural con valles arbolados y un río dignos de postal: los falsos policías, en su orgía de sangre, arrancaron de sus casas a otros dos hombres. Su último rastro fueron las piedras de río ensangrentadas. (Extracto del reportaje que aparece esta semana en la edición 1815 de la revista Proceso, ya en circulación)

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