Huapango por un siglo de Moncayo

viernes, 29 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Google se sumó hoy con su doodle a la conmemoración del centenario del natalicio del compositor mexicano José Pablo Moncayo. Nacido el 29 de junio de 1912, en Guadalajara, Jalisco, y autor de Huapango, la obra más difundida de toda la música mexicana de concierto, según el musicólogo Juan Arturo Brennan. El logo del sitio web presenta al músico al frente de una orquesta representada por las letras del buscador, con sus colores tradicionales. El escenario caricaturizado es la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, fácilmente identificado por el telón de cristales con la imagen de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, elaborado por la casa Tiffany de Nueva York. Varias son las actividades con las cuales se celebra este aniversario, como el concierto que esta noche ofrecerá la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de su director titular Carlos Miguel Prieto, y en el cual se interpretarán además del famoso Huapango, compuesto en 1941, Amatzinac, Cumbres, Bosques, y Sinfonieta. Asimismo, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) anunció hace unos días que los restos de Moncayo, que reposan ahora en el Panteón Español, serán trasladados este año a la Rotonda de las Personas Ilustres en el Panteón Civil de Dolores. Se sabe que se propuso a la familia Moncayo que también fueran trasladados a la Rotonda de Guadalajara, Jalisco, pero ésta ha preferido que permanezcan en la Ciudad de México, pues aquí está la residencia familiar. Se lanzó también una edición conmemorativa, coordinada por el crítico Lázaro Azar, que reúne las partituras y grabaciones históricas del músico que falleció el 15 de junio de 1985 en la Ciudad de México. Algunas de las obras, compiladas en 10 libros y 8 discos compactos, han sido poco escuchadas y hasta estaban inéditas como Zarabanda para piano, Sonata para violín y violonchelo y Dúo para violín y violonchelo. El conjunto será distribuido en las 32 bibliotecas centrales de cada entidad de la República, así como en las bibliotecas Vasconcelos, de México, de las 16 delegaciones políticas de la Ciudad de México, los principales conservatorios de música, de las principales escuela de música del país, y las 32 Orquestas Sinfónicas del país. A decir de Brennan, Moncayo fue el músico más notorio de su momento, pero debido a la enorme popularidad de su Huapango, considerada vox populi como una especie de segundo Himno Nacional para los mexicanos, el resto de sus obras ha permanecido “injustamente en la oscuridad”. El desaparecido crítico musical del semanario Proceso, José Antonio Alcaraz, lo llamó “el compositor mexicano más representativo y dotado de su generación”. Y escribió no sólo sobre su música en la cual encontró imaginación, virtuosismo y vitalidad, sino también sobre su persona: “Moncayo era un ser humano en quien se manifestaban otras características: la dulzura es aquella que recuerdo como primordial. Su hablar era lento, pausado, incluso en el salón de clase ante un grupo numeroso de estudiantes, adquiría un carácter íntimo. “Por el contrario en mucha de su música hace explosión un dinamismo deslumbrante que, carente de cortapisas, reconquista el núcleo primero de nuestras danzas populares en sus manifestaciones más regocijadas.” Discípulo de Carlos Chávez, Candelario Huízar y Aaron Copland, e integrante del llamado Grupo de los Cuatro, junto con Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala Pérez, Moncayo formó parte de la Orquesta Sinfónica de México desde 1932 hasta 1947, como pianista y percusionista. En 1945 fue subdirector de la orquesta y un año más tarde fue nombrado su director artístico. En información proporcionada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, Brennan recuerda que el musicólogo Otto Mayer-Serra describe que Moncayo compuso su Huapango transformando los temas de tres huapangos alvaradeños: El Siquisirí, El Balajú y El Gavilancito: “Ante la posibilidad (también fascinante) de escuchar estos sones en sus versiones originales, uno puede darse cuenta de que Moncayo hizo mucho más que citar textualmente los huapangos. De hecho, su trabajo de elaboración es muy rico y variado, y el detalle más claro de su apego a la forma original del son jarocho está presente en la sección final de la obra, cuando la trompeta y el trombón dialogan retadoramente, cual si fueran dos copleros alvaradeños. “La diferencia fundamental es que la trompeta y el trombón, en vez de intercambiar sutiles insultos y otras cuestiones de doble y hasta triple sentido, intercambian brillantes frases musicales.” Alcaraz explicó hace más de treinta años, en una de sus columnas se la revista, que Mayer-Serra hace una conexión entre el término huapango, que se refiere a ciertos sones, y la reivindicación de una posición “criolla” en Moncayo, “voluntaria o no, no importa”, a la cual se liga también su ópera La Mulata de Córdoba, compuesta entre 1947 y 1948: “El criollismo de Moncayo (como el de tan distintos orígenes, propósitos y efectos en Bernal Jiménez) al poner de relieve los caracteres de otro tipo de etnia que la predominante indígena (Huízar, Rolón, Chávez, Galindo) o la vertiente mestiza (Revueltas, Ponce), complementa y enriquece la perspectiva e identidad del nacionalismo musical mexicano en su etapa culminatoria.” Este sábado 30 de junio en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes, se realizará el Festival Camaríssima, con el programa Celebrando un siglo con Moncayo: Más allá del Huapango. En el cual intervendrá su nieto Rodrigo Sierra Moncayo. Y cabe decir finalmente que el próximo Festival Internacional Cervantino también rendirá homenaje a Moncayo, el 5 de octubre en el Teatro Juárez de Guanajuato, con la Compañía Nacional de Danza y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes.

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