Auge explosivo de las mafias farmacéuticas

sábado, 9 de noviembre de 2013
Al menos 523 tipos de antibióticos, anticonceptivos, tratamientos contra la disfunción eréctil, la osteoporosis, el colesterol, la diabetes, el cáncer o el sida son objeto de falsificación. Uno de cada tres medicamentos vendidos en Asia, África y América Latina son falsos y muchos contienen tóxicos potencialmente letales. Los expertos advierten: este tráfico es más rentable que el de los estupefacientes y no implica muchos riesgos ni sanciones penales de consideración, por lo cual las mafias podrían lanzarse a su producción y venta. PARÍS (Proceso).- “Las estimaciones de la Federación Internacional de la Industria del Medicamento son abrumadoras: la falsificación de un ‘fármaco blockbuster’ –el cual le rinde beneficios superiores a mil millones de dólares al fabricante– es mucho más rentable que el tráfico de heroína. Mil dólares invertidos en la ‘farmacéutica pirata’ pueden rendir hasta 500 mil dólares, mientras que aquella cantidad invertida en el tráfico de heroína ‘sólo’ genera 20 mil dólares de ganancias”, advierte Bernard Leroy, director del Instituto de Investigación sobre Falsificación de Medicamentos (IRACM, por sus siglas en francés). Leroy reconoce, sin embargo, que es difícil valorar las ganancias globales del tráfico de medicamentos falsificados: “Sólo son hipótesis. El Centro para la Medicina de Interés Público de Estados Unidos habla de 75 mil millones de dólares en 2010, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) menciona 200 mil millones de dólares para el mismo año, mientras un estudio realizado por petición de la farmacéutica Pfizer maneja una cifra que va de 10 mil a 11 mil millones de dólares sólo en la Unión Europea. “La fabricación de medicamentos falsos y su tráfico están en auge. Es urgente que la opinión pública y los gobiernos realmente tomen conciencia de este fenómeno que causa estragos en los países en desarrollo y afecta cada vez más a los desarrollados. La situación es grave y amenaza con empeorar si no se toman medidas drásticas. “La Organización Mundial de Aduanas asegura que el tráfico de medicamentos falsificados aumentó 300% entre 2007 y 2009. Ese año las aduanas decomisaron 117 millones de fármacos falsificados en la Unión Europea, 18 millones de los cuales eran peligrosos. La Operación Cobra, coordinada por la Interpol con policías y servicios de aduanas y de salud de siete países de África Occidental, decomisó 10 toneladas de productos falsificados entre el 26 de septiembre y el 2 de octubre de 2011”, añade. “Por su lado el IRACM participó en otros dos operativos de gran envergadura en África que desembocaron en los decomisos sucesivos de 80 millones y 550 millones de dosis ilícitas. Es importante recordar que todos esos productos confiscados son sólo la punta del iceberg.” Leroy recalca que el Instituto de Seguridad Farmacéutica de Estados Unidos calcula que 523 tipos de medicamentos son objeto de falsificación: antibióticos, anticonceptivos, antitetánicos, fórmulas contra la disfunción eréctil, osteoporosis, colesterol, diabetes, tratamientos contra cáncer o sida, antiinflamatorios... La falsificación incluye también material médico. Da ejemplos: “Se venden medicamentos falsificados contra el paludismo y la tuberculosis en 90 países, y éstos causan cada año la muerte de unas 700 mil personas, esencialmente en África, Asia y América Latina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) es categórica: uno de cada tres medicamentos vendidos en países de estos tres continentes es falsificado y lo mismo ocurre con uno de cada cinco que se venden en las antiguas repúblicas soviéticas. “La OMS es aún más drástica cuando se refiere a los fármacos vendidos por internet. Asegura que 50% de ellos son falsos. Por su lado, la Alianza Francesa para el Acceso a Medicamentos Seguros asevera que 62% de esos productos son copias”, señala.   