Díaz Ordaz y Juan Orol, encarnados por Roberto Sosa

Dos personajes contrastantes y polémicos de la historia mexicana del siglo pasado cobran vida en sendas producciones cinematográficas gracias a la experiencia actoral de Roberto Sosa, quien por un lado lleva el papel del exmandatario Gustavo Díaz Ordaz en la película de Carlos Bolado, Tlatelolco; y por otro, el rol central en El fantástico mundo de Juan Orol, de Sebastián del Amo. GUANAJUATO, GTO. (Proceso).- Roberto Sosa, actor de más de 100 películas, protagoniza en la ópera prima de Sebastián del Amo El fantástico mundo de Juan Orol al cineasta gallego Juan Orol, cuyo historial fílmico en México superó las 60 cintas y creara, “de manera involuntaria”, los géneros cinematográficos de gángsters, rumberas y hippies. Carlos Monsiváis decía sobre Orol (catalogado como “El rey del churro” y “Primer surrealista involuntario”): “Sus películas eran tan malas que resultan buenísimas”. El largometraje que se estrena comercialmente el próximo 14 de septiembre con 25 copias y obtuvo mención honorífica durante la 15 edición del Festival Internacional de Cine del 20 al 25 de junio en esta ciudad, rinde homenaje al productor, guionista, director, actor y editor de cine con mayor éxito en la época de oro del cine nacional. Además, El mundo de Juan Orol ofrece un recuento de la evolución fílmica mexicana. Sosa (nacido en la Ciudad de México el 17 de abril de 1970 y quien ha actuado en el séptimo arte, teatro y televisión) platica cómo cayó en sus manos el personaje Orol: “Originalmente iba a realizar otro papel en el largometraje. Del Amo me habló del filme hace cuatro años y hace dos años me informó vía telefónica que ya se iba a rodar. Nos reunimos para comer y allí supe que sería Orol, de quien tenía ya antecedentes filmográficos porque cuando salíamos de la primaria, al comer en casa veíamos siempre cine mexicano en la televisión, ya fuera de Tin Tan u Orol, y mi papá (el también actor Roberto Sosa) que es un cinéfilo empedernido ya me había hablado de él. “Del Amo me dio toda la filmografía de Orol e iniciamos un trabajo de preparación no muy largo, de un mes, como suele hacerse el cine mexicano. Te puedes tardar 10 años en levantar un proyecto y en el momento que se levanta debes filmarlo a marchas forzadas. Lo disfruté mucho y me divertí.”   Un filme hilarante   –¿Qué opina de que Orol era un “surrealista involuntario”? –Sí lo fue. Su garrafal error fue no haberlo aceptado cuando le preguntaron si concienzudamente era surrealista, eso le pudo haber dado más fuerza a su cine; pero dijo que no, que filmaba con absoluta seriedad. “Lo que más me gusta de El fantástico mundo de Juan Orol es que fue un gran pretexto para hablar de la historia del cine mexicano y de cómo ha pasado por diversas vicisitudes; de cómo es complicado levantarlo, y cómo se mueven tantas mafias e intereses dentro de este arte en el país. “Lo destacable de Orol era precisamente su capacidad para producir, dirigir, escribir, crear las coreografías, realizar los montajes musicales, editar las películas. Esa capacidad de hombre orquesta, todólogo, fue lo que ayudó a que concretara sus cintas.” Comenta que los largometrajes de Orol son tan malos, “que no sé si no se daba cuenta o no le importaba y entonces, provocan risa. Contienen un sentido: el humor, que probablemente es involuntario, pero que con el paso del tiempo resulta de una ingenuidad maravillosa”. En una época donde predominaban las historias rurales, “él crea relatos urbanos”, agrega Sosa. Para recrear al Orol del filme Del Amo se basó “en la poca información biográfica que pudimos adquirir, lo construimos a partir de nuestra propia interpretación y de lo que vimos de él a través de sus películas”. Narra que existen muchos mitos acerca de su biografía (“creo que era un gran mitómano, se creía sus propias mentiras; probablemente no fue ni torero, ni policía, son muchas las cosas que se cuentan