Hollande, el enigmático

lunes, 14 de mayo de 2012
Cuando en 2009 Francois Hollande decidió ser candidato a la Presidencia por el Partido Socialista, fue objeto de burlas. Lo llamaban “blando”, “indeciso”... Pero mostró que tras su personalidad discreta y su carácter introvertido poseía voluntad y habilidad políticas para crear consensos y doblegar a sus adversarios. El domingo 6 logró la hazaña: derrotó a Nicolas Sarkozy. Ahora enfrenta un doble reto: reconstruir Francia en lo social, moral y económico, y encabezar la incipiente rebelión europea contra los planes de austeridad impulsados por Alemania. PARÍS (Proceso).- ¿Quién es Francois Hollande? Desde el domingo 6, día de su elección como séptimo presidente de la V República francesa y segundo mandatario socialista en 54 años, esa pregunta parece obsesionar a reporteros y analistas franceses. Cuesta trabajo hacer un perfil de este hombre discreto, casi secreto, que participa en la vida política del país desde hace 30 años sin lucirse ni quitarse méritos y que se empeña en definirse como “normal”. De hecho basta comparar el número de libros escritos sobre Nicolas Sarkozy –47– con el de los ensayos dedicados a Hollande –cinco– para entender por qué se le considera un “personaje enigmático”. En realidad, con su rostro jovial, su temperamento racional, prudente, introvertido, con su carrera de apparatchik en el Partido Socialista (PS), Hollande no inspiró a los biógrafos pese a que se le reconoce un inagotable sentido del humor, una inteligencia aguda y una gran agilidad mental. A lo largo de su carrera en el PS –y sobre todo cuando asumió su dirección, de 1997 a 2008– abogó por la conciliación, el consenso, la síntesis entre las líneas políticas a menudo antagónicas de las distintas corrientes internas. Esa obsesión por el justo medio, por el equilibrio, esa alergia a los conflictos y a las vituperaciones y su falta de pasión lo convirtieron en blanco de burlas y ataques violentos tanto de sus camaradas del PS como de sus detractores de la derecha y de la izquierda radical. Innumerables son las flechas envenenadas que le dispararon unos y otros durante años: “blando”, “indeciso”, “nulo”, “rey del regate”, “tortuga”, “Flamby” (marca de un flan con caramelo), “señor de las frasecitas”… Sólo su círculo íntimo de amigos apostó a su favor en 2009, cuando tomó la decisión de prepararse cuidadosamente para enfrentar a Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2012. En cambio, se multiplicaron las mofas y golpes bajos en su contra dentro y fuera del PS. Muy pocos analistas sospecharon de su voluntad de hierro, de su convicción de ser el único con capacidad de reconstruir moral, social y económicamente a Francia después de cinco años de tsunami sarkozista, de sus cualidades como estratega, de su dureza camuflada detrás de una legendaria gentileza, de su habilidad para sacar provecho de los azares del destino, el último de los cuales fue el escándalo provocado en 2011 por la libido descontrolada de Dominique Strauss-Kahn, entonces presidente del Fondo Monetario Internacional y el mejor posicionado del PS para ser candidato. Hasta el día de la segunda vuelta de los comicios presidenciales –el domingo 6– y pese a sondeos que le eran favorables, nadie estaba seguro de que este político tan poco carismático fuera a ganar las elecciones. Como sea, Francia estrena ahora un presidente y descubre su personalidad.   