"La mujer del año", de juez electoral a declarada peñista

lunes, 3 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- “Su presencia en este acto es un faro de esperanza”, para las causas de las mujeres, dijo la magistrada electoral, María del Carmen Alanís, al presidente Enrique Peña Nieto, momentos después de recibir de sus manos una presea por haber sido elegida, practicamente entre priistas, la Mujer del Año. Hace apenas tres meses, el 31 de agosto de 2012, la magistrada Alanís emitió un voto en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que validó, junto con sus compañeros, la elección que convirtió a Peña Nieto en Presidente. Alanís fue más allá: elaboró una especie de decálogo en el que expuso las razones por las que la elección era válida frente a las acusaciones de compra de voto, recursos excesivos e intervención de entidades privadas, así como desvío de recursos públicos a la campaña del priísta. “Se han revisado con rigor todos los actos que componen el proceso electoral”, dijo en apoyo a la decisión colegiada. Y hoy, no sólo lo consideró un “faro de esperanza sobre lo que será la política hacia las mujeres”, sino que añadió: “Más todavía. El espíritu de igualdad que quedó plasmado en el Pacto por México, suscrito el día de ayer, da cuenta de que la inclusión ha comenzado a formar parte de una agenda de Estado, compartida además, por las fuerzas políticas”, dijo la magistrada electoral. El acto fue en el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología, cuyas paredes blancas sirvieron de marco a una mapara, donde los logotipos y letras en colores rosa y azul pastel, anunciaban lo que en realidad fue un acto de la nomenclatura feminista del PRI: “La Mujer del Año”. Convocado por la casa de diamantes, Tiffany and Co. la entrega del reconocimiento reunió un presidium –Mesa de Honor, le llamaron-- que desde hace al menos 12 años no se veía, fuera de un acto del PRI: María de los Ángeles Moreno, Betariz Pardes y Rosario Green, mujeres priístas que lo mismo han sido legisladoras que secretarias de estado y que, en estos días de regreso del PRI al poder, permanecen por lo pronto fuera de la nómina. Ahí estaba la ministra Olga Sánchez Cordero, de conocido pasado priísta; Kena Moreno, la editora y publicista que sin embargo, fue diputada y delegada de Benito Juárez en tiempos de la hegemonía tricolor; la exdiputada, Guadalupe Gómez Maganda. Apenas tres de la honradas, identificadas con los gobiernos del PAN: Yoloxóchitl Bustamente, la directora del Instituto Politécnico Nacional; Sarah Topelson, subsecretaria en el gobierno de Calderón y María Elena Medina Mora, importante funcionaria de la salud el sexenio anterior. Besamanos del PRI feminista Falta a la caballerosidad. La cita es a las 6:00 de la tarde, pero el presidente Peña Nieto llega con 40 minutos de retraso. Ya desde las 4:30, la procesión de damas enjoyadas, con peinado de salón y luciendo su galas de diseño, la pasarela parecía interminable. Ahí pasa, la socialité Patricia Barrios Gómez y a petición de los reporteros, se detiene y posa para una fotografía, arrancándole una sonrisa cuando una voz anónima suelta: paparazzi. Aromas que se aspiran en euros… Pasa también, la conductora y autora de bestsellers, Gaby Vargas; alguna mujer de voluntariados o que en su vida profesional ha logrado prestigio y reconocimiento, como Sonia Amelio, María Teresa Gutiérrez de MacGregor o, Fela Fabregas, la viuda del actor Manolo Fábregas. Pero las damas que llaman más la atención son aquellas que contaron con el favor presidencial hace varios sexenios o las que aun siguen apareciendo en los noticiarios: por ahí va, la exsecretaria de Turismo con Ernesto Zedillo, Silvia Hernández; la presidenta interina del PRI, Cristina Díaz y, naturalmente, la cuestionada mujer del momento, Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Social. La espera es atenuada por las suites barrocas que se reproducen en los altavoces del lugar. Es en la tercera danza de la Suite Número 1 para Cello de Bach, cuando por fin el Presidente hace su arribo acompañado de su esposa, Angélica Rivera. Entonces, la locutora Tere Vale toma la palabra para hacer una breve semblanza de todas las mujeres que integran la mesa de honor, que es tan grande que su intervención es más larga que la de cualquier discurso, de manera que las y los asistentes, deben recordar las trayectorias lo mismo de Beatriz Paredes que de Gaby Vargas. Silenciadas las danzas barrocas, es la hora de la danza de datos y trayectorias. Asociación de nombres al poder económico y a la carrera presidencial. En la “Mesa de