No a la violencia como destino: Ramón Vargas

martes, 18 de septiembre de 2012
Acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minería, dirigida por Carlos Miguel Prieto, la soprano María Alejandres, el Mariachi América y el Trío Los Morales, el tenor Ramón Vargas ofreció el sábado 15 un concierto en el Auditorio Nacional. Entrevistado dos días antes, “el mejor tenor lírico del mundo”, como lo califica su colega Jonas Kaufmann, afirma: “Quisiera que pudiéramos celebrar una independencia de la violencia, una independencia de la corrupción”. MÉXICO, D.F. (Proceso) Aunque dice ser muy tímido, el tenor Ramón Vargas confiesa que canta a la menor provocación. Y es verdad. A mitad de la entrevista, al hablar de la influencia en su formación de los cantantes populares Pedro Infante, Jorge Negrete y Javier Solís, se suelta cantando una frase de Sombras... Nada más, del letrista argentino José María Contursi: “Sombras, nada más, entre tu vida y mi vida...” Nacido en la Ciudad de México en 1960, Vargas celebra tres décadas de carrera profesional, aunque en realidad canta desde niño, cuando estudiaba en el colegio lasallista Cristóbal Colón de La Villa. Hasta ahí, ha relatado, llegó su todavía maestro Antonio López en busca de voces para el Coro de Infantes de la Basílica de Guadalupe. Uno de sus compañeros le dijo al profesor, que a él no lo audicionara pues seguro pasaría: “¡Es el Pedro Infante de la escuela!”. –¿No le quedaría más la comparación con Jorge Negrete, con una voz más potente y educada? –Estamos hablando de dos cosas diferentes: Jorge Negrete tenía una voz más dotada y potente que Pedro Infante, era un instrumento mayor, como tener un piano Steinway de gran cola, era maravilloso. Pedro Infante no, tenía un instrumento más discreto, muy bonito, pero lo que me gusta mucho de él es su modo de decir, su interpretación, más que su voz. A los dos los admiro mucho, son –sin duda– pilares de nuestra música. Pero es una cuestión de gustos y a mí, Pedro Infante me parece un gran poeta, era un poeta con la voz. –Con Javier Solís incluido, ¿estos cantantes tuvieron realmente algo que ver con su formación como cantante? ¿En algún momento pretendió imitarlos? –No... Javier Solís cantaba precioso, tenía esa voz: “Sombras, nada más, entre tu vida y mi vida...”, pero era un poco el más desgraciadito de los tres, una persona más simple, no tenía esa personalidad, era un poquito más opacado. Infante era un canalla que sabía estar de bueno, de malo, de lo que fuese, era también un talento histriónico extraordinario que nunca estudió, un talento natural impresionante, cuanto más lo observo más me doy cuenta. “Y Jorge Negrete venía de una buena familia, bien educada, Infante era un cantante del pueblo, un carpintero que fue, ganó un concurso, se encontró con la fama y no supo qué hacer, además murió muy joven. Es admirable, es el sueño americano, el sueño mexicano en este caso.” En el marco de las fiestas conmemorativas del 202 aniversario del inicio de la Independencia, Vargas ofrecería un concierto en el Auditorio Nacional el sábado 15. Un par de días previos a la presentación, y momentos antes de su ensayo con el mariachi, habla en breve entrevista con Proceso, en su camerino, del porqué celebrar aun cuando el ambiente en el país, sumido en una de las peores crisis de violencia de toda su historia y nuevamente con un conflicto postelectoral, no motiva a ello: –Debemos de tratar de celebrar la Independencia de México y ojalá podamos celebrar la independencia de México de los viejos vicios. Quisiera que pudiéramos celebrar una independencia de la violencia, una independencia de la corrupción. El día que lo hagamos seremos el país más feliz del mundo, porque ésa es la lacra de nuestro país: La corrupción lo está arruinando. “Y me preocupa que se meta hasta la médula de nuestros huesos. Como que entramos en una situación donde ya es normal la mordida hasta para cualquier cuestión burocrática. Todo mundo le rasguña, ¿no? ¡Eso es inaceptable! A nivel bajo es la rasguñada, luego la mordida y después es el zarpazo... No podemos aceptar lo que estamos viviendo en México, como si fuera nuestro destino. ¡Ese no es nuestro destino! Si lo aceptamos estaremos acabados como país y eso no puedo aceptarlo.”   