El regreso del equipo cultural salinista

martes, 22 de enero de 2013
La buena recepción para Rafael Tovar y de Teresa y su equipo en el Conaculta ¿implica que no cometieron desaciertos? Iván Franco, antropólogo y doctor en ciencia política, analiza que las dos administraciones panistas fueron tan desastrosas que se olvida el origen del Conaculta. A pesar de la experiencia de sus conductores, no ve en las declaraciones iniciales de Tovar el vínculo educación-cultura, sino el fortalecimiento del organismo nacido con el expresidente Salinas como “continuación del espíritu mercantil y un neoclientelismo”. Nada parecido al proyecto del cardenismo, “con amplio contenido social, apoyo intelectual, aunque pocos recursos”. MÉXICO, D.F. (Proceso).- En noviembre de 2011 se realizó en Mérida, Yucatán, el Foro Mesoamericano de Cultura, Turismo e Identidad. Ejes de la Integración Nacional, que por la asistencia de exfuncionarios de cultura salinistas y zedillistas fue visto como expresión de la cargada cultural en favor del entonces precandidato priista Enrique Peña Nieto, pero también como el anuncio anticipado del regreso de esas huestes a las instituciones culturales. A semanas de cumplirse el año de aquella reunión patrocinada por la entonces gobernadora Ivonne Ortega, el augurio se hizo realidad cuando el 7 de diciembre pasado Peña Nieto nombró a Rafael Tovar y de Teresa presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), cargo que desempeñó tanto con Carlos Salinas de Gortari como con Ernesto Zedillo. Quien fuera secretaria técnica del consejo con él, María Cristina García Cepeda, fue designada directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y el etnólogo Sergio Raúl Arroyo nuevamente titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). A su vez Saúl Juárez, exdirector del INBA y quien estuvo presente en aquella reunión, ya ha sido designado titular de la Secretaría Cultural y Artística del Conaculta. José Luis Martínez, ahora director de Asuntos Internacionales del mismo, ocupó la Secretaría Técnica, así como el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), que acaba de asignarse a Irma Mini Caire. Vuelven también Jaime Márquez, Jaime Vázquez, Luis Norberto Cacho, y se mantienen en la estructura Antonio Hernández Brito y Lidia Camacho, en puestos distintos. En el marco del encuentro en Mérida, en el cual estuvieron presentes, entre otros, los exdirectores del INBA Juan José Bremer Martino, Víctor Sandoval y María Teresa Franco, así como los historiadores Héctor Aguilar Camín y Enrique Florescano, este semanario entrevistó al antropólogo y doctor en ciencias políticas Iván Franco Cáceres, quien concluía entonces que era la “cargada cultural” al destacar (Proceso 1838): “Este es un foro oficial, convocado específicamente desde instancias oficiales y básicamente de políticos vinculados al PRI. Con gente del PRI. Inclusive está en la vicepresidencia el representante del gobierno del Estado de México (Agustín Gasca Pliego, secretario de Cultura de Peña Nieto como gobernador)…” Cuando se va conformando el nuevo equipo de cultura con los funcionarios del pasado, pareciera que aquella “cargada” tuvo éxito en el impulso a la presidencia de Peña Nieto y en colocarse nuevamente al frente del proyecto cultural del país, se le comenta hoy al también investigador del Centro INAH-Yucatán, quien responde: “Sí, es muy cierto. Pero pienso que los priistas por ahora son los únicos que no están promoviendo rosarios, peregrinaciones y serenatas a la virgen el 11 de diciembre junto con Televisa y TV Azteca, como voceros oficiosos del proyecto cultural del Vaticano y la Conferencia del Episcopado Mexicano o en su defecto la disneylandización de las zonas arqueológicas.” Pero tras destacar que un proyecto cultural es ante todo un discurso político con fondo social, dice no ver en Peña Nieto un proyecto educativo y cultural “para sacar al país de las marañas de las mafias y los grupos internacionales de poder y presión que están detrás de su presidencia y de la inmensidad de recursos naturales estratégicos de México. Recursos que ahora ven con ojos desorbitados los capitales internacionales: Petróleo, iridio, gas natural, oro y ahí enfocan hasta el patrimonio cultural”. Y rememora en el contexto del escándalo de corrupción de la cadena Walmart, difundido por The New York Times, en el cual se ha involucrado al INAH y a su director Sergio Raúl Arroyo, entre otros funcionarios: “Entre los investigadores siempre nos preguntamos por qué Walmart quería asentarse en el epicentro de la cultura teotihuacana. No es fortuita su decisión ni, en todo caso, imposible la creíble repartición de recursos en algunas instancias de gobierno.”   