La UACM, rehén de la política

lunes, 12 de noviembre de 2012
Van más de 70 días de paro en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la solución al conflicto en la casa de estudios parece todavía muy lejana, especialmente después de la ocupación, el jueves 8, de las oficinas administrativas en la calle de Eugenia. Dos actores principales de la crisis –la rectora Orozco y el exrector Pérez Rocha– dan sus versiones a Proceso y de ellas se desprende que en el fondo todo es un reflejo de la tajante división entre las corrientes de la izquierda capitalina. MÉXICO, D.F. (Proceso).- A unos minutos de iniciada la entrevista con Proceso, el sexto día de noviembre en el sexto piso de las oficinas administrativas de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) –único edificio de la institución que hasta entonces no había sido tomado por el Consejo Estudiantil de Lucha (CEL), grupo que ocupa los cinco planteles educativos de la casa de estudios en paro hace más de 70 días–, suena el teléfono privado de la rectora Esther Orozco. La doctora interrumpe la charla, toma presurosa un lápiz y comienza a escribir, atropelladas sus letras grandes. Cuelga el celular, que deja al alcance de su mano, atenta a los reportes que recibía desde el Centro Histórico de la ciudad. “Me dicen que Paco Ignacio Taibo II, que es dirigente de Morena Cultura, está dirigiendo la marcha”, dice al reportero en referencia a la protesta que había partido un par de horas antes desde la sede donde despachaba temporalmente Orozco rumbo a las oficinas del jefe de Gobierno, a quien los huelguistas acusan de respaldar a la rectora, que desprecian. Entonces, en la entrevista que giraría sobre el conflicto por la conformación del Tercer Consejo Universitario (CU), máximo órgano de gobierno de la UACM, que transitó por un proceso electoral oscuro, origen de la huelga, tomó relevancia el trasfondo político de la disputa por el poder en la universidad. El 26 de octubre la rectora Orozco publicó un desplegado a nivel nacional con el membrete de la UACM. En el primer párrafo acusó haber sido objeto de ataques extremos e infundados de quienes presiden la toma de instalaciones, “grupos que consideran al presupuesto universitario como fondo para subvencionar el activismo partidario”, denunció. –Cuando habla de ataques en contra suya y de la universidad con fines políticos, ¿a quién está señalando? –Es complejo. Tenemos, desde luego, gente de Morena; tenemos a la gente que ha trabajado muy de cerca con la exsecretaria de Desarrollo Social (Raquel Sosa, en el cargo durante la administración de Andrés Manuel López Obrador); no quiero generalizar todo el PT, pero hay gente de ahí, como el diputado (Arturo) López Cándido, que le pide a Marcelo Ebrard mi renuncia en la ignorancia de lo que es la universidad; y principalmente tenemos en contra gente que es del equipo del rector anterior (Manuel Pérez Rocha, rector de 2001 a 2010). Veo su mano detrás de esto. No sé si esté él, pero sí la gente más cercana a él, encabezando el movimiento (parista). –Hace referencia a un grupo ineludiblemente asociado a Andrés Manuel López Obrador. –Pues sí. Son gente que está ligada esencialmente con Morena Cultura. ¿Por qué es esto? Porque estamos en una etapa donde el nuevo jefe de Gobierno y el nuevo presidente de la República van a empezar a escoger colaboradores y a repartir posiciones. Y los grupos de presión hacen esto para obtener espacios. De otra manera no me lo explico. Envuelta entre el insistente movimiento de sus manos, irritados los ojos, la rectora que se califica como “la mujer más atacada del país”, dice que el grupo que la descalifica, conformado en la base por estudiantes, académicos y activistas externos a la institución, pretende establecer que mediante presiones y chantajes podría disponer de su cargo, anteponiendo la pugna por un “botín político y económico” a su proyecto académico. Esther Orozco explica los intereses que ve detrás del conflicto: “La universidad son plazas, presupuesto, gratificaciones. Hay fines económicos y políticos. Aquí tenemos profesores que han sido empleados en las delegaciones, han sido