Educación y cultura   Considerado por algunos, entre ellos su colega Jonas Kaufmann, como el mejor tenor lírico del mundo, Vargas coincide con otras personas del medio cultural en que el arte y la cultura pueden salvar al país: “A través de la cultura te vas a sensibilizar y si entiendes los valores culturales de los pueblos los vas a respetar, vas a respetar la arquitectura de un lugar. Esto que vemos ahora (dice señalando un cuadro de arte-objeto de Rafael Álvarez Díaz) tiene una estructura artística importante. Este señor es un gran artista aunque él diga que es artesano, posee una imaginación enorme, cuando alguien entiende eso lo respeta y no le va a tirar una pedrada. “Cuando la gente entienda los valores de un pueblo no va a querer enriquecerse a como dé lugar, va a disfrutar lo que tiene alrededor. Es un tema difícil, pero la cultura nos puede ayudar, si no, no podremos salir del bache, pues no es solamente que la gente tenga trabajo –lo debe tener–, pero también cultura y educación, y eso se puede dar a través de las artes.” Menciona varios lugares como Venezuela y Estados Unidos donde se han realizado experiencias en este sentido Y zonas marginales en las cuales se abrieron centros de cultura o se realizaron proyectos artísticos, cambiaron su situación, “está demostrado”. Recuerda el caso de un coro de niños de la calle en el Centro Histórico de la Ciudad de México, presidido por él mismo, donde “la única ilusión de los niños era pertenecer al coro, entonces llegaban temprano y se ponían a chambearle, porque eso los diferenciaba”. Desgraciadamente, dice, el proyecto se fue perdiendo. Ahora le gustaría saber qué ha pasado pero, sobre todo, desearía que hubiera otros proyectos similares no sólo impulsados por la sociedad civil, sino desde el Estado. El fallecido director de orquesta Eduardo Mata, quien dio al tenor su primer papel importante como Fenton en la ópera Falstaff, de Giuseppe Verdi, trajo a México el programa de orquestas y coros juveniles, que vio en Venezuela, y tenía un propósito similar al que describe Vargas: motivar a los niños y jóvenes a través de la música. Durante el gobierno foxista el programa vino a menos, concentrándose prácticamente en la Ciudad de México. Ahora, para impulsar a jóvenes talentos, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) hizo el reality show titulado Ópera Prima, que recientemente se organizó con bandas musicales. Se le pregunta al cantante su opinión y responde tajante: “¡No, no, eso no es lo que necesitamos nosotros, necesitamos formación, no sacar un niño prodigio, eso no sirve de nada! Se requiere una formación desde abajo, no para que salga un talento sino muchos, hace falta un proyecto o un programa para esto.” El pasado jueves en el Auditorio Nacional, ante un reducido público, Vargas tuvo una conversación, previa a su concierto, con el director de ópera Sergio Vela, expresidente del Conaculta, en la cual de manera relajada y amena habló de su desarrollo profesional y de su vida. Recordó su debut como cantante de ópera hace 30 años, cuando tras ganar el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli lo invitaron a cantar en Monterrey, junto con la soprano Encarnación Vázquez, en Lo Speziale, de Hayden, “una ópera pequeñita, muy simpática, muy bonita”, en el Teatro San Pedro, que entonces inauguraría Carmen Romano, esposa del presidente José López Portillo. En la primera parte se presentó La serva padrona, de Pergolesi, que aunque divertida “si no se comprende es un verdadero ladrillazo” y para entonces no se usaban las traducciones simultáneas, así que la gente “estaba alucinada, diciendo si así está la primera ¿cómo estará la segunda?”. La señora Romano inauguró y al final de la primera ópera se salió del teatro y junto con ella “se fueron todos los barberos... hasta los de Sevilla (rió) y cuando salimos a cantar ya no había nadie. Había sólo unas treinta o cuarenta personas, estaba mi maestro, su familia, mi mamá, mis hermanos y uno que otro despistado, dijimos: ¿qué hacemos? Pues así cantamos”. Luego vendría el Palacio Bellas Artes como un segundo debut. Y ahí es donde el 30 de octubre próximo celebrará también sus 30 años como cantante. Él dice que nació como un cantante popular a quien después llegó la música clásica. En su vida han sido determinantes Agustín Lara y José Alfredo Jiménez. Incluso cuando debía pedir algún permiso a su papá él le ponía como condición que le cantara algo de Lara. –Ha dicho que no es un cantante “efectista” al que le guste mantener los agudos o alargar ciertas notas para impresionar, pero al cantar por ejemplo El Triste, de Roberto Cantoral, lo hace a un ritmo que demanda mayor esfuerzo. –Es porque puedo, si alguien lo hace más rápido quizá es por gusto o porque no necesita ser más rápido, pero no lo hago por lucir la voz... No es una canción fácil y la canto en el tono que la cantaba José José, pensé que él la cantaba más abajo, pero no, la canta en el mismo tono que yo y es dura. Finalmente se le pregunta qué espera luego de 30 años de carrera si ya ha interpretado numerosos papeles y pisado famosos escenarios como el Met de Nueva York, La Scala de Milán o el Covent Garden de Londres. Dice sentirse tranquilo con su vida, pues aunque ha tenido penas muy grandes y problemas serios, “como todos”, considera que ha tenido mucha suerte. A nivel profesional sólo pide salud y fuerza para seguir dedicándose a esto que le gusta tanto, y asegura que cuando ya no pueda, “con mucha honestidad”, se dedicará a otra cosa. No descarta, por ejemplo, enseñar, pues estudió pedagogía.

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