El "grito" de los médicos

viernes, 16 de noviembre de 2012
MONTERREY, NL (Proceso).- La alarma estaba encendida pero sólo en el gremio médico. La sociedad regiomontana desconocía su drama. No fue sino hasta el pasado 20 de octubre cuando un grupo de médicos salió a las calles a protestar por el acecho del crimen organizado, que los ha atacado sigilosa pero persistentemente. Entonces los ciudadanos supieron que sus doctores pedían ayuda. La protesta fue peculiar: Marcharon con tapabocas. No pronunciaron palabra. No se quejaron. Sólo caminaron por las calles de la ciudad. La diputada local panista Blanca Lilia Sandoval de León, quien es médico, denuncia en entrevista con Proceso que una veintena de colegas suyos –sólo en el área de Guadalupe– han sido objeto de secuestros, amenazas y extorsiones; delitos que, sin embargo, no han sido denunciados en su mayoría. Óscar Salas Fraire, director de Medicina del Deporte de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), considera que los médicos han sido blanco de ataques sobre todo por su evidente bonanza económica y por presiones de los delincuentes que los obligan a atender a sus cómplices heridos. Según la diputada Sandoval, el hostigamiento de los criminales comenzó hace alrededor de tres años. En los medios locales se ventiló el caso del cirujano Hernán Gabriel Reyes Cantú, quien presumiblemente fue secuestrado el pasado 2 de octubre. Los reportes periodísticos señalan que el doctor fue liberado el día 13 del mismo mes, aunque no se supo si hubo pago de rescate. Hasta ahora es el único caso conocido públicamente de un profesional de la medicina privado de su libertad en el estado. El 19 de octubre los periódicos locales publicaron un desplegado del Colegio de Médicos Cirujanos de Nuevo León y su Consejo Consultivo en el que denunciaron la violencia que están sufriendo. “Como cualquier otro ciudadano que habita el estado, nos toca ahora ser narradores de historias similares, pues el flagelo delincuencial que impunemente impera en Nuevo León, ha hecho víctima también a nuestro gremio al resultar afectados en la inseguridad algunos de nuestros colegas. Recientemente hemos sido rebasados violentamente y ahora somos no sólo testigos de este oprobio”, señala el documento, que no lleva firma de responsable. Aclara que la actividad de los médicos es ajena a pronunciamientos políticos y religiosos y refiere que ellos tan sólo están obligados a procurar el bienestar físico y mental de sus pacientes. “Por esta razón no podemos permanecer indiferentes a las condiciones adversas que vive nuestra sociedad. Consideramos nuestro deber tomar una posición activa en las exigencias de una solución contundente y expedita a la inseguridad que vivimos día a día.” Explica que decidieron actuar porque la autoridad no ha tomado medidas para proteger a la ciudadanía: “No hay argumento válido que justifique el insuficiente trabajo realizado por todos los niveles de gobierno elegidos democráticamente. De no ser así, no tendría motivo ni necesidad alguna nuestra indignación”. En las redes sociales circuló una versión del desplegado un día antes de que se publicara en la prensa: “En las últimas semanas la comunidad médica de Nuevo León nos hemos visto arrollados por la delincuencia organizada secuestrando a varios colegas. Primero fue Tijuana, luego Ciudad Juárez, ahora Monterrey”. Este último párrafo no apareció en el texto que publicaron los medios. Mediante su texto, los doctores convocaron a la manifestación del 20 de octubre en la plaza de Colegio Civil, en el centro de esta ciudad. Al mediodía de ese sábado 70 de ellos se reunieron en la explanada del Centro Cultural Universitario. Portaban, como decía la convocatoria, batas blancas en las que taparon con cinta adhesiva sus nombres o los de sus empresas o instituciones No querían ser identificados. Los reporteros quisieron entrevistarlos antes de que empezara la marcha, pero se colocaron tapabocas para confirmar que la marcha era silenciosa y que no darían entrevistas. La diputada Sandoval sorprendió a los manifestantes cuando les solicitó que la escucharan. Les dijo que ella, como integrante de la comunidad médica y representante popular al mismo tiempo, podía ser su interlocutora.