candidatos a diputados por distintos partidos. Aquí buscan colocar gente, no importa si tienen nivel o no en las posiciones de la universidad. Este es un espacio muy cómodo para tener un salario en pocas horas de trabajo y después poder hacer activismo político”. En contraste con sus señalamientos, el grupo opositor a su administración acusa a Esther Orozco de ser protegida de Marcelo Ebrard. –¿Usted está respaldada por el jefe de Gobierno, autónoma como es la universidad? Orozco asiente y contesta: “Yo me siento respaldada por la administración actual (del GDF) de manera total. Yo fui compañera de gabinete de los secretarios de esta administración. Estuve tres años en el Instituto de Ciencia y Tecnología. Con algunos de ellos llegué a hacer una relación de amistad. Pero más que respaldarme a mí, siento que están dispuestos a respaldar cualquier acción que garantice productividad para la ciudad. Y mis acciones, por el conocimiento que tienen de mi persona, les dan una seguridad de que las cosas van a funcionar. Yo no acepto que digan que estoy aquí porque el jefe de Gobierno me respalda. Ahora, si necesito tocar la puerta del jefe de Gobierno, estoy segura de que la va a abrir. Lo mismo pasaría si necesito tocar la puerta del subsecretario (de Educación Superior) Rodolfo Tuirán, en la SEP”.   Contra Ebrard   Cuando habla, el ingeniero Manuel Pérez Rocha es capaz de recorrer cada pasillo de la UACM desde el pensamiento. La siente de sí. Desde su fundación, en 2001, designado para la tarea por Andrés Manuel López Obrador, él diseñó el modelo de la institución y fue él quien ocupó la Rectoría desde entonces, durante nueve años, hasta mayo de 2010, cuando lo sucedió Esther Orozco. Convocado para hablar del conflicto en la universidad capitalina, Pérez Rocha eligió visitar la redacción de Proceso, en Fresas 13, errantes sus pasos desde que dejó la Rectoría en la calle de San Lorenzo, de la misma colonia Del Valle. Necesario para entender el conflicto que mantiene en paro a la UACM, su testimonio se había vuelto imperioso ante las imputaciones que un día antes hizo ante el reportero la doctora Esther Orozco. A fuego cruzado, Pérez Rocha señaló directamente al gobierno de Marcelo Ebrard de interferir en la universidad autónoma y llevarla al punto en que hoy se encuentra, de la mano de la actual decano. Empezó su relato en 2007, siendo aún rector, al amanecer de la administración del hoy jefe de Gobierno: “Cuando llegó el gobierno de Ebrard intentaron cambiar la universidad. No entendían el proyecto, su ideología social que, contraria a la meritocracia en que vivimos, busca ayudar no a quien más lo merece sino a quien más lo necesita. Para ello (Ebrard) nombró al doctor Mario Carrillo como el enlace con la universidad. La verdad es que lo estaba apuntando para que me reemplazara en la Rectoría. Como buenos priistas, llegaron con la idea de que era una oficina más de la cual iban a tomar posesión”. –¿Por qué se refiere a ellos aún como priistas? –Porque toda su vida se seguirán manejando como priistas. Lo traen en la sangre. Mario Delgado, sobrino de Carrillo, con el poder que tenía como secretario de Finanzas (del GDF), estuvo ahogando financieramente a la universidad, con esa pretensión de cambiarla. Yo creo que Ebrard en lo personal no tenía mucha idea, ni le entendía ni le interesaba, con el interés de tener espacios de influencia ahí y espacios de trabajo. El inicio era ése, colocar a Mario Carrillo en mi lugar. –¿Por qué no llegó? Porque no se lo permitimos. Lo digo abiertamente. No podía. Pocos meses después de que tomó posesión Ebrard, su secretario de Educación, Axel Didriksson, anunció que iban a reformar a la UACM y que iban a emitir una nueva ley orgánica. Y los paramos en seco. Lo digo con toda franqueza: Organicé al sindicato y al consejo general interno. Sacamos un desplegado a media plana denunciando la intromisión indebida en una institución autónoma. Desde luego que esto ya vino a plantear una confrontación muy dura. Café en mano, Pérez Rocha asegura que si hay un grupo político detrás del conflicto de la UACM sería el de Marcelo Ebrard, y rechaza que personajes