Con EPN, martirio sacerdotal

jueves, 14 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) los poco más de dos meses del gobierno de Enrique Peña Nieto han sido fatídicos, ya que durante este lapso por lo menos cinco de sus sacerdotes fueron víctimas de la violencia: uno fue asesinado, tres secuestrados y otro más se encuentra desaparecido. El martes 5 fue atacado a golpes el padre José Flores Preciado, dentro del templo de Cristo Rey, en la ciudad de Colima. Dos seminaristas que vivían con él lo encontraron gravemente herido en el recinto religioso. Llamaron a una ambulancia que lo trasladó al Hospital Regional Universitario, donde murió a causa del traumatismo craneoencefálico producto de los golpes. Hasta el momento no se ha capturado a los homicidas ni se conocen los móviles del asesinato, detrás del cual puede estar el crimen organizado, ya que en los últimos meses el párroco recibió amenazas. El obispo de Colima, José Luis Amezcua Melgoza, se pronunció al respecto: “Todavía no sabemos por qué lo golpearon. Tampoco quién entró al templo ni qué pretendía. La Iglesia se suma a toda la gente que sufre ante cualquier injusticia y ante cualquier acto de violencia. Estamos consternados por lo que está pasando.” Por su parte, el rector de la catedral de Colima, Jesús Mendoza Preciado, reveló que desde hace varios meses el padre Flores recibía amenazas telefónicas para que entregara dinero. Por ello se acordó que fueran a vivir con él los dos seminaristas que lo asistieron cuando estaba moribundo. “Lamentablemente, en el momento de los hechos ninguno de estos seminaristas se encontraba con él”, dijo Mendoza. Añadió que el sacerdote asesinado quedó con la cara desfigurada a causa de los golpes. Ni siquiera pudo defenderse, dijo, por su avanzada edad, ya que tenía 83 años. El rector precisó que días antes del crimen la procuradora del estado, Yolanda Verduzco Guzmán, les habló acerca de la violencia creciente y les advirtió que estuvieran alertas sobre todo de las llamadas telefónicas para proferir amenazas y extorsionar. Por otro lado, el caso de los tres sacerdotes secuestrados ocurrió en Durango, en el municipio de San Juan de Guadalupe. El lunes 4 los tres viajaban rumbo a Lerdo en una camioneta Ford Explorer, cuando fueron interceptados por una banda de sujetos armados que los capturaron y se llevaron el vehículo. Al enterarse del secuestro, las autoridades policiacas iniciaron un operativo de búsqueda. Al día siguiente –martes 5– vieron circulando a la camioneta y la persiguieron. La tripulaban dos sujetos quienes intentaron escapar a toda velocidad, lo que provocó que volcara el vehículo. Uno de los ocupantes, Ezequiel Páez Barca, de 25 años, murió. El otro, Manuel Palacios Hernández, resultó herido. Fue éste quien reveló el sitio donde tenían cautivos a los clérigos. Por cuestiones de seguridad sus nombres no se dieron a conocer ni tampoco las parroquias a las que están adscritos. El clero mexicano también está preo-cupado por la desaparición del sacerdote Santiago Álvarez Figueroa, de la diócesis de Zamora, Michoacán. Desapareció el 27 de diciembre de 2012, cuando se dirigía en automóvil desde Jacona –donde había oficiado una misa– hasta su casa, en la comunidad de Los paredones, municipio de Jiquilpan, sitio en que lo esperaban sus padres y hermanos. Desde entonces nadie sabe dónde está y tampoco se encontró su vehículo. La diócesis de Zamora, así como el nuncio apostólico en México, Christopher Pierre, solicitaron a la Procuraduría General de Justicia de Michoacán que localice a Álvarez Figueroa.

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