El tercer García: amigo de bandas y capos...

sábado, 10 de septiembre de 2011
El martes 6 al filo del mediodía, siete balas segaron la vida de Javier García Morales, un controvertido político y empresario de estirpe priista. Nieto del general Marcelino García Barragán e hijo del exdirigente del PRI Javier García Paniagua, a García Morales siempre lo cubrió la sombra del narco, pues desde los noventa la DEA mencionaba su nombre y documentaba sus andanzas con capos como Amado Carrillo y Juan José Esparragoza Aun cuando tenía fama de benefactor social y de ser “buen amigo con sus amigos”, a Javier García Morales, asesinado el martes 6 en Guadalajara, Jalisco, la Procuraduría General de la República (PGR) le abrió varios expedientes en los que se le vinculaba con capos de la droga emblemáticos y con actividades relacionadas con el tráfico de enervantes. Nunca fue llamado a cuentas, pese a que algunos informes de la dependencia elaborados en el sexenio de Ernesto Zedillo y otros procedentes de Estados Unidos daban cuenta de sus reuniones con Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, y Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, quienes antes de 2001 eran capos del poderoso cártel de Juárez. Proveniente de una estirpe de políticos de la llamada “vieja guardia”, García Morales supo usar las amplias relaciones tejidas por su abuelo, Marcelino García Barragán y por su padre, Javier García Paniagua. Marcelino fue secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz; Javier, el hijo de Marcelino, fue subsecretario de Gobernación, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en esa misma secretaría, presidente nacional del PRI, secretario de Estado y fuerte aspirante presidencial en las postrimerías del gobierno de José López Portillo. Nacido en 1958 en Colima, desde muy joven García Morales protagonizó escándalos por sus nexos con bandas y sus andanzas en el mundo del hampa. Siempre lo negó. Decía que eran comentarios difamatorios y explicaba que él se dedicaba a las actividades agrícolas –y políticas– pero no al narcotráfico. (Extracto del reportaje que se publica esta semana en el número 1819 de la revista Proceso, ya en circulación)