Honor” está también Marinela Servitje, cuyo marido, el priísta Sebastián Lerdo de Tejada, se colocó entre los invitados. Y naturalmente, María del Carmen Alanís, iba acompañada de su esposo, Emilio Rabasa. El 2011, al fragor de las denuncias por los gastos excesivos de Enrique Peña Nieto, como gobernador del Estado de México, para publicitar su imagen, una reunión se celebró entre allegados del mexiquense y la magistrada electoral. El reportero Álvaro Delgado publicó en la edición 1796 de Proceso, con fecha 3 de abril de 2011, que en dicha reunión participaron el consejero del IFE, Marco Antonio Baños, exsocio de Alanís en la Consultora Demos, donde quedó como accionista su esposo, Emilio Rabasa. También estuvo Luis Videgaray, el flamante secretario de Hacienda, y Sebastián Lerdo de Tejada, esposo de Marinela y hermano de Fernando, quien cobraba como asesor de cabildeo político unos 240 mil pesos mensuales, en el TEPJF bajo la presidencia de Alanís. Inteligentes y bellas presencias Los discursos tienen el encanto de la feminidad. La primera en reemplazar la prolongada alocución de las semblanzas es Kena Moreno, quien luego de agradecer la asistencia presidencial se refiere a su esposa, Angélica Rivera: “Gracias por su inteligente y bella presencia”, le dice Moreno a la Primera Dama, cuyo título ya se expresa en el sitio oficial de la Presidencia de la República. Sonriente, la esposa de Peña Nieto será aludida más adelante por su marido, pero antes de que eso ocurra, el turno es de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero, que también ganó “La Mujer del Año”, pero en el 2004. El mensaje de Sánchez Cordero es la semblanza para exaltar a excesos anecdóticos la figura de María del Carmen Alanís, que contra el apócope que las columnas políticas hacen de su nombre, en vista de lo dicho por Sánchez Cordero, es llamada entre amigos, Maca. Es la ministra, quien explica la trascendencia del acto: durante los primeros 40 años de “La Mujer del Año”, el Presidente de México asistió a entregar la presea por lo que agradeció a Peña Nieto que retomara esa tradición. El premio fue instaurado en 1960, por lo que esta vez. La resta es exacta para concluir que en 12 años de presidentes del PAN, si acaso el primero, en el 2000, acudió a la entrega, Vicente Fox. Rodeado por mujeres El presidente Peña Nieto lo declaró como es: toda mi vida he estado rodeado, inspirado y motivado por mujeres, dijo. Se refirió a sus cinco hijas y a Angélica Rivera, de quien expresó lo ha acompañado en todos sus proyectos con amor. Momentos antes, María del Carmen Alanís, había hecho una tímida crítica al gabinete de Peña Nieto, al saludar primero a Rosario Robles y acto seguido, referirse a la ausencia de mujeres en el poder, aunque de inmediato orientó sus señalamientos a que, siendo mayor la población femenina del país, no alcanza a tener más del 5.3 por ciento de alcaldesas y no hay gobernadoras. María del Carmen Alanís fue galardonada con la distinción que otorga Tiffany consistente en “una presea de fino cristal” y un anillo de brillantes (el sello de la casa Tiffany and Co que le entregó su representante Andrea Artigas) que en esta ocasión fue titulado “Celebration”. Su discurso aludió a las mujeres en desventaja, a las víctimas de trata, a las levantadas por los grupos del crimen para ser esclavas sexuales y en fin, a todas aquellas que, aunque no lo dijo, no saben que hay joyas que tienen nombre. En general, el discurso siguió por la inequidad de género y el rumbo de los procesos electorales, así como la desigualdad y las condiciones de desventaja que la condición de mujer conlleva en un país con prejuicios. La respuesta de Peña Nieto fue, a las “distinguidas, bellas y reconocidas damas” presentes, que su combate sería contra la pobreza y que implementará obras y programas para mujeres, entre otras cosas. “Mi gobierno tiene un claro compromiso con las mujeres de México, el México del presente es un espacio abierto para las mujeres en las escuelas en la política en la academia e incluso en las Fuerzas Armadas”, expuso. Entonces, el acto terminó y Peña Nieto batalló unos minutos con los saludos para por fin aproximarse a la salida que le indicó con vallas y escoltas, el Estado Mayor Presidencial. La logística impecable: por más que lo intentaron, Beatriz Paredes y María de los Ángeles Moreno, no pudieron aproximarse al mandatario, como tampoco otras de las priístas que asistieron a “La mujer del año” y no les quedó más remedio que salir, como todos, por la explanada del Museo rumbo a la oscuridad.

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