cercanos a López Obrador, incluido él mismo, estén detrás de los inconformes que mantienen la huelga en la universidad. “La rectora creó un fantasma de que en la UACM estaba el lopezobradorismo. Es totalmente falso. La doctora Orozco fue elegida por una mayoría entonces absoluta en la comunidad. Prevalecía en el ambiente de la universidad la idea de que si no llegaba Orozco, la UACM no iba a contar con recursos para seguir viviendo, dadas sus relaciones con el gobierno. “Hoy niega el respaldo del jefe de Gobierno, pero no es necesario especular acerca de las posiciones de la rectora. Ella firmó un desplegado apoyando la candidatura de Marcelo Ebrard cuando competía con Andrés Manuel López Obrador por la candidatura presidencial; ella firmó un desplegado apoyando la candidatura de Mario Delgado para competir por la Jefatura de Gobierno. Y no solamente lo firmó ella, lo firmaron todos sus colaboradores más cercanos en la universidad. ¡Qué más se necesita para hablar de la posición partidaria con la que llegó a la universidad!”, lanza Pérez Rocha apretando los dientes. Sobre su participación en el conflicto actual, señalado por Orozco de estar detrás del grupo parista, el exrector dice: “No estoy atrás. Estoy enfrente. Mi actuación en el conflicto ha sido pública y tiene el propósito de que se lleve al plano de las ideas y que se respete la legalidad para conformar el CU. Yo no me metí en este proyecto por intereses personales, sino por una convicción ética y política muy profunda. Este es un proyecto muy importante y no se puede echar abajo por ambiciones políticas e intereses políticos del gobierno o por actitudes inaceptables de esta señora. Ahora, quienes mantienen el paro son estudiantes con una postura muy determinada. Yo no los conozco”.   Presupuesto secuestrado   Detrás de las irregularidades en la elección del tercer Consejo Universitario de la UACM, a raíz de las cuales explotó la huelga los últimos días de agosto, se esconde una lucha de poder y dinero, según el exrector Manuel Pérez Rocha. El ingeniero relata a Proceso las irregularidades que se vivieron durante su administración en relación con el presupuesto de la institución, y que aún son tema medular en disputa. “Cuando la rectora Orozco asumió el cargo me acusó de haber encontrado que la universidad estaba quebrada financieramente. Se le olvida que ella era parte del Consejo Asesor de la universidad, al que de 2007 a 2009 yo informé de manera puntual y sistemática sobre los atracos que estaba cometiendo el GDF en contra de la universidad, reteniéndole los recursos federales de una manera ilegal y poniéndola en una crisis financiera. “El subsidio federal empezó en 2008. Lo retenía a través de Mario Delgado. Porque hay un mecanismo con que la Cámara de Diputados le asigna un recurso a la universidad, ese recurso se le pasa a la SEP federal y la SEP lo pasa al gobierno local para que éste se lo dé a la universidad. Así pasa con todas las universidades autónomas. Y lo que hizo la Secretaría de Finanzas del DF fue retener los recursos federales y considerar que ya estaban incluidos en la asignación que tenía que hacer la asamblea (ALDF). Tan se lo quedaron que en los estados financieros de 2009 el despacho externo consignó el adeudo de 100 millones de pesos del GDF. No es una opinión mía. Es un dictamen del despacho contable externo”, denuncia Pérez Rocha y continúa. “A principios de 2009, ya que nos habían retenido los recursos federales, me reuní con Ebrard. Estuvo presente Mario Delgado. Ebrard me dijo: ‘No tengo ninguna duda acerca del desempeño de la universidad. Y ustedes pueden contar con esos 100 millones de pesos federales para su presupuesto de este año’. Salimos y le pregunté a Mario Delgado cuándo podríamos reunirnos para arreglar el asunto. ‘Yo te busco’, me dijo. Nunca me buscó ni me tomó la llamada y tampoco me recibió. Mi experiencia siempre fue de un trato muy amable de parte de Ebrard y de manifestación de apoyo total a la universidad. Aun cuando en la práctica no había tal apoyo.” Pérez Rocha asegura que, de recuperar los detractores de Orozco el control del CU, como había resultado en las