Sí vale lo simbólico   Vía correo electrónico, el investigador especialista en patrimonio, legislación y política cultural, autor de varios libros, entre ellos ¿Quiénes lucran con el patrimonio cultural en México?, da su opinión sobre el nuevo equipo y ofrece su visión sobre sus posibles planes: “No es fácil dar opinión si no se disgrega el conjunto. En general, sobre todo de la cabeza del grupo, Tovar y de Teresa, es claro su vínculo con el salinismo, del que puede decirse tomó cierta distancia cuando Zedillo lo mantuvo al frente del Conaculta. Es ante todo un grupo ecléctico, con posturas neoliberales pero también con resabios nacionalistas casi a la vieja usanza. “Entiendo que ahora, quizá por el desastre en que el PAN dejó al subsector cultural y por el lastre del proyecto Resplandor Teotihuacano cuando gobernó el Estado de México, Peña Nieto nombrara a ese equipo con trayectoria y experiencia. Desde luego deseamos que no se les vuelva a ocurrir montar tal engendro ni que dentro del INAH funcionarios miopes los avalen.” Admite no tener mucha información sobre García Cepeda, pero manifiesta su esperanza de que todos cumplan su promesa de apertura y diálogo. Y finalmente habla de Arroyo, con quien tuvo trato muy directo en su anterior gestión en tanto que Franco fue secretario general del sindicato de investigadores del INAH: “Ha sido un defensor a ultranza de un aspecto básico para el INAH: Su autonomía técnica, ámbito que poco entienden políticos y empresarios, sobre todo los que están muy involucrados con los grandes intereses globales.” Se le comenta que en algunos ámbitos su llegada fue bien recibida. Luego vendría el destape del caso Walmart. Dice sobre los dos puntos: “Creo que se debe a los dos aspectos que refiero en lo que comento antes… Se puede decir que es del INAH, es egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y conoce la problemática interna y externa del instituto, si bien no se puede negar que pasó por varios problemas. Uno, la situación del Walmart, y otro su enfrentamiento frontal con Sara Bermúdez (presidenta entonces del Conaculta), que le costó el puesto, cuyo clímax se expresó en España. “He leído la entrevista que recién le hizo Proceso en la que se desmarca él y a la institución de los sobornos, pero –como fue nuestra postura en ese momento– no concuerdo con que lo simbólico de Teotihuacán no sea un argumento para frenar la voracidad trasnacional sobre el patrimonio cultural. Quizá no sea algo legal, pero frente a esos intereses nunca está mal apelar a ese aspecto, que a fin de cuentas fue la base del discurso nacionalista constructor de gran parte de la identidad mexicana.” La buena recepción para Tovar y de Teresa y su equipo no implica que no cometieron desaciertos, pero las dos administraciones panistas fueron consideratas tan desastrosas que se piensa en una reorientación del rumbo de la política cultural. A decir de Franco, lo cierto es que la creación del Conaculta fue “arbitraria” y dio paso a una “noción sajona de cultura” que ha impactado a todo el país y “ha dado paso al desarrollo de un discurso paradójicamente contrario a los símbolos más fuertes de la identidad”. Le llama la atención que no se haga ahora un balance crítico de la institución creada en 1988 por decreto presidencial de Salinas de Gortari. En un brevísimo recuento separa la historia de este organismo en dos periodos: El que va de su inicio a 1999, en el cual estuvo más vinculado a la Secretaría de Educación Pública, de la cual depende, y la de 1999 a la fecha: “Que arranca cuando el senador Mauricio Fernández Garza empezó la escalada de iniciativas neoliberales que han querido convertir al INAH y al INBA en instrumentos de lucro del patrimonio arqueológico e histórico y de servicios turísticos favorables a minorías y a élites que ahora ven con buenos ojos a los herederos de la cultura antigua, que en ámbitos laborales desdeñan. Recuerdo que entonces Proceso dejó en claro que Teresa Franco, también del grupo, apoyó la iniciativa del senador panista por Monterrey.” –Aún no han presentado un programa detallado, sólo han esbozado algunas líneas muy generales. ¿Cuáles cree que serán sus propósitos? –Según observo de la entrevista que dio a Proceso, Tovar y de Teresa plantea una especie de tregua entre las aspiraciones del Conaculta y las demandas que se le han hecho desde el INAH, el INBA y otras delegaciones sindicales, en el sentido de que esa institución deje de invadir sus materias de trabajo. Pero los políticos y funcionarios culturales se empeñan en que eso siga ocurriendo. Cita la frase en la cual Tovar califica de “brazos armados” de la política cultural a los institutos para establecer que más bien deben serlo de la política educativa, “inspirar lo que podría ser una reforma educativa de fondo, que desde luego incluya lo mejor de las propuestas de las universidades públicas. Son la base de la investigación y reflexión de la identidad y diversidad de este país, no las universidades privadas y patitos de las que surgen ahora quienes quieren mandar e imponer ‘políticas culturales’”.   