Vocación política   Hollande nació el 12 de agosto de 1954 en Rouen, Normandía, ciudad en la que fue quemada Juana de Arco en 1431. Sus padres formaban una pareja extraña y conflictiva. El padre, Georges, era tenebroso, pesimista, con convicciones y militancia de ultraderecha, admirador de la Organization Armée Secréte, grupo terrorista creado en 1961 por militares y civiles franceses de Argelia opuestos a la independencia de esa excolonia. Tenía también un sentido agudo de los negocios. Otorrinolaringólogo, creó su propia clínica, compró bienes raíces y le fascinaba exhibirse en autos de lujo. Nicole, la madre, era su opuesto exacto: una trabajadora social alegre y generosa. Le fascinaba el contacto con la gente, amaba la vida, era católica de izquierda, el humanismo daba sentido a su vida. Siguió con pasión la primera campaña presidencial de Francois Mitterrand en 1965 y nunca dejó de ser su fiel partidaria. Murió en 2009, cuando Hollande enfrentaba una gran soledad política. Las discusiones políticas eran muy animadas y a veces violentas en la casa de los Hollande. Muy pronto Francois optó por las ideas de su madre, pero nunca se opuso frontalmente a su padre. Su hermano mayor, Philippe, lo hizo. Como castigo fue enviado a un internado muy severo. Hoy es un saxofonista reconocido. En las escasas confidencias que hizo a la prensa sobre su padre, el nuevo presidente de Francia se abstuvo de criticarlo. Por el contrario, afirmó que su autoritarismo y la disciplina de la escuela católica en la que estudiaba forjaron su carácter y su capacidad de resistencia. ¿Por qué de pronto en 1968 Georges Hollande vendió su clínica, su casa, sus terrenos y sus departamentos? ¿Por qué dejó Normandía para instalarse con su familia en Neuilly, suburbio residencial de París? Su hijo nunca lo explicó públicamente. Se sospecha que ese autoexilio tuvo algo que ver con sus compromisos políticos extremistas asumidos en forma provocadora y que molestaban a mucha gente… Alejarse de la tranquilidad provinciana para vivir tan cerca de la capital fue una ruptura muy brusca. Francois Hollande dejó la enseñanza privada por el liceo Pasteur de Neuilly sur Seine. Fue un buen alumno sin llegar a ser brillante. Muy pronto se impuso como vocero de sus condiscípulos. Su elocuencia y aplomo sorprendieron a los miembros del Consejo de Administración del liceo integrado por profesores y padres de alumnos. Uno de ellos, Jerome Solal-Céligny, miembro del Consejo de Estado, conocido por participar en la redacción de la Constitución de la V República, entendió que el joven tenía vocación política. Lo incitó a seguir el recorrido clásico de los miembros de la cúpula política francesa y de la alta administración del Estado: matricularse en el Instituto de Estudios Políticos (IEP), en la escuela de Altos Estudios Comerciales y en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA). También lo ayudaron a inmiscuirse en el mundo político dos novias cercanas al selecto círculo que rodeaba a Mitterrand, su icono y referencia absoluta desde su adolescencia hasta hoy.   Amor y política   En la ENA, Hollande conoció a Ségoléne Royal, apodada Señorita Hielo por sus compañeros. No fue amor a primera vista. Hollande estaba muy ocupado con sus estudios y su militancia en organizaciones estudiantiles, que siempre acababa encabezando. Royal compartía su tiempo entre esos mismos estudios y “chambitas” para pagar el alquiler de su cuarto de estudiante. La política no le llamaba la atención. Hollande la inició. Ambos acabaron por integrarse al PS, Ségoléne en 1978 y Francois en 1979. Se enamoraron durante su trabajo de campo en Chanteloup-les-Vignes, un suburbio de París. Vivieron juntos 25 años. Tuvieron cuatro hijos. Nunca se les ocurrió casarse. Era demasiado convencional. En 1980 egresaron juntos de la ENA y Jacques Attali, entonces eminencia gris de Mitterrand, los incorporó a su equipo de trabajo. Hollande fue también catedrático en el IEP y auditor de la Corte de las Cuentas. Después de que Mitterrand llegó a la Presidencia en 1981, Attali volvió a contratar a sus dos jóvenes asesores. Hollande- se especializó en cuestiones económicas y fiscales. El PS le pidió también que se lanzara en la campaña legislativa contra Jacques Chirac para arrebatarle su dipu-tación en la tercera circunscripción de Corréze, en el centro de Francia. Perdió