Tipología criminal   El IRACM fue creado en 2010 por iniciativa del grupo francés Sanofi, una de las empresas más involucradas en la lucha contra la falsificación de fármacos. No es para menos: la industria farmacéutica mundial afirma que el crimen organizado le hace perder entre 10 y 15% de su volumen de negocios. Sanofi pretendía aglutinar los esfuerzos de todos sus pares en este combate. Todavía no lo logra. Explica Leroy: “Ahora el IRACM es bastante autónomo de Sanofi y colabora esencialmente con la Comisión Europea y organismos de las Naciones Unidas. Eso nos permite ser financieramente autónomos y nos asegura mayor credibilidad e influencia. Nuestra misión es luchar contra esos vendedores de la muerte que no tienen escrúpulos. “Cada año capacitamos a un promedio de mil aduaneros y policías de 50 países en técnicas de detección de productos falsificados. Nos desempeñamos también como organismo consultor y lanzamos frecuentes campañas de concientización destinadas a la opinión pública y a los gobiernos que a nuestro juicio no han medido aún la dimensión real del problema.” Con esa meta el IRACM publicó el pasado septiembre el informe Medicamentos falsificados y organizaciones criminales. Es la primera investigación sobre el tema que busca establecer las tipologías de las redes criminales que fabrican y distribuyen medicamentos falsos. Con base en numerosos casos concretos, su autor, Eric Przyswa, del Centro de Investigación sobre Riesgos y Crisis de la Escuela Superior de Minas de París, describe detalladamente la dimensión trasnacional del problema, su forma de aprovechar y generar corrupción, la complejidad de sus estructuras, su eventual relación con el narcotráfico y su creciente desarrollo en internet. Explica Przyswa en el informe: “Esa investigación me obligó a mantenerme siempre en la intersección entre la criminología y el campo farmacéutico. Mi trabajo dista de ser exhaustivo, sólo pretendo presentar una especie de fotografía de un fenómeno opaco, cada vez más complejo, en perpetua evolución y que plantea nuevos e inmensos desafíos”. Entre estos retos Leroy destaca uno, capital a su juicio: “En la mayoría de los países la falsificación de medicamentos es considerada un delito del fuero común y sus autores sólo se arriesgan a pocos años de cárcel, salvo en China, donde son condenados a muerte en los casos más graves. Es inadmisible. ¿Hasta cuándo se va a jugar con la salud y hasta cuándo arriesgar la vida de las personas va a seguir siendo un simple delito? ¿Se espera una tragedia mayor para empezar a cambiar las leyes?”. Y advierte: “Esa impunidad puede incitar a los narcotraficantes a cambiar de ‘especialidad’, a diversificar sus actividades. Todos esos criminales son calculadores, cínicos, y sus cuentas no resultan muy complicadas: se estima que 3.5% de la población mundial consume drogas, mientras en ciertos países en desarrollo 30% y a veces 50% de los medicamentos disponibles son falsificados. Traficar con estupefacientes es costoso, peligroso y arriesgado. Traficar con fármacos falsos es cada vez más rentable y expone a castigos menores. “No se puede descartar la eventualidad de que los narcotraficantes se inmiscuyan en la fabricación y tráfico de medicamentos falsificados. Disponen de laboratorios clandestinos para producir heroína, cocaína y drogas sintéticas. Les bastaría crear redes de distribución específicas. Hasta ahora no se han detectado casos, pero ¿hasta cuándo será así?” Leroy conoce de sobra el problema del narcotráfico. Durante 10 años fue juez instructor especializado en tráfico de estupefacientes en los suburbios conflictivos de París. Luego encabezó 20 años el Programa de Asistencia Jurídica de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con sede en Viena. Volvió a Francia, donde dirigió programas de capacitación de magistrados para la lucha contra el narcotráfico. La falsificación implica tanto los genéricos como los medicamentos de marca. Hay distintos niveles de falsificación. Hay fármacos que carecen de principio activo. Leroy enseña a la reportera un frasco con un líquido cuya etiqueta parece auténtica. El líquido es agua de río y se vende en África Occidental como vacuna pediátrica contra la tifoidea. Otros medicamentos falsos tienen dosis insuficientes de los principios activos. Una tercera categoría tiene ingredientes tóxicos. Entre los ejemplos citados en el informe del IRACM resalta el de un jarabe antitusivo elaborado a base de etilenglicol, sustancia base en la fabricación de solventes y anticongelantes. En 2006 ese “medicamento” mató a más de 100 niños en Panamá. Según la OCDE 75% de estas medicinas falsas se producen en China e India. El 25% restante se elabora en Rusia, Nigeria, Filipinas, Siria... y países occidentales. Establecer tipologías de redes criminales especializadas en medicamentos falsificados le costó mucho trabajo a Przyswa. “Son múltiples, flexibles, fragmentadas”, apuntó en su informe. “Supieron aprovechar muy bien la liberalización de la economía