El SAT se defiende: El objetivo, frenar el abuso empresarial

miércoles, 9 de octubre de 2013
Tras deslindarse –“nosotros no definimos la política tributaria”–, el jefe del Servicio de Administración Tributaria, Aristóteles Núñez Sánchez, sostiene que la agresión fiscal a la clase media es sólo un mito y añade que el propósito de la reforma hacendaria es frenar los privilegios. Hábil para no meterse en política, el funcionario dice a Proceso que incluso los empresarios y legisladores ya hicieron recular a la autoridad en materia de IVA y otros temas fiscales. MÉXICO, D.F. (Proceso).- Ni ataques a la clase media, ni obstáculos a las empresas; mucho menos, atropellos a los trabajadores. “Lo único que queremos con la reforma hacendaria es frenar los abusos de quienes hacen todo lo posible por no pagar impuestos, o pagar lo mínimo; regresarle a las leyes la progresividad que han perdido en el tiempo; acabar con los privilegios, y tapar, de una vez por todas, las vías de elusión y evasión fiscales”. Así responde Aristóteles Núñez Sánchez, jefe del Servicio de Administración Tributaria (SAT), al cúmulo de críticas de los contribuyentes, empresas y personas físicas a la reforma hacendaria propuesta por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Licenciado en administración industrial por el Instituto Politécnico Nacional –oriundo de Oaxaca, de 44 años–, Núñez Sánchez sostiene que, sobre todo, muchas grandes empresas han abusado de regímenes especiales, como la consolidación fiscal o el régimen simplificado, para no pagar impuestos o reducir al mínimo su tributación. O que miles de empresas, de todos los tamaños, prefieren atascarse de bienes inútiles antes que pagar impuestos, aprovechando el beneficio de la deducción inmediata de las inversiones. También, que miles de personas físicas de altos ingresos acaban pagando menos al fisco que quienes ganan menos pues, entre otros mecanismos, meten tantas deducciones que terminan teniendo saldos a favor. O que hay miles de empresas “exportadoras” con altos volúmenes de producción pero que sólo exportan 10% de ésta, pero sí aprovechan las exenciones de ley: importan insumos sin pagar IVA (la ley se los permite) y luego venden sus productos elaborados en el país, deslealmente, lo que le pega brutalmente a los productores nacionales. El funcionario que dirige el órgano fiscalizador –brazo recaudador de la Secretaría de Hacienda– es un tipo tranquilo; no se altera –sólo le crispa el click de la cámara fotográfica– y es hábil para eludir los comentarios de orden político. –El gobierno preparó todo para dar el gran salto con el IVA en alimentos y medicinas. Hasta obligó al PRI a cambiar sus documentos básicos. Al final decidió no darlo. Los grandes industriales de alimentos procesados seguirán gozando de multimillonarias devoluciones; los más ricos del país seguirán sin pagar IVA, como los más pobres, y el fisco federal dejará de recibir en 2014 cerca de 204 mil millones de pesos, poco más de un punto del PIB, según el Presupuesto de Gastos Fiscales –se le plantea. –Esa es una definición de política tributaria que no nos corresponde tomar a nosotros. El SAT es un órgano que ejecuta, que observa y que busca que se cumplan las leyes. Nosotros no definimos la política tributaria... Fragmento de la entrevista que se publica en la edición 1927 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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