pero no se dio por vencido. Elecciones tras elecciones acabó por conquistar, perder y de nuevo conquistar ese feudo político de la derecha. Fue en esa región donde se inició en el duro trabajo político sobre el terreno. Fue en la capital administrativa de Corréze, Tulle –de la que fue alcalde de 2001 a 2008–, donde esperó los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo 6. Fue en su Plaza de la Catedral donde pronunció su primer discurso como presidente electo. Después tomó un avión y llegó a medianoche a la Plaza de la Bastilla para festejar su victoria con los parisienses. De 1983 a 1988 el PS le encargó distintas misiones en asuntos económicos y tareas especiales. En calidad de auditor de la Corte de las Cuentas le tocó vigilar de cerca los gastos filantrópicos de Daniéle Mitte-rrand, esposa del presidente. También le correspondió sofocar un escándalo: el muy polémico escritor Jean-Edern Hallier amenazaba con revelar la existencia de Mazarine Pingeot, hija entonces secreta de Mitterrand. Hollande logró convencerlo de que callara. En 1992 Royal fue nombrada ministra de Medio Ambiente del gobierno del primer ministro Pierre Beregovoy. Honor supremo. Fue el mismo Mitterrand quien le anunció la noticia. Serge Raffy, autor de una de las escasas biografías del nuevo presidente francés –Francois Hollande, itinerario secreto–, cuenta en su libro: “Al tiempo que agradeció a Mitterrand, Ségoléne intentó hablarle del ‘caso de Francois’. “–No puedo tener a una mujer y a su esposo en el mismo gobierno. “–¡Pero no estamos casados! “–Quizás, pero es lo mismo. “–Quizás, pero es injusto. “–La entiendo... Voy a nombrar a Francois Hollande y no a usted. “–¡No es lo que le pido! ... ¡No se puede hablar con usted! “A pesar de todos los esfuerzos de Ségoléne, su compañero no sería ministro.” Hollande siguió su carrera política pero lejos de los reflectores. Compartía su tiempo entre la Asamblea Nacional –en la que era diputado de la primera circunscripción de Corréze–, sus compromisos municipales y regionales y sus actividades en el PS. Con un puñado de compañeros creó el grupo Transcourant (Transcorriente) que buscaba crear puentes entre los militantes más moderados de las distintas corrientes del partido enfrascadas en pugnas inacabables. Al principio la iniciativa causó risa. Hoy se reconoce que fue importante para evitar la implosión del partido. En 1994 Hollande se encargó del Secretariado Nacional para las Cuestiones Económicas del PS. Poco a poco se acercó a Lionel Jospin, quien acababa de lanzarse como candidato a la Presidencia para las elecciones de 1995 contra Chirac. Se convirtió en vocero de su campaña. Ganó Chirac. Jospin se apoyó en el talento mediador de Hollande para serenar a los caciques del partido que se disputaban la sucesión de Mitterrand. El destino favoreció a Hollande: Chirac disolvió la Asamblea Nacional. Los socialistas ganaron las elecciones legislativas en 1997. Jospin fue nombrado primer ministro de un nuevo gobierno de cohabitación (presidente de derecha y gobierno de izquierda) y dejó la dirección del partido a Hollande, quien tuvo esa responsabilidad 11 años.   Guerra interna   Llegó la nueva contienda presidencial de 2002 y el trauma que sacudió a Francia: el 21 de abril de ese año, con sólo 16.18% de votos a su favor, Jospin fue eliminado en la primera vuelta de las elecciones. En la segunda vuelta se enfrentaron Jean Marie Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, y Chirac. Francia se movilizó contra el primero. Ganó Chirac con 82.21% de los votos. El mismo 21 de abril, al enterarse de su derrota, Jospin se retiró definitivamente de la vida política, dejando solo a Hollande- a la cabeza de un partido moralmente aniquilado. Hollande se arremangó la camisa y empezó a remover los escombros. Recorrió Francia para levantar la moral de las federaciones socialistas. En 2003 el