Reducción al presupuesto 2014 ¿Tropezar con la misma piedra?

martes, 19 de noviembre de 2013
Contrariando el discurso político del gobierno mexicano en cuanto a impulsar la industria cinematográfica nacional, por segundo año consecutivo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público impuso recortes presupuestales que afectarán fuertemente las inversiones productivas. El cineasta, analista y presidente de la Sociedad Mexicana de Directores Realizadores de Obras Audiovisuales, ofrece aquí un recuento estadístico que desemboca en esta reflexión: ¿El partido en el gobierno quiere emular al sexenio de Zedillo, cuando sólo se produjeron 16 largometrajes por año? MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuando nos enteramos de los recortes presupuestales de 2013, nos preocupamos por las repercusiones negativas que traería a la política fílmica de los últimos años y no comprendimos las razones del gobierno entrante para frenar el proyecto exitoso de la industria cultural cinematográfica mexicana que apoyó desde la oposición, pero ahora agrede como gobierno. Esto a pesar de que dicha industria crecía por encima de los estándares económicos nacionales, mientras los demás campos de la economía sufrían graves atonías o peligrosos retrocesos. La Secretaría de Hacienda y Crédito Publico (SHCP) repite la dosis en 2014 proponiendo nuevamente un presupuesto reductivo, que tendrá repercusiones más serias ya que el margen de maniobra de los responsables de la cinematografía en 2013 se redujo a niveles alarmantes y esto nos lleva a preguntarnos: ¿El partido en el gobierno quiere desaparecer el cine mexicano tal y como lo intentó en la última década del siglo XX, cuando en el sexenio de Zedillo sólo se produjeron 16 largos por año? La receta empleada en hombres y materia de presupuesto es la misma: Rafael Tovar al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), y reducciones anuales a la cinematografía por considerarla un gasto a fondo perdido, olvidando que dentro del sector de las industrias culturales es una de los más dinámicas y de las que más aporta al Producto Interno Bruto. Para 2014 la SHCP propone bajar de los 374.6 millones de pesos aprobados para el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) en 2013, a 343.7 millones; e igualmente al Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) pasar de 75.6 millones a 42.9, y a Estudios Churubusco de 128.4 millones a sólo 47.8. La menos golpeada es la Cineteca Nacional, que recibiría un leve incremento de 47.4 a 47.8 millones de pesos. Si a los recortes propuestos por Hacienda añadimos la pérdida por inflación de 2013, la caída real sería del orden de -10.45% para el Imcine; de -47.6% en el CCC; -42.42% para Estudios Churubusco, y a la Cineteca Nacional, de -3.6%. El grave problema es que para 2014 los recortes se concentran en la inversión productiva, es decir: se quita presupuesto para desarrollar actividades fundamentales, y así el Imcine no podrá apoyar la realización de cortometrajes, ni el CCC realizar los ejercicios escolares pues será una escuela teórica, ya que le recortaron a sus alumnos la posibilidad de filmar y grabar sus prácticas escolares y tesis. Afortunadamente, 2013 resultó un año de ajuste un tanto contradictorio. Se inició con graves recortes en materia presupuestaria por parte del nuevo gobierno, que hicieron bajar al Imcine de 525 millones de pesos a 374.3 millones, con un recorte adicional decretado por el Ejecutivo educativo de 25 millones de pesos. Habría que agregar la inflación del año anterior que, según cifras oficiales, fue de un conservador 4.3% en el periodo. Esto significó una caída de -33% en términos reales para 2013. A pesar de ello y gracias a la inercia de apoyos que traía nuestro cine, más la experiencia cinematográfica del actual director del Imcine, Jorge Sánchez Sosa, se consigue apoyar y producir más o menos la misma cantidad de filmes cuando, además, se ha logrado incrementar la comunicación de nuestras historias con el público nacional, con mucho menos presupuesto. Para finales de este año se alcanzarán posiblemente los 26 millones de espectadores en salas cinematográficas, cifra que supera la más alta de los últimos 20 años. Los ajustes de 33% menos en 2013 se realizaron principalmente con recortes de personal (se habla de entre 65 y 80 despidos); reducción en el monto de los apoyos de los dos fideicomisos a la producción o merma de apoyo a escritura y talleres de guión, etcétera. Hasta la fecha de cierre de este artículo, los resultados indican que disminuyó el número de cintas apoyadas directamente del Imcine, pasando de ocho apoyos directos de 8.4 millones de pesos a sólo dos, con 1.8 millones en total, es decir, una caída de 78.52%. En el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) se apoyaron siete cintas de ficción y siete documentales para filmar, además de dos ficciones y cuatro documentales en post producción, sumando 20 en total; pero por el momento se desconoce el monto ejercido en 2013 (debido a que regresó la opacidad en el flujo de la información, tal y como abundaremos más