­ Los médicos, molestos, le dijeron que no querían que hablara en su nombre. La legisladora se retiró desairada. Los reporteros le pidieron una opinión como médico, y cuando apenas iba a hablar ante cámaras y micrófonos, fue invitada amablemente por varios de sus colegas a que se abstuviera de expresarse, pues le recordaron que la marcha era apartidista. Sandoval calló. A las 12:15 horas el contingente oró por la paz. Inmediatamente después se inició la marcha, que estuvo resguardada por 20 policías de la Fuerza Civil, quienes portaban armas largas. Fueron seguidos por patrullas y motociclistas de tránsito. A las 13:00 horas los médicos llegaron a la Explanada de los Héroes, frente al Palacio de Gobierno. No hubo ningún pronunciamiento.­ El mismo médico que dirigió la plegaria al inicio se encargó de hablar en el cierre: “Pedimos que se esclarezcan a la brevedad todos los casos de la injusticia. Dios bendice a todos”. Luego se retiraron.   Como en Juárez   Según la diputada Blanca Lilia Sandoval, la marcha fue motivada por el secuestro de uno de sus compañeros, quien fue posteriormente liberado. Aunque no reveló el nombre, todo indica que se refería a Reyes Cantú. “Ya nos están afectando y nos están lastimando mucho. Lo digo como médico particular, no como diputada. La inseguridad llegó a tal grado de que nos amenazan, entran a nuestras clínicas y nos amagan para atenderlos. Es impresionante cómo opera todo esto”, denunció. Expuso que en el área de Guadalupe los criminales los extorsionan y les piden cuotas. “Lo que nos está llegando es que ya están haciendo los mentados levantones. Que yo tenga conocimiento, han sido unos 15 o 20 en el área de Guadalupe. La verdad es que sí nos está afectando”, dijo. A su vez, Salas Fraire decide opinar porque considera que la inseguridad es un problema que afecta a la comunidad médica de Monterrey, de la que forma parte. “Los médicos que han sido foco de esta situación –explica– son los que tienen mayor capacidad económica, con éxito. Han sido objeto de secuestro para obtener de ellos recursos económicos. Pero está, en otro punto, la situación médica. Algunas personas de la delincuencia organizada han sido afectadas en su salud por heridas de arma o alguna otra situación y requieren atención médica y no pueden acudir a un centro hospitalario. Agrega: “Los médicos, según nuestro juramento, debemos darle atención médica a cualquier persona, pero en una condición legal, dentro del sistema gubernamental en el que estamos”. Señala que los médicos son contactados por teléfono por delincuentes que los amenazan. Les dicen que saben dónde viven y los citan en un lugar. Los maleantes van por ellos, los conducen al sitio donde tienen que aplicar sus conocimientos y luego los liberan. El especialista por la Universidad de Saarland, Alemania, no da nombres ni cifras pero sabe de colegas suyos que han sido secuestrados y que, por esa razón, han tenido que abandonar la ciudad. Afirma que la inseguridad ha obligado a los médicos a adoptar medidas de precaución: a los que tienen mayores ingresos se les pide bajar su perfil, que usen autos que no llamen la atención o no transiten con batas o equipo de quirófano que pueda delatar su profesión. Se les pide que empleen estacionamientos seguros, que reduzcan su círculo de amistades, que salgan sin mucho dinero en efectivo y con el mínimo de tarjetas bancarias, y que no dejen en el coche, a la vista de los transeúntes, identificaciones o instrumentos que den a conocer su ocupación. “Hay médicos que han sido secuestrados y a los que les piden los nombres, direcciones, ubicación de otros compañeros para secuestrarlos”, advierte. La actual emergencia de los médicos regiomontanos es similar a la que vivieron los de Ciudad Juárez en 2010. Proceso reportó en diciembre de ese año el incremento de casos de secuestros y homicidios de doctores, una zozobra que se inició en marzo de 2008, en el arranque del Operativo Conjunto Chihua­hua. Alrededor de 80 médicos abandonaron sus consultorios y más de 20 se fueron a vivir a la vecina ciudad de El Paso, Texas.

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