congreso del partido lo confirmó como su líder. En 2004 el semanario Le Point lo nombró “personaje del año”. En 2005 empezó a sonar como candidato presidencial para los comicios de 2007. Pero la suerte le dio la espalda. Consultados por referéndum el 29 de mayo de 2005 sobre el proyecto de Nueva Constitución Europea, 54.67% de los franceses lo rechazó. El PS estaba partido en dos en este tema. Hollande encabezaba a los partidarios del “sí” al proyecto; el exprimer ministro Laurent Fabius y Jean Luc Mélenchon –ambos caciques del partido– encabezaban el clan del “no”. Se desató la guerra interna y fue más virulenta que nunca. En ese clima Royal anunció en entrevista con el semanario Paris Match que estaba dispuesta a lanzarse como candidata. El choque fue violento para Hollande. La pareja atravesaba una crisis profunda pero cuidaba que nada se filtrara públicamente. En realidad Hollande vivía una historia de amor pasional y secreta con una periodista de Paris Match, Valérie Trierweiler, una guapísima mujer 10 años menor que él, dos veces divorciada y con tres hijos. No hubo manera de detener a Royal, a la vez determinada a vivir lo que consideraba su destino político y a bloquear el de su expareja. Ganó fácilmente las elecciones primarias del PS. Apoyada con entusiasmo por las bases del partido pero sin el fervor de la directiva, Royal dio la batalla electoral con fuerza y lirismo. Y perdió. Ganó Nicolas Sarkozy. Hollande no se presentó a su propia sucesión como líder del partido. En 2008 tomó su lugar Martine Aubry, quien se lanzó en su contra. Lo mismo hicieron los demás caciques del PS, al tiempo que Royal oficializaba la separación, explicando públicamente que había prohibido el acceso al departamento familiar a su excompañero. Sólo un puñado de amigos y Valérie Trierweiler lo acompañaron en esa travesía por el desierto. Hollande desapareció de los diarios, de las portadas de las revistas y de las pantallas de televisión. Durante sus meses de soledad leyó y reflexionó mucho. Elaboró un programa político. También cambió de look. Perdió entre 10 y 15 kilos, aceptó comprar trajes de buen corte y lentes más discretos. Según cuentan reporteros de Le Monde y de Paris Match, una noche de septiembre de 2009 Hollande confesó a su compañera su deseo de lanzarse como candidato presidencial. Trierweiler le contestó: “Te debes plantear una sola pregunta: ¿Te consideras o no el mejor? Si piensas que sí, te lanzas. Si piensas que hay alguien mejor que tú, quédate quieto.” Hollande le dijo: “Soy el mejor”. Trierweiler asegura: “A partir de ese momento puso todo en marcha para abrirse camino”. Creó redes de contactos y expertos, grupos de reflexión política y la asociación Democracia 2012. Movió cielo y tierra ante las risas malévolas de los líderes históricos del partido. En realidad la gran mayoría apoyaba a Strauss-Kahn, el poderoso director del Fondo Monetario Internacional, único capaz, según ellos, de noquear a Sarkozy. Imperturbable, determinado hasta la obsesión, indiferente a las críticas, Hollande, el terco, siguió adelante. Strauss-Kahn empezó a preocuparse. Según revelan los periodistas Antonin André y Karim Rissouli en su libro El hombre que no debía ser presidente, puesto a la venta el jueves 10, Strauss-Kahn y Hollande- se vieron en secreto el 21 de febrero de 2011 a pedido del primero. Comieron juntos en casa de un amigo común. Cuentan André y Rissouli: “Strauss-Kahn sólo tiene un objetivo: convencerlo de que bote la toalla y que se ponga a sus órdenes. Ya Martine Aubry se sometió. Royal hará lo mismo. Sólo falta que Hollande obedezca y nada impedirá su regreso a París y su victoria sobre Sarkozy en la primera vuelta de las elecciones”. Según los reporteros, Strauss-Kahn trató a su rival con gran amabilidad. Lo interrogó sobre sus intenciones. Hollande le contestó: “Cuando nos vimos la última vez (en noviembre de 2010), no