Los héroes caídos: Isinbayeva contra si misma
Aburrida de ganar, según declaró en una ocasión, pero sobre todo inconforme con la mecánica que supone que el público espere siempre un nuevo récord, la saltadora de garrocha Elena Isinbayeva no pudo refrendar su campeonato olímpico y sólo obtuvo una medalla de bronce.
Esta rusa treintañera ha dejado claro que compite ante todo contra sí misma, y con el mayor aplomo anunció que se mantiene en la lucha y que competirá otra vez por el oro en Río de Janeiro 2016.
Quiere llegar a las estrellas y saltar tan alto que nadie pueda alcanzarla. Ha batido 28 récords mundiales y apoyada en su garrocha se ha elevado más que cualquier otra mujer: 5.06 metros.
Campeona olímpica en dos ocasiones; seis veces campeona mundial; dos veces campeona de Europa, esta mujer que provocó una revolución en su especialidad quiso llevarse por tercera vez el oro olímpico en Londres para retirarse con todos los honores en 2013… pero no pudo. Terminó con marca de 4.70 metros que le alcanzó para el bronce.
Considerada la más exitosa deportista rusa, Elena Gadzhiyevna Isinbayeva, de 30 años, lleva en sus venas la sangre de Volgogrado, la ciudad heroica de la Unión Soviética, llamada Stalingrado hasta comienzos de los sesenta del siglo XX, donde se libró hace 70 años la batalla que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial y de ese mismo siglo con la derrota del monstruo nazi al costo de 1 millón de víctimas.
A Lena, como le dicen sus familiares y amigos, la distingue el espíritu ruso del sacrificio, la entrega y la dedicación, que es la fibra de las grandes victorias. Si bien ha conquistado las máximas victorias, no es perfecta: ha sufrido derrotas, pero se ha levantado.
Su papá es mecánico y su mamá, ya pensionada, trabajó como vendedora. Desde los cinco años, Lena y su hermana Innesa empezaron a entrenarse en gimnasia deportiva. En realidad, a ella le gustaba más la gimnasia artística, pero a esa edad no siempre hay muchas posibilidades de elegir.
A los 15 años, su entrenador no creía que ella fuera a tener mucho éxito en la gimnasia y la incitó a probar con el salto de pértiga, una especialidad que era nueva para mujeres.
El único entrenador de salto de garrocha en Volgogrado, Evgueni Vasilievich Trofimov, sólo se dedicaba a los varones y no quería aceptarla, pero al final decidió hacerle una prueba… y resultó.
Debutó en los Juegos Mundiales Juveniles de Moscú en 1998, en los que obtuvo la medalla de bronce; sin embargo, su paso inicial por los Juegos Olímpicos fue un fracaso. Con solo 18 años viajó a Sídney en el año 2000, donde por primera vez se incluyó el salto de pértiga en las competencias. Lena asistió sin su entrenador, porque no le pagaron el pasaje.
Evgueni Vasilievich logró llegar después, como turista, pero ya era tarde porque Lena no pasó a la final. “Se me olvidó todo lo que me enseñó mi entrenador, hice todo al revés”, recordó en una larga entrevista concedida el 6 de marzo de 2012 al sitio web ruso R-Sport. “Se acabó. Ni siquiera vi la final; me fui al zoológico a ver los canguros”, dijo.
De ahí en adelante, su carrera fue una suma de éxitos: en 2004 batió ocho récords, y nueve en 2005. Pero las atletas no son máquinas. Vinieron años duros, en los que Isinbayeva entró en un vaivén. Sus triunfos ya no sorprendían a nadie.
“Yo era como una locomotora, arrastraba a todas detrás de mí, como vagones. Una joven saltaba 4.70 y todos la aplaudían, pero Isinbayeva saltaba 4.90 y a nadie le importaba. Esto me aburrió. Todos pensaban que victorias sin récords eran derrotas, y me sentí ofendida”, rememoró en la entrevista.
Después de fracasar en el campeonato mundial de 2009 en Berlín y en Doha en 2010, se tomó un año de descanso y decidió volver con su primer entrenador, Evgueni Vasilievich, a quien había dejado cinco años atrás. Retornó con la cabeza gacha: “Viajé a Volgogrado el Domingo del Perdón. Elegí esta fecha porque ese día las personas se perdonan unas a otras. Fue como el retorno de la hija pródiga. La vida prueba a los más fuertes, los pone de rodillas para que demuestren que se pueden levantar”, recordó en la entrevista.
Y Lena volvió a volar: su último récord lo alcanzó el 23 de febrero de 2012 en Estocolmo: saltó 5.01 metros en una competencia bajo techo.
Hija del esfuerzo
Elena pertenece a la generación del esfuerzo, de la superación, de los que reconstruyeron una ciudad reducida a escombros por la guerra. Ella ve distinta a la juventud de ahora: “Observo a los que tienen 20 años y recuerdo cuando yo tenía esa edad. Era una niña según los actuales parámetros. No sabía nada de la vida. Y ahora a los 20 años ya son mujeres, ya piensan en marido, en hijos, en departamentos, en autos. Yo no tenía esos objetivos”.
Será por eso, cuenta la atleta, que Evgueni Vasilievich la considera tan valiosa como un violín Stradivarius… El entrenador es el único que conoce el arte de interpretarla.
Poco se sabe de su vida personal. Tuvo una relación con el lanzador argentino de disco Jorge Balliengo. Su triunfo en Beijing 2008, donde batió otro récord mundial, lo dedicó a Artiom, un disc jockey ucraniano; pero hace poco declaró que los hombres no se le acercan: “Me tienen miedo. Quizá porque me ven muy fuerte y exitosa”.
Ganó el Premio Laureus a la mejor deportista del planeta en 2007 y 2009, algo así como el Oscar de los deportes, y muchos otros premios en Rusia y en el mundo.
Tiene grado de capitán del Ejército, le encanta cocinar y su especialidad es el postre italiano tiramisú. Es fanática de la trilogía de vampiros Crepúsculo y del amor de Bella y Edward.
Isinbayeva dice que en Londres compitió contra sí misma. El lunes 6 miró la punta de la pértiga, inició su carrera y saltó con sus ojos de tigresa esperando estar más cerca del cielo. No alcanzó a librar el 4.75 con el que la estadunidense Jennifer Suhr conquistó el oro.
La promesa de retirarse en 2013, después del Mundial de Moscú, quedó pendiente para después de los próximos Juegos Olímpicos de Río 2016, porque habiendo volado tan alto como ninguna otra, Elena tiene el sueño más simple: enamorarse y ser madre.