Intereses de peso   Cuando se le pregunta si son estos funcionarios que regresan a quienes se refiere en su libro ¿Quiénes lucran..., aclara que no, que el volumen presenta más bien un análisis de instituciones como el Conaculta y el INAH en los últimos años, pues como quiera sus directivos están marcados por la firma del Tratado de Libre Comercio y “las aberraciones que trajo para la vida educativa y la identidad a nivel nacional con la ubicación de la cultura en servicios”. De hecho, atribuye la urgente reforma educativa a la necesidad de “tapar el pozo”, cuando falta una mirada muy puntual sobre la política cultural aplicada desde la creación del Conaculta, “pero ésta es una tarea que muy pocos están dispuestos a dar, porque no quieren quizá mirarse al espejo, verse reflejados o perder relaciones hacia arriba y hacia fuera, incluida la UNESCO”. –¿Cree que el actual gobierno seguirá considerando a la cultura como servicio y terminará por separarla de la eduacción? –Espero que no, pero la clase política e iniciativa privada tan pragmáticas que tiene México no da mucha esperanza. Sin embargo, considera que esos grupos “no están cómodos” con el regreso del equipo de Tovar, quizá porque esperaban que la cultura se encaminara hacia esa separación. Comenta que leyó el discurso de toma de posesión de Arroyo al frente del INAH y “defiende el vínculo educación-cultura, lo que no parece concordar mucho cuando Tovar y de Teresa declara que quiere fortalecer al Conaculta”. Advierte que desde la Presidencia, la SEP y el Conaculta, podría darse juego a los grupos que pugnan por la separación cultura-educación y que han impulsado proyectos turísticos como Resplandor Teotihuacano, apoyados por los gobiernos estatales. Cita otro caso con esa orientación: El I Festival de la Cultura Maya, avalado por Peña Nieto, organizado “a partir de la falacia occidental del fin del mundo (torpe, por no decir estúpidamente atribuida a los mayas)... Son eventos para las clases medias y turistas despistados, no para los mayas de ahora. Clientelismo ampliado”. –Según Rafael Tovar, una de las líneas centrales de la política cultural será la prevención del delito. Hay ya incluso una partida presupuestal especial. ¿Cree que la cultura es realmente la clave para solucionar los problemas de violencia en el país? Luego de decir que se ha intentado más en el discurso que en los hechos, aunque ciertamente haya grupos que trabajan en colonias marginadas y logran sacar algún talento artístico, cultural y deportivo, recuerda un factor de peso: “En México el ‘consumo cultural’ lo controlan Televisa y TV Azteca en un 80% (la SEP funciona a través de las telenovelas, decía Carlos Monsiváis), y entonces elevar el nivel de disfrute y educativo de la población está en chino. Ese modelo aplica para naciones con sistemas educativos que aun en crisis, como Europa, han mantenido un alto nivel de lectura y ofrecen mucho tiempo educativo-cultural gratuito a sus ciudadanos de todas las edades: Reino Unido, Francia, Alemania, un poco Brasil en América Latina, y párale de contar. Un ejemplo: ¿Cuántos mexicanos vieron la pésima película Morelos?” –¿Y la cultura vinculada al comercio, el turismo, etcétera, puede ser clave para el desarrollo económico y social? Rafael Tovar ha dicho que abrirá más la participación a la iniciativa privada. –No dudo que algunos grupos, y por supuesto algunos poderosos (como ocurre ahora con el Gran Museo del Mundo Maya), encuentren atractivo invertir en industrias culturales, sobre todo porque el turismo sigue siendo lo más a mano de las decisiones políticas de relumbrón. Son quienes pueden pagar una entrada a un museo u otra actividad atractiva. Pero hace unos días el gobierno de Yucatán invirtió casi dos millones y medio de pesos en automóviles para que “empiece a funcionar el Gran Museo”, y me dí cuenta en una ocasión de una larga lista de pendientes que esa obra aún arrastra. ¿Quién está absorbiendo esos faltantes? ¿Qué iniciativa privada y para qué actividad cultural se le requiere? –Finalmente, si Peña Nieto tuviera un verdadero interés por la cultura, ¿qué debería considerar su proyecto? –Un proyecto cultural relevante, con instituciones claramente definidas social y legalmente, surgió en México con el cardenismo. Fue todo un discurso con amplio contenido social, apoyo intelectual, aunque pocos recursos. Como sea, Lázaro Cárdenas no llegó al poder con tarjetitas del hambre, votos mal contados y manipulación mediática. Sinceramente no veo proyecto o, mejor dicho, veo la continuación del espíritu mercantil y un neoclientelismo cultural que empezó con el salinismo y el Conaculta. “Veo también, desde luego, una serie de políticos con experiencia, niveles de compromiso personal e institucional disparejos y, en algún sentido, personas con las que quizá se pueda dialogar y hasta pelearse de forma franca y abierta. Creo que éste es el tono real del beneplácito.” En el caso particular del INAH, dice que con el beneficio de la duda y “sin firmar cheques en blanco”, el papel de los trabajadores seguirá siendo analizar y señalar cuando vean “la arrogancia e ignorancia de políticos y funcionarios que quizás entienden, pero en la práctica no defienden, la riqueza histórico-cultural y –por qué no– simbólica de este país, o que toman todos esos campos como pretexto para lucrar.

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