tenía buena señal. Ahora voy progresando en los sondeos. Después de las elecciones en Corréze- lanzaré mi candidatura”. Agregan los biógrafos: “Hollande dio por terminada la plática agregando: ‘No negocio nada. No pido nada. Quiero ganar. Sólo sondeos de opinión que me sean desfavorables me podrán detener. Si no es el caso, voy a seguir luchando y te voy a vencer”. Después de esa comida Strauss-Kahn sacó la artillería pesada contra Hollande ante la mirada divertida de Sarkozy. La guerra se endureció más y acabó el 15 de mayo de 2011 cuando Strauss-Kahn fue detenido por la policía de Nueva York acusado de violación contra Nafissatou Diallo, empleada de limpieza del hotel Sofitel. Quedó pulverizado el principal contrincante de Hollande. El 16 de octubre de 2011 éste ganó las elecciones primarias sin mayor problema. Poco a poco sus adversarios se pusieron a su servicio, empezando por los “lugartenientes” de Strauss-Kahn. Lo hicieron a regañadientes. No tenían opción. Los últimos meses de la campaña presidencial fueron arduos. Sarkozy se hincó ante el Frente Nacional con temas de campaña nauseabundos –xenofobia, islamofobia, obsesión por la seguridad– que crearon un clima profundamente malsano en todo el país. Hollande nunca cayó en sus provocaciones pero se mostró demasiado elíptico ante el sufrimiento social y humano que flagela a 30% del electorado francés. Durante el debate televisivo del pasado jueves 3 Hollande dio la estocada final a un Sarkozy agresivo, desestabilizado por la extraña mezcla de belicosidad y dignidad presidencial de su adversario. El programa político de Hollande consta de 60 puntos. Su prioridad es la revisión del plan de estabilidad presupuestaria adoptado en marzo pasado por 24 de los 27 Estados de la Unión Europea. La canciller alemana, Angela Merkel, lo impuso. Sarkozy se doblegó. Hollande lo cuestiona: no acepta que la estabilidad se base exclusivamente en planes de austeridad presupuestaria y que no incluya planes de crecimiento económico. Su postura provocó escozor en líderes europeos cuando empezó a defenderla. Hoy, ante la crisis en la que se hunde cada vez más España, el inacabable caos griego, la vulnerabilidad extrema de Portugal e Italia, un viento de rebeldía empieza a soplar contra la inflexibilidad de Merkel. Además no dejan de ser señales de alarma la fuerza creciente del Frente Nacional en Francia, la irrupción de dipu-tados neonazis en el Parlamento de Grecia y la agitación de la ultraderecha italiana. Hollande viajará a Berlín el próximo miércoles 16, un día después de su toma de posesión. A escala internacional tiene varios viajes pendientes. A Estados Unidos para participar el viernes 18 y el sábado 19 en la reunión del G8 en Campo David. ¿Pasará la corriente entre Obama y Hollande? Cabe recordar que el presidente estadunidense nunca escondió que le gustaba más Sarkozy. Los dos jefes de Estado tendrán oportunidad de discrepar el domingo 20 en Chicago durante la Cumbre de la OTAN. Hollande hará oficial el retiro de todas las tropas francesas de Afganistán (3 mil 400 hombres) antes de que acabe 2012. El 18 de junio viajará a Los Cabos, Baja California, donde se celebrará la Cumbre del G20 y 10 días después le tocará una cita clave en Bruselas con los otros 26 líderes de la UE para buscar una posición común sobre el tratado de estabilidad presupuestaria. Tantos viajes no pueden hacer olvidar a Hollande su agenda francesa: las dos vueltas de las elecciones legislativas los próximos 10 y 17 de junio, y sobre todo las medidas sociales que todos esperan. Los sindicatos y la izquierda radical encabezada por el implacable Jean Luc Mélenchon están al acecho; también el Frente Nacional y los grandes empresarios que ya empezaron a dar a conocer los planes de reducción de personal que habían aguantado durante la campaña presidencial…

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