Hugo invita a Dostoievski a su casa de París

jueves, 7 de marzo de 2013
¿Cómo la cámara de Alexei Vassiliev pudo sorprender esa evanescente aparición de Dostoievski? ¿Qué extraña sesión de espiritismo permitió que el escritor fallecido en 1881 accediera a dejarse fotografiