Los feminicidios reverdecen

sábado, 28 de diciembre de 2013
Ciudad Juárez alcanzó una notoriedad funesta a partir de 1993, cuando se desataron centenares de asesinatos incontrolados de mujeres. Hablar de las “muertas de Juárez” se volvió tan común que esas palabras dejaron de causar horror y empezaron a hacer invisible un fenómeno que, pese a todo, prevalece: así lo confirman los cadáveres recientemente hallados en Valle de Juárez. Familiares de las víctimas alertan: los feminicidios siguen ahora un patrón distinto, especialmente desde 2008, cuando el Ejército tomó el control de la ciudad fronteriza. CHIHUAHUA, CHIH.- El centro de Ciudad Juárez es el perímetro. Es el lugar en el cual a las jóvenes juarenses se les pierde la pista. Es donde alguien dice haberlas visto por última vez. En los últimos seis años una decena de muchachas han ido ahí a buscar trabajo, han desaparecido y luego sus cuerpos son encontrados fuera de la zona urbana, en el desértico Valle de Juárez. A partir de 2008 las jóvenes raptadas en el centro de Juárez fueron asesinadas en esa parte del desierto, precisamente en los años en los que la ciudad estuvo militarizada y el acceso al valle, controlado por el Ejército. Aunque los primeros registros de desapariciones y asesinatos de mujeres datan de 1993, organizaciones dedicadas a la búsqueda de esas víctimas señalan que el móvil de los secuestros recientes es la trata de personas, delito en el que están coludidos narcotraficantes, empresarios y funcionarios públicos. Pese a que el Estado mexicano fue sentenciado en 2009 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a raíz de los asesinatos de mujeres en el Campo Algodonero –en Ciudad Juárez–, el fenómeno persiste. A la nueva tragedia algunos activistas la llaman Campo Algodonero 2. Otras, como Norma Ledezma, dirigente de Justicia para Nuestras Hijas, prefieren referirse a ellos como los Casos del Valle de Juárez. Ledezma –quien buscaba a su hija Paloma– comenzó a trabajar con madres juarenses en 2010. Cuando se entrevistaba con ellas empezó a escuchar los mismos relatos: “Iba al centro. Buscaba trabajo”. Le llamó la atención que el perfil de las víctimas era similar: “Muchachas de entre 15 y 19 años (hay una de 20). Todas cruzaron o tomaron (un camión de) ruta hacia el centro. Iban a buscar trabajo en el mismo perímetro”. El campo nebuloso donde las mujeres parecen disolverse se ubica entre Las Sorianas, la Catedral, la tienda de Many, Callejón Carreño, Mercado Juárez, las calles 16 de septiembre y la Mina y el Hotel Verde. Malú García, una de las dirigentes de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, señala que con la llegada de militares y policías federales a Ciudad Juárez los feminicidios se recrudecieron y mostraron un patrón distinto. Como antes, afirma, la mayoría de las jóvenes son explotadas sexualmente en el centro de la ciudad, pero actualmente si la familia hace escándalo por la desaparición, se las llevan a municipios cercanos. Considera que los tratantes tienen coordinación con los encargados de la venta de drogas y armas en Palomas y Guadalupe, plazas controladas por el Cártel de Juárez. Este es un adelanto del número 1939 de Proceso, ya en circulación.

Comentarios