elecciones pasadas, impugnadas por el Consejo Electoral, “podrían salir a la luz muchas cosas que los comprometen, por lo menos a la rectora. Hay una denuncia en la PGJDF en contra de ella por un ejercicio indebido del presupuesto de la universidad. No ha prosperado, por supuesto. Aquí es donde se encuentra uno con el poder del poder. El GDF controla, por supuesto, a la procuraduría, a la Junta de Conciliación y Arbitraje y a los jueces que usted quiera. Y si les manda la instrucción de que eso no avance, eso no va a avanzar. Y se acabó”, acusa firme el exdecano, quien también acusó a Orozco de retención ilegal de cuotas sindicales a los trabajadores de la UACM. La rectora responde: “Eso es falso. El ejercicio lo vio la Contraloría Interna. Eso se presentó un montón de veces, unas ocho, a la Comisión de Hacienda. Todo lo que plantearon se respondió puntualmente. El CU autorizó que se fuera ejerciendo el presupuesto por meses. Sí hay meses que se quedaron sin autorizar y que ahora seguramente se tendrán que autorizar y revisar. Pero el presupuesto se autoriza desde diciembre”, dice en referencia al presupuesto. Sobre la retención de cuotas sindicales, se defiende: “Cuando llegué había un pleito entre dos fracciones del sindicato, y la Junta de Conciliación y Arbitraje no le dio la toma de nota a la Comisión de Finanzas de la fracción que tenía la coordinación ejecutiva. Los abogados me dijeron a mí: ‘Usted no puede darles las cuotas porque está incurriendo en un delito, porque no tienen la toma de nota’. Ellos me demandaron ante un juez penal y ante un juez civil. Ambos jueces me dieron la razón y dijeron que ellos tenían que nombrar su comisión de finanzas para que me digan en qué cuenta, que tiene que ser conjunta… La administración tiene ahí las cuotas para que en cuanto nos pasen la cuenta y las firmas, las depositemos. Pero no se ponen de acuerdo entre ellos”. La rectora, que habla de sí misma en tercera persona, también acusa a Pérez Rocha. “Aquí en el piso 2 (de las oficinas administrativas, en la esquina de Eugenia y División del Norte) tenemos un grupo, desde que llegué, de 10 mujeres que no tenían una tarea definida y todas tienen el más alto nivel de pago (29.5), es decir ganan 41 mil pesos al mes. La rectora no está de acuerdo con eso. Y así estaban muchos. La gente tiene que venir a la universidad y tiene que trabajar”. Sobre el futuro del conflicto, Esther Orozco manifiesta su confianza en que pueda resolverse pronto. Ambiguas sus palabras, dice: “El conflicto está en un punto que se puede arreglar mañana o se puede prolongar. ¿Qué puede pasar? Que como estamos en tiempos de transición política el conflicto lo pueden arrastrar hasta diciembre para ejercer presión sobre el próximo jefe de Gobierno. Eso me queda clarísimo”. Pérez Rocha, por su parte, se dice preocupado por el desgaste en el tejido social de la comunidad universitaria. “Se están generando odios internos terribles”, dice y augura un futuro sombrío. “El futuro lo veo negro, porque en la postura de la rectora no está solamente ella con sus actitudes, sus prejuicios y sus obsesiones, sino que indudablemente está el apoyo del grupo de Ebrard. Uno de los escenarios es que se genere una situación de ingobernabilidad en la universidad y que esto dé pie a una intervención de la ALDF. No me sorprendería que quisieran modificar la ley (de la UACM) para imponer una junta de gobierno convencional, acotar las atribuciones del CU y reforzar la figura del rector. Hay antecedentes, porque en algunas sesiones del Consejo Asesor algunos miembros plantearon varias veces la necesidad de una junta de gobierno. Yo creo que intencionalmente se ha ido creando esta situación de ingobernabilidad en la universidad para decir que el problema está en la forma de gobierno de la universidad, para poder cambiarlo”. La noche del jueves, octavo día de noviembre, el CEL tomó las instalaciones administrativas de Eugenia. La Rectoría los acusó de tomar las instalaciones con violencia, bajo el efecto de estupefacientes, y del secuestro de la nómina para el pago de los trabajadores.

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