Venezuela: Acuerdo forzado

El Tribunal Supremo de Justicia dictaminó que no era necesario que Hugo Chávez –quien convalece en La Habana– acudiera el jueves 10 a rendir protesta para considerarlo presidente de la República. Tal dictamen contradice lo que el propio Chávez pidió públicamente en diciembre antes de partir a Cuba para someterse una nueva intervención quirúrgica: que en caso de no regresar a Caracas para tomar juramento, debería convocarse a nuevas elecciones y apoyar como candidato al vicepresidente Nicolás Maduro. A decir de juristas venezolanos, el dictamen del tribunal es inconstitucional, pero, ante la ausencia de Chávez, avala un acuerdo político en la cúpula del chavismo. CARACAS (Proceso).- El 8 de diciembre, en una inesperada cadena nacional de radio y televisión, el presidente Hugo Chávez pronunció las que son hasta ahora sus últimas palabras en público. Tras confirmar que debía someterse a una nueva intervención quirúrgica en La Habana, aseveró: “Yo quiero decir algo, aunque suene duro, pero yo quiero y debo decirlo. Si como dice la Constitución se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite, óigase bien, para continuar al frente de la presidencia de la República (…) y sobre todo para asumir el nuevo periodo para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales, ustedes elijan a –el vicepresidente– Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela”. El mensaje de Chávez fue directo y claro. Su tono no dejó lugar a dudas: en caso de que el jueves 10 no volviera a Caracas para prestar juramento como presidente e iniciar un nuevo mandato (2013-2019), deberían convocarse nuevas elecciones. De acuerdo con el camino constitucional que el propio Chávez trazó, entre el fin del periodo de gobierno anterior y unas nuevas elecciones debería decretarse una presidencia interina ejercida por el segundo cargo en importancia con voto popular: el presidente de la Asamblea Nacional, para el cual fue reelecto por sus colegas el sábado 5 el diputado Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). De acuerdo con el texto constitucional, Cabello debería convocar a elecciones en un plazo de 30 días y, según lo ordenado por Chávez, Maduro sería el candidato del chavismo. Sin embargo, el miércoles 9 el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dictaminó que no era necesario que Chávez acudiera a tomar posesión para que se le considere presidente de la República, pues fue reelecto y goza de un permiso de la Asamblea Nacional (Parlamento) para ausentarse del país. De acuerdo con esta sentencia, inapelable e irrevocable, Chávez es presidente hasta que se encuentre en condiciones de rendir juramento como mandatario, y no se establece un plazo máximo de espera para su recuperación.   Incertidumbre   Las decisiones de la Asamblea Nacional y del TSJ “evidencian la falta de independencia de estos poderes públicos, pues violentan la letra de la Constitución vigente”, comenta a Proceso Vladimir Villegas, exembajador de Venezuela en México y uno de los redactores de la actual Carta Magna venezolana. Según la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, la juramentación se efectuará ante este órgano judicial (un aspecto previsto en la Carta Magna, toda vez que no ocurrió ante el Parlamento el jueves 10), pero no se sabe cuándo ni dónde. Esta determinación, a juicio de diplomáticos sudamericanos consultados por este semanario, coloca a Venezuela en una situación de incertidumbre. De acuerdo con Morales, al explicar la sentencia en conferencia de prensa el miércoles 9, al ser Chávez un presidente reelecto existe “continuidad administrativa” y, por tanto, todo su equipo de gobierno puede continuar en funciones. Maduro no tiene el cargo de presidente encargado o interino, sino que prosigue como vicepresidente, y aunque se han ampliado las funciones de la vicepresidencia hay aspectos en los que no puede actuar, tales como la remoción de ministros u ocupar el cargo de comandante de la Fuerza Armada Nacional, reservado al presidente. “Esta decisión deja muchos vacíos. Por ejemplo, quién es el comandante en jefe de las fuerzas armadas. Además, no define plazos. Asume que se dio un nuevo permiso al presidente en la Asamblea Nacional el 8 de enero y eso no fue así. Parte de la idea de que es el mismo enfermo, el mismo afectado el que decreta su falta temporal”, explica a Proceso el ­diputado Eduardo Gómez Sigala, quien coordina la bancada de legisladores de oposición, agrupados en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Con el apoyo de la mayoría de ­diputados, el PSUV logró que se aprobara la moción de Cabello en el Parlamento, a favor de que se “respete el derecho humano a la salud” del presidente “hasta que se alcance su recuperación”. A juicio de Gómez Sigala, es necesario decretar la ausencia temporal del mandatario y que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, asuma temporalmente la presidencia. “No es que Diosdado sea la mejor opción, pero es lo que corresponde legalmente”, afirma el diputado opositor. En tanto, el abogado constitucionalista y profesor de derecho público de la Universidad Católica Andrés Bello, Luis Alfonso Herrera, comenta a Proceso que con esta decisión, la Sala Constitucional del TSJ reconoció el argumento de la Asamblea Nacional y del gobierno según el cual Chávez no era electo, sino “reelecto”, figura no prevista por la Constitución. “Con esta argumentación de los magistrados, lo que ocurrió el 7 de octubre –cuando se efectuaron las elecciones presidenciales– no fue una elección presidencial