y los fantásticos avances tecnológicos de las últimas décadas, así como todos los ‘huecos estructurales’ de nuestro sistema globalizado: tanto las brechas en los sistemas de abastecimiento de medicinas a escalas nacional e internacional, como las zonas francas, los paraísos fiscales y los servidores informáticos albergados en las llamadas ‘zonas protegidas’.” Przyswa dividió esas organizaciones en tres categorías. Las primeras son muy pequeñas, de entre dos y cinco personas. Actúan por lo general en los países occidentales. Eligen un fármaco en boga, hacen llegar su versión falsificada de China y la venden a un precio bajo. El caso de Mmi Trieu es emblemático. Entre 2008 y 2010 esta dueña de un salón de belleza de Filadelfia importo de China vía correo postal 4 millones de píldoras para adelgazar. Según las autoridades estadunidenses vendió 1 millón 750 mil a sabiendas de que eran tóxicas. Su negocio le dejó ganancias por 245 mil dólares. “Hay muchas microorganizaciones de ese tipo que ofrecen sus productos en tiendas o internet. Su número crece cada año. Eso significa que cada vez más ciudadanos comunes se involucran en actividades criminales”, constató el investigador. La segunda categoría abarca las organizaciones trasnacionales de tamaño mediano, con alrededor de una decena de miembros. Entre los casos reseñados por Przyswa en su informe destaca el de Peter Gillespie, contador británico de 65 años que administraba una empresa de distribución de medicamentos con sede en Luxemburgo. Entre diciembre de 2006 y mayo de 2007 importó 72 mil paquetes con 2 millones de dosis falsas. La tercera parte de esas importaciones era para combatir el cáncer de próstata, problemas cardiacos y esquizofrenia. El contador y sus socios desembolsaron 1 millón 400 mil libras esterlinas para comprar la mercancía, la cual vendieron en 4 millones 700 mil libras; ganaron 3 millones de libras (4.9 millones de dólares) en seis meses. Los fármacos fabricados en China viajaban por barco a Hong Kong, luego a Singapur y Bélgica, donde cómplices de Gillespie las acondicionaban para hacerlas pasar por medicamentos franceses. Luego los enviaban –como si fueran productos de patente– a Gran Bretaña, donde eran vendidos por una red legal de distribución. Según la Agencia Regulatoria de Productos de Salud y Medicinas de Gran Bretaña estas sustancias contenían entre 50% y 80% de principios activos e impurezas no identificadas. Gillespie vendió 25 mil paquetes de estos medicamentos a farmacias y hospitales de Gran Bretaña. Después de una investigación de cuatro años que le costó 1 millón 205 mil dólares al Reino Unido, el contador fue detenido, juzgado y condenado a ocho años de cárcel.   La red jordano-china   Przyswa dedica varias páginas de su informe a la tercera categoría: las organizaciones criminales trasnacionales de gran envergadura. Describe varios casos, cada uno de los cuales parece inventado por guionistas de películas de suspenso. Llama la atención la historia bastante enredada de la red jordano-china que contaba con dos estructuras: una desarrollaba sus actividades en Medio Oriente y la otra actuaba a partir de Medio Oriente en dirección a los mercados de Europa Occidental y Estados Unidos. La primera nació a raíz de la invasión estadunidense a Irak en 2003 e implicó inicialmente a dos familias de contrabandistas, una siria y otra jordana, a las cuales la caótica situación iraquí incitó a lanzarse al tráfico ilegal. Contactaron a un tercer individuo, el jordano Wajee Abu Odeh, quien no tardó en imponerse como el personaje central de la red. Una de las esposas de Odeh era una china que lo ayudó a crear su empresa, Sky Park, en la ciudad de Shenzhen. La pareja enviaba por avión grandes cargamentos de fármacos falsificados a sus centros de distribución en Dubai, Amán, Damasco y El Cairo. Luego redes de “mulas” los diseminaban por toda la región. Entre 2003 y 2006 el tráfico se consolidó en Irak, Siria, Jordania, Líbano, Egipto y los Emiratos Árabes. En 2007 la red fue desmantelada por la policía de Jordania. Detuvieron a 15 personas que fueron liberadas tras dos años de prisión. Odeh decidió entonces asentarse en los Territorios Palestinos gracias a la complicidad del exfarmacéutico Abu Hijleh,­ principal distribuidor farmacéutico en esos territorios. Hijleh promovía sus falsos medicamentos contra la leucemia o el cáncer de mama –mucho más baratos que los verdaderos–, hablando de una “campaña humanitaria” para