Gordillo y el factor Chuayffet

martes, 5 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El elegido por Enrique Peña Nieto para dirigir el embate político contra Elba Esther Gordillo fue el enemigo íntimo de ésta, Emilio Chuayffet Chemor. Tras su designación al frente de la SEP, lanzado el proyecto de una reforma educativa como el golpe fundamental de la administración que comienza, la maestra fue el blanco de sus alusiones en las repetidas advertencias sobre la intención del Estado de “retomar la rectoría” de la educación. En los medios de comunicación y en el análisis de los expertos, Chuayffet estaba llamado a ser, una vez más, el opositor de la líder del SNTE. De su historia de desencuentros dan cuenta las palabras de la propia Gordillo, en 2005, tras ser expulsada del PRI, el partido que la empoderó. “Chuayffet declaró que estaba excomulgada. En efecto: me ‘excomulgarán’ de una secta cuyo credo es la mentira, la simulación, la traición y la ambición desmedida (…) Yo no profeso la religión de la mentira, por ello nunca estaré de rodillas en el altar de Roberto Madrazo. Esa es tarea de individuos como Emilio Chuayffet”, escribió La Maestra sobre el hoy secretario. Desde 2003, a partir de la confrontación de Roberto Madrazo y Emilio Chuayffet con Elba Esther, a la que disputaron la coordinación de la bancada priista en el Congreso y a quien acusaron de traición por su cercanía con el presidente Vicente Fox, el exgobernador mexiquense ordenó someter a la maestra a una auditoría por indicios de una malversación de casi 20 millones de pesos durante su breve periodo al frente de la bancada tricolor en la Cámara de Diputados. Elba, a quien Chuayffet calificaba de frívola y chantajista, acusó al también exsecretario de Gobernación de atacarla por no favorecer sus “intereses personales”.   “No hay marcha atrás”   Decidido a causarle a Gordillo un daño irreversible, en su regreso al poder el PRI la sacudió el séptimo día de diciembre, cuando la mandamás de la educación fue excluida de todo espacio en las designaciones estratégicas de la SEP. En la Subsecretaría de Educación Básica, que en el sexenio de Felipe Calderón se ofrendó al yerno de la lideresa, Fernando González, fue designada Alba Martínez Olivém, según Chuayffet para “poner en práctica la política educativa, escuchando a todos los sectores sociales y no sólo a un determinado grupo”. Tres días más tarde, en ausencia de Gordillo –que sí acudió a la toma de protesta de Peña Nieto–, el presidente firmó y entregó al Legislativo la iniciativa de reforma al artículo tercero constitucional para refrendar la intención del Estado de retomar la “rectoría” en la política educativa, entregada por completo al SNTE durante la docena panista. En la propuesta destacaba la evaluación magisterial sin excepción, con criterios “justos y objetivos”. En esa ocasión, en el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología, Chuayffet afirmó que el tema “institucional” de la educación no se reduciría a “reuniones entre personas”, y advirtió: “De aprobarse esta iniciativa, el Constituyente Permanente será el que adopte decisiones que ya no pueden postergarse: la obligación de la evaluación, que no es potestativa y que producirá consecuencias jurídicas; y la no sujeción de la evaluación a caprichos o a intereses particulares.” “El que repruebe se va, y eso no es pactable”, dijo el secretario, y desató la furia de Elba Esther, que ante la amenaza anunció el inicio de la Jornada Nacional de Defensa de la Educación Pública y Maestros, además de declarar al magisterio en “resistencia”. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, declaró entonces: “La creciente influencia de poderes fácticos frecuentemente reta la vida institucional del país y se constituye en un obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado mexicano”. En entrevistas posteriores, el titular de la SEP se ufanó de que, con o sin Elba Esther, habría reforma. El 17 de diciembre se hizo público que Chuayffet y Gordillo se habían reunido. “Intercambiamos puntos de vista sobre la reforma (educativa) y quedamos de vernos en una reunión próxima para tratar los temas estrictamente operativos de la misma”, dijo el funcionario. La segunda cita no se dio. Por el contrario, al amanecer de febrero, el secretario Chuayffet volvió a la carga contra Elba Esther Gordillo y las prácticas de su sindicato: “El silogismo jurídico es lo más maravilloso que hay. Si A es, debe ser B. Si no vas a dar clases, entonces te quito tu salario. Ese es el silogismo jurídico. El derecho lo hemos ido abandonando para hacer acuerdos, acuerditos y acuerdazos en lugar de aplicar la ley como debe ser aplicada. “La rectoría de la educación es una decisión presidencial y además un acuerdo de los partidos. La política educativa la dicta el gobierno, el Estado. El sindicato tiene que hacer lo que le manda el apartado B del artículo 123 constitucional: defender los derechos individuales y colectivos del trabajador, que obviamente es una tarea justa y elevada, pero en modo alguno el de intervenir en el diseño o aplicación de las decisiones políticas fundamentales, más que en las esferas de factura que les toque llevar a cabo. “Esto no es un asunto sindical. Es un asunto de proyecto nacional. Abarca a la sociedad en su conjunto, a la nación entera y, en consecuencia, no puede parcializarse, porque parcializar es degradar”, dijo Chuayffet ante legisladores. Publicitada como ninguna otra de sus entregas, la medianoche del 14 de febrero Televisa trasmitió en el Canal 2 la entrevista de Adela Micha con la maestra Gordillo. Sobre el secretario de Educación Pública, la conductora preguntó: –¿Usted no tiene confianza en el licenciado Emilio Chuayffet? Como reflejo, Gordillo contestó: –No. Ni él en mí. Más adelante, en el mismo programa, Gordillo diría que nunca olvidaría la “ingratitud” de Roberto Madrazo, Chuayffet y Manlio Fabio Beltrones, los últimos “hoy en posiciones clave”. El domingo 24, en la víspera de que se promulgara la reforma educativa, el SNTE emitió un comunicado de prensa manifestando su preocupación por la “ignorancia” del titular de la SEP “respecto al sistema educativo”. La última referencia pública del secretario a Gordillo se dio el lunes 25, en Palacio Nacional, durante la promulgación de la reforma educativa, cuando ya se había librado la orden de aprehensión contra la lideresa. “Contra la reforma se han propalado rumores falsos que se acompañan por la ignorancia, cuando no por la mala fe. Se dice que gracias a la reforma la escuela dejará de ser gratuita y que por virtud de ella se sacrificarán derechos adquiridos de los profesores”, dijo Chuayffet en clara referencia a Gordillo, quien ha denunciado que la intención del gobierno es privatizar y ceder el control de la educación a “poderes fácticos”, a través de organizaciones como Mexicanos Primero, ligada a Televisa. “Nada es más falso –continuó Chuayffet–, frente a los vientos y de la calidad que inspira a la reforma, hay quienes izan, por intereses particulares, las banderas de la confusión. Que les quede claro, ha sido el poder Constituyente de la Unión el que ha dado el paso, no hay marcha atrás.”. Y concluyó: “Vamos a perseverar y a seguir convocando a todos para que la autoridad siga siendo la rectora en materia educativa, y que esa rectoría ni se traicione ni se empantane, ni sea motivo de chantaje ni mucho menos, como ha sido, de frivolidad”. Desde la captura de su adversaria, cumplida la encomienda, con el silencio como decreto, Chuayffet se resguardó en las sombras.

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