sino un plebiscito de aprobación de la gestión presidencial, lo cual es completamente inconstitucional”, apunta. Para Herrera el acto previsto para el jueves 10 tenía pleno sentido. “La juramentación del presidente da la certeza de que quien ganó recibió el mandato en una fecha cierta y que se ha iniciado un nuevo periodo”, plantea el jurista, quien recordó que el propio Tribunal Supremo de Venezuela, en otras sentencias, ha establecido que “la juramentación era esencial para asumir el cargo en el caso de los gobernadores de Estado”. Además de la falta de precisión acerca de cuándo ocurrirá la juramentación de Chávez, para los críticos del gobierno el otro gran problema ha sido la rotunda negativa tanto del Parlamento como de los magistrados a designar una junta médica capaz de evaluar las condiciones de la salud del líder bolivariano. La figura de esta junta está prevista en la Constitución. “El gobierno ha manejado como un secreto de Estado la condición de salud del presidente Chávez; no hay acceso a la información pese a las implicaciones institucionales que obviamente tiene este caso”, dice a Proceso Mercedes de Freitas, directora de la sección local de la ONG Transparencia Internacional. Un ejemplo de la opacidad presente en este caso es que se desconocen los nombres de los médicos tratantes de Chávez, y a la fecha ningún “parte médico”, de los varios dados a conocer en Caracas, ha tenido a un galeno como vocero. “Nadie sabe cómo está la salud de nuestro comandante; de seguro Maduro o Cabello lo sabrán, pero nosotros no y eso que somos de la dirección del PSUV”, comenta al corresponsal un alcalde del chavismo, a condición del anonimato. Para tener un parámetro acerca de la gravedad de Chávez debe tomarse el pulso de sus apariciones públicas. El presidente, además del cáncer y de la intervención quirúrgica, ha sufrido una infección y más recientemente una insuficiencia respiratoria, según los parcos partes oficiales. Después del 8 de diciembre último no se le ha visto más ni se le ha escuchado; tampoco ha enviado mensajes a través de twitter.   Pugnas internas   Desde hace año y medio, cuando se le detectó el cáncer, Chávez ha estado ausente del país en varias ocasiones, pero siempre se cuidó de mostrarse “en funciones de gobierno”. De esa manera ejerció la presidencia de Venezuela, incluso desde Cuba, firmando decretos, haciendo llamadas telefónicas a los medios de comunicación del Estado, designando embajadores y hasta reuniéndose con sus ministros en La Habana. Nada de eso ha ocurrido en esta oportunidad. A juicio de Vladimir Villegas, otrora colaborador del gobierno, esta ausencia de Chávez del ejercicio del poder precisamente no debía ser avalada por el TSJ, ya que se sienta un mal precedente: “el presidente está confirmado por los otros poderes pese a que está incomunicado de sus ciudadanos”. Por su parte, el abogado constitucionalista Rafael Chavero comenta a Proceso acerca de la irreversibilidad de esta situación que marcará el panorama político en Venezuela en las próximas semanas o meses, el tiempo exacto lo dirá la salud de Chávez. “Desde el punto de vista jurídico no se puede hacer nada porque la Sala Constitucional del TSJ tiene la última palabra”, apunta. Durante el acto público celebrado este 10 de enero en Caracas, en sustitución de la juramentación y en presencia de los presidentes de Bolivia, Evo Morales; de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Uruguay, José Mujica, el vicepresidente Maduro negó que existan diferencias en la cúpula del chavismo. Sin embargo, dos fuentes distintas dentro del gobernante PSUV confirman a Proceso la misma tesis: el testamento de Chávez, en el sentido de que se convocaran nuevas elecciones de forma inmediata teniendo a Maduro como candidato, no pudo acatarse por desacuerdos entre las dos diferentes corrientes internas. La amalgama, el punto sobre el cual no hay ninguna discusión, es el liderazgo de Chávez. Por esa razón, ante la falta de acuerdos internos, se optó por mantener como presidente a un líder enfermo. Los primeros días de enero Cabello y Maduro sostuvieron una reunión en Cuba y ahí se definió la línea de acción: “Aquí tenemos un solo líder, un solo presidente y se llama Hugo Chávez”, dijo Cabello el martes 8 y lo repitió Maduro el jueves 10. Para un alcalde del PSUV consultado por el corresponsal, “la piedra de tranca” (el obstáculo) ha sido Cabello, quien tiene ascendencia sobre el mundo militar. En este momento 36 generales (recién ascendidos en julio último) fueron sus condiscípulos en la academia militar, donde obtuvo un reconocido segundo lugar en su promoción (1987) entre más de 200 oficiales. En tanto, la ausencia de altos mandos militares en algunos actos encabezados por Maduro es una señal de la división en el mundo militar, según la experta en temas castrenses Rocío Sanmiguel, consultada por Proceso. En estos primeros días de enero, Maduro y Cabello han procurado aparecer juntos en público; se prodigan fuertes abrazos y dice uno del otro: “es mi hermano”. Por ahora, el testamento político de Chávez que ungió a Maduro ha quedado en un segundo plano. Estos dos hombres deberán compartir el poder y la escena pública mientras el líder esté ausente. Sin embargo, aunque tímidas, empezaron a escucharse consignas tales como “se ve, se siente, Maduro presidente” en las calles de Caracas mientras tenía lugar la manifestación pública del jueves 10. Como suele decirse popularmente en Venezuela, ante situaciones de incertidumbre: “amanecerá y veremos”.

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