contrarrestar los abusos de los opresores israelíes y occidentales. Finalmente fue desenmascarado, pero sigue libre pues tiene protección de políticos poderosos. La rama egipcia de la red jordano-china era dirigida por Sherif Abdul Kareem Abu Kasheh, quien tenía en El Cairo uno de sus mayores centros de distribución. Sin embargo en 2009 cayó en una trampa de los servicios egipcios de inteligencia. Aceptó reunirse con supuestos guerrilleros de las FARC deseosos de incursionar en el tráfico de falsos medicamentos. La policía se apropió en su casa de 5 mil cajas de falsos remedios contra el alzheimer y mil 700 contra el cáncer de mama. Abu Kasheh fue condenado a dos años de cárcel. Vive actualmente en Jordania donde sigue metido en negocios médicos. Tras su liberación y salida de El Cairo, investigadores de la policía egipcia comprobaron que varias personas murieron por su culpa. Tras la caída de Abu Kasheh la red jordano-china consolidó su posición en Siria. Przyswa recalca que, hasta antes de la guerra civil, ese país era un importante centro de fabricación de medicamentos falsificados destinados a Medio Oriente y Europa. La segunda rama de la red jordano-china buscó conquistar el mercado occidental pasando por Turquía. Przyswa cuenta la historia del “escándalo del Avastin”, un fármaco contra el cáncer cuya versión falsa, fabricada en China, pasó por Egipto y Turquía antes de llegar a Suiza, donde fue almacenada antes de ser enviada a Dinamarca y entregada al representante de una firma inglesa que la mandó a Gran Bretaña. Un distribuidor ingles envió 82 paquetes del falso Avastin a un colega suyo de Tennessee, quien los vendió a su vez a médicos de Estados Unidos. Finalmente las autoridades de ese país detectaron el fraude, pero tanto el distribuidor de Tennessee como el británico negaron saber que vendían productos falsos. La policía no pudo demostrar lo contrario. Subraya el informe de Przyswa: “La red jordano-china permite entender las características de estas organizaciones criminales que logran reconstituirse de una forma u otra después de cada golpe que se les asesta. “La policía china clausuró la empresa Sky Park en 2008. Eso no interrumpió la fabricación de los medicamentos falsificados, pues laboratorios sirios entraron al relevo. Hoy la red jordano-siria sigue activa. Tiene unos 150 integrantes y está en la mira de las grandes farmacéuticas porque elabora, entre otros, medicamentos de alto valor agregado, como tratamientos contra el cáncer o enfermedades cardiovasculares.”   En línea   La parte más técnica y extensa de la investigación de Przyswa fue la dedicada al tráfico cibernético. El experto radiografió minuciosamente las complejas estructuras electrónicas ideadas por “criminales de cuello blanco” y denunció el peligro que representa la multiplicación de farmacias ilícitas en línea. Según estudios realizados en julio de 2012 por la Asociación Nacional de Directivos de Farmacias de Estados Unidos, 96.71% de las farmacias en línea actúan en la ilegalidad. Przyswa enfatiza: “El carácter ilícito de esos sitios salta a la vista, ya que proponen precios a veces 90% más baratos que los de sus competidores legales. En lugar de atraerlos, ese dato debería despertar la desconfianza de los internautas”. Pero otro estudio reciente también realizado en Estados Unidos por la empresa MarkMonitor, especializada en protección de tiendas en línea, revela que las páginas web que proponen contenidos pirata o productos falsificados son sumamente exitosas: reciben anualmente 50 mil millones de visitas, de las cuales 92 millones corresponden a los sitios dedicados a la venta de fármacos de origen dudoso. La red cibernética más extensa y peligrosa detectada hasta la fecha es la rusa Glavmed, la cual entre mayo de 2007 y junio de 2010 atendió a 800 mil ciberclientes con ganancias mensuales de 1 millón 380 mil dólares. Europol, prosigue, “detectó la existencia de grupos de cibercriminales capaces de aprovechar en un tiempo récord las crisis sanitarias. Fue obvio en el caso del virus H1N1, cuando escaseaba el Tamiflu, su único remedio efectivo. De la noche a la mañana apareció en la web una cantidad asombrosa de ese fármaco. Lo mismo pasó a raíz del accidente nuclear de Fukushima en marzo de 2011. Traficantes japoneses se apresuraron a ofrecer vía internet una versión falsificada de Premium Zeolite, para prevenir los daños causados por la radioactividad”.

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