en torno a él y pocas las confirmadas”). Resalta el también intérprete de Lolo y fibra óptica, de Francisco Athié, y Ciudades oscuras, de Fernando Sariñana, que El fantástico mundo de Juan Orol “es un merecido homenaje”: “Lo teníamos muy relegado, muy olvidado y poco reconocido, y creo que la cinta hace un gran aporte a la cinematografía mexicana, con más de 60 filmes que creó. Bien vale la pena rescatarlo, reconocerlo y revivirlo.” –El tono de El fantástico mundo de Juan Orol es hilarante, ¿no? –Sí, hay mucho sarcasmo, mucha ironía y por supuesto humor negro. Creo que es un largo muy divertido. –Es muy fuerte cuando se ve en la cinta lo que queda de la Cineteca Nacional cuando se quema y al mismo tiempo es el declive de Orol, ¿verdad? –Es dolorisísimo ver cómo nuestro cine se quemó en unos cuantos minutos y que coincida con la decadencia de Orol. Ya se nos olvidó que se quemó la Cineteca Nacional y que no hubo culpables. “Afortunadamente casi toda la obra de Orol ha sido rescatada”. –¿Cómo evalúa al cine de estos momentos? Usted lleva mucho tiempo trabajando en él y también su familia (su mamá es la actriz Evangelina Martínez; es hermano de la actriz Evangelina Sosa, y sus tías Alma Delfina y Socorro Bonilla igual se dedican a la actuación). –El cine está como el país, cojo por todos lados. Ni están filmado todos los que deberían, ni todos los que filman logran que sus películas se estrenen comercialmente. Nunca sabes cuándo se van a realizar los proyectos y si se ruedan no se sabe cuándo se van a poder ver.   2 de octubre no se olvida   El 28 de septiembre también se proyectará en las salas Tlatelolco, de Carlos Bolado (Proceso, 1737) y Sosa (quien estudió actuación en el Conservatorio Nacional de Arte Dramática en París, Francia), es Gustavo Díaz Ordaz. –Ahora que surgió el movimiento estudiantil YoSoy132, usted personifica a un personaje de la historia de México muy criticado, en cuyo sexenio ocurrió la masacre de Tlatelolco. ¿Qué representó reencarnarlo? –Cuando Bolado me invitó a hacer a Díaz Ordaz, me sorprendió mucho, lo confieso… No iba con mi edad, lo sentía más grande. Sin embargo, Bolado desde un principio tuvo la idea de que yo debía recrearlo y cuando empezamos a hacer las pruebas de maquillaje y demás, me pasmé mucho del resultado. “Me veía al espejo y decía: ‘¡Qué miedo!’; pero, bueno… tanto en la historia política del país como en la cinematografía nacional, alguien siempre debe hacer el trabajo sucio. Ahora me tocó hacerlo representando a Díaz Ordaz, que efectivamente es un personaje muy recordado por la historia. –¿No le intimidó que podría recibir críticas por encarnar a Díaz Ordaz? –No, al contrario. Me divierte. Me ha tocado realizar otros personajes, como ser cabecilla de una banda de secuestradores en El hombre en llamas, de Tony Scott. Yo no comulgo con alguien que es capaz de extorsionar a familias y cortar los dedos o mochar orejas para poderle dar de comer a su familia. Él secuestraba y cobraba millones de dólares. Y las críticas que yo recibía eran ‘¡Qué miedo me dabas!’, ‘¡Qué malo eras!’ “Aquí, saben que un actor interpreta al expresidente y mi responsabilidad es tratar de interpretarlo lo más fielmente posible, lo más verosímil posible. Tratar de interpretarlo desde la verdad actoral en función y al servicio de una ficción. –¿Qué puede aportar Tlatelolco en este momento? –Una visión de la necesidad que hay por este despertar estudiantil; por este nuevo despertar de los jóvenes, a los cuales se pensaba que estaban adormecidos, o que los estudiantes estaban más en las redes, en la chacota, y no estaban comprometidos con el proceso político nacional actual. Según Sosa, la juventud “dejó en claro que hay un México pensante, un México harto y cansado de las manipulaciones políticas, ideológicas” y concluye: “Es un México que ya está muy fatigado de más de lo mismo... Creo que el YoSoy132 es un movimiento importante”.

Comentarios