adelante), pues ahora en los resultados publicados ya no aparecen los recursos públicos asignados a los beneficiarios. De lo que estamos ciertos es de que el monto de los apoyos se redujo, de acuerdo con la convocatoria lanzada donde se pusieron los apoyos conforme a lo solicitado y con cifras menores que las de 2012. En el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) se redujeron los 104 millones de pesos asignados en 2012, a un presupuesto autorizado de 92 millones. Por decisión del Comité Técnico se acordó que el máximo apoyo en este año fuese de 8 millones, sin respetar sus reglas de operación, donde se indica que los montos máximos a un proyecto o a un productor sean de 10% de la partida presupuestal designada; tal decisión de reducir los montos de ayuda del gobierno provocó que hasta octubre se hayan beneficiado 19 filmes con 127.9 millones de pesos, producto de la suma del presupuesto anual más aquella de los regresos de las cintas apoyadas durante los 11 años de existencia del Fidecine. A lo cual hay que agregar lo que se recibe por autorizaciones y, sobre todo, por cancelación de apoyos de años anteriores, ya que la normatividad se ha vuelto muy opresiva y cancela automáticamente beneficios otorgados a quienes no alcancen a consolidar su proyecto en el tiempo autorizado. Además, deben sumarse los proyectos aprobados mediante la convocatoria extraordinaria lanzada para otros más chicos, cuyos apoyos son todavía menores. Esto supera, con creces, los 14 filmes de 2012 y sus 121 millones de pesos. Dentro de lo malo del Fidecine estuvo el hecho de que, por primera vez en su historia, los integrantes del Comité Técnico no leyeran todos los guiones, como indican sus reglas de operación, y se repartieran los trabajos para preseleccionar entre ellos, lo cual rompe los equilibrios de opinión y deja en la indefensión a muchos proyectos que fueron eliminados sin un análisis plural. Si bien la reducción del monto de los apoyos fue una cosa arbitraria pero necesaria debido al ataque a la cultura fílmica, lo justo es decir que tal acción ayudará a reducir la inflación desatada que vivía la economía cinematográfica. Ésta y otras medidas que se adopten en el corto plazo pondrán cierto orden en materia de costos y gastos en la producción, un ajuste necesario que ha sucedido en casi todas las industrias que han vivido la misma situación de apoyos oficiales. El caso más exitoso ha sido el de Corea del Sur. Invirtió en la preparación académica, apoyó luego la producción y se le dispararon los costos; tras su éxito mundial como marca de calidad, sobre todo en cine de terror, se hicieron ajustes a sus apoyos y hoy por hoy es una industria ejemplo en materia de producción, exportación y consumo interno. Dicho ajuste a los costos de producción ya se venía haciendo paulatinamente desde hace tres años y con este gran apretón se equilibrará más la inversión a las posibilidades reales de recuperación, dentro de nuestro mercado. La buena noticia para 2014 fue el hecho de que el Senado de la Republica, impulsado por la senadora panista Marcela Torres Peimbert, lograse que el estímulo del artículo 226 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta sobreviviera a la Reforma Fiscal. Este estímulo fundamental para nuestro cine se salvó de la poda general y se convirtió en el nuevo 189, incrementando el apoyo a la producción, de 500 millones a 650 millones de pesos. Con ello se consiguió actualizarlo de la pérdida inflacionaria de 2005 a 2013 (que según indicadores oficiales supera el 32.6%, y otros más fidedignos indican que fue de 40.2%) obteniendo un monto de 50 millones para distribución, promoción y publicidad. A lo negativo de los recortes en los dos últimos años hay que agregar que estamos regresando a las épocas negras de la opacidad informativa. Cada día se publica menos información sobre los datos básicos de los resultados de los concursos, así como se han ido eliminando datos estadísticos imprescindibles para la claridad y transparencia en la página del Imcine. Esperemos que las autoridades en turno rectifiquen su política de recortes y poca transparencia que tanto mal ha hecho a nuestro país y al cine; que corrijan su visión neoliberal, sobre todo ahora, cuando sus principales teóricos han entendido que en algunos campos es precisa y necesaria la participación estatal para dirigir sus destinos, al tiempo que se cumple con los compromisos internacionales donde tienen, entre otras, las obligaciones de: Primero, la no regresividad en los derechos humanos y culturales, como es la caída presupuestal; segundo, la de garantizar la libertad de expresión audiovisual mediante el acceso a la producción, y tercero, la de garantizar la circulación del imaginario nacional y mundial con el pueblo mexicano. En la vida y en las teorías económicas se nos dice que a propuestas iguales, resultados iguales. Es hora de que se cambien los resultados en materia audiovisual, cambiando los fundamentos del presupuesto del área. En caso contrario nos tropezaremos con la misma piedra del siglo XX.

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