La sucesión papal y la "traición" entre cardenales italianos

martes, 19 de marzo de 2013
Durante el cónclave los cardenales italianos –opuestos a los “extraeuropeos”– querían recuperar para su país el papado. Y aparentemente tenían todo amarrado para que así fuera: Hasta se emitió por error un comunicado de la Conferencia Episcopal Italiana que celebraba la elección del cardenal milanés Angelo Scola, su candidato. Pero lo que algunos medios han llamado “una traición” entre italianos inclinó la balanza en favor del argentino Bergoglio, a quien se considera un “pastor”, un “hombre de gobierno” que dirigirá la Iglesia de modo distinto a Benedicto XVI, el teólogo que sucumbió a los escándalos vaticanos. CIUDAD DEL VATICANO (Proceso).- Los gritos eufóricos de los miles de fieles reu­nidos en la Plaza de San Pedro y el repiqueteo de las campanas, la tarde del miércoles 13, que se desataron al surgir la fumata blanca, sólo se interrumpieron cuando el protodiácono francés Jean Louis Tauran proclamó el habemus papam y pronunció el nombre del sucesor de Benedicto XVI: “El eminentísimo y reverendísimo señor Jorge Mario Bergoglio, el cardenal de la santa iglesia romana, que ha tomado como nombre Francisco”. La certeza que el anuncio daba de tener un nuevo pontífice se tradujo en más gritos de júbilo que invadieron la plaza, pero también de miradas cruzadas de muchos fieles que se preguntaban quién es Bergoglio. Internet y las redes sociales tuvieron sentido cuando al momento de conocerse el nombre muchos fieles recurrieron a sus teléfonos y tabletas para consultar en el ciberespacio y enterarse de que se trataba del arzobispo de Buenos Aires. “¡Argentina! ¡Argentina!”, gritaba, smart- phone en mano, un italiano subido en una valla del obelisco central de la plaza. “¡Es el cardenal de Buenos Aires!”, insistía. “¡Latinoamericano!”, terciaba una mujer. “Preferible un Papa latinoamericano que uno de la curia (vaticana)”, sentenció Luigi, un italiano que dice haber estado presente en la misma plaza en 1979, cuando se anunció el pontificado de Karol Wojtyla y en 2005, con Joseph Ratzinger, y que se queja de los recientes escándalos en la Iglesia. Precisamente esos son los problemas con los que tendrá que lidiar el nuevo Papa, el sucesor 266 de Pedro: Los escándalos de pederastia en distintas partes del mundo, las guerras por espacios de poder entre los sectores de la Santa Sede, incluidos presuntos casos de corrupción, mucho de ello contenido en los Vatileaks, la masiva filtración de informes privados del Vaticano. Tras saberse su nombre en la plaza y en el ciberespacio, se destacaban las situaciones inéditas de este nuevo pontificado: Es el primer Papa que convive con su antecesor, el primer latinoamericano, el primero que surge de las filas de la Compañía de Jesús y el que por primera vez usa el nombre de Francisco. Había una suerte de sorpresa por este tercer pontífice no italiano: Luego del polaco y el alemán llega este argentino de 76 años. De la multitud surgían comentarios sobre los papables que se quedaron en el camino, del cardenal de la arquidiócesis de Milán, Angelo Scola, y del arzobispo de Río de Janeiro, Odilo Scherer, quienes encabezaban los vaticinios hasta antes del encierro de los cardenales bajo los frescos de Miguel Ángel, el martes 12. Por lo menos el festejo en la plaza era una cara muy opuesta a lo que, un día después, publicó Vatican Insider, sitio web del diario La Stampa, en el sentido de que el “superfavorito Scola” no sólo tuvo en contra una fuerte corriente “extraeuropea” que optaba por un papado fuera del viejo continente, sino que fue “traicionado” por los cardenales italianos que no votaron por él, “corriente curial” encabezada por “los enemigos-aliados Bertone y Sodano irreductiblemente hostiles a Scola por antiguas envidias y rivalidades”, aseguraba. Incluso la misma noche del anuncio del nuevo Papa –cita el medio– “un desafortunado comunicado de la Conferencia Episcopal Italiana expresaba ‘el sentimiento de toda la Iglesia italiana al conocer la noticia de la elección del cardenal Angelo Scola como sucesor de Pedro’”. Bergoglio tuvo al menos 77 de los 115 votos del Colegio Cardenalicio, que representaban las dos terceras partes exigidas. El primer día hubo una primera fumata negra casi a las 20:00 horas, lo que el mismo Federico Lombardi, portavoz vaticano, daba por sentado. El segundo día, tras dos votaciones matutinas, hubo una fumata negra a mediodía. Por la tarde hubo dos votaciones más, cuando la plaza se empezó a atestar de gente venida de prácticamente todas las partes del mundo. A las 19:08 surgió el humo blanco, provocando una sorpresa en la plaza porque mucha gente daba por hecho que la elección podría no definirse sino hasta el jueves. Un fotógrafo que cubrió el cónclave confesó: “Creo que a todos nos cogió desprevenidos, casi dábamos por hecho que habría fumata negra”. Con una túnica blanca Francisco salió al balcón central de la Basílica de San Pedro, en su presentación pública, y rompió la acartonada liturgia vaticana con una dosis de humor: “Saben que el deber del cónclave era dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo. Pero aquí estamos”. Recordó a su antecesor al pedir “una oración por nuestro obispo emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, recemos por él para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja”. Y pidió comenzar “este viaje, el obispo y el pueblo. Este viaje de la Iglesia de Roma, que guía a todas las iglesias, un viaje de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros”. Y que el viaje sea “fructífero para la evangelización de esta hermosa ciudad”. Al día siguiente, en la primera homilía con los cardenales que lo eligieron, les pidió volver a la esencia del cristianismo y llevar una vida “irreprochable”, dar la espalda a la “mundanidad y a la frivolidad”. Improvisando y en italiano el pontífice les dijo: “Podemos caminar como queramos, pero si no confesamos a Jesucristo la cosa no funciona. Nos convertiremos en una ONG piadosa, pero no seremos Iglesia”. Por la mañana, luego de rezar en privado acudió al sitio donde se hospedaba, pagó personalmente la cuenta y recogió su maleta. A su regreso al Vaticano, Bergoglio escribió su primera carta dirigida al doctor Ricardo di Segni, rabino jefe de Roma, en la que decía: “Espero intensamente poder contribuir al progreso de las relaciones entre judíos y católicos conocidas a partir del Concilio Vaticano II, en un espíritu de colaboración renovada”, según publicó la página de la comunidad hebrea citada por el diario El País, el que aseguró que la respuesta fue la invitación del presidente israelí Simón Peres a que visitara el país: “Será bienvenido como un hombre de inspiración que puede ayudar a traer la paz a una zona tormentosa...”. Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1898 de la revista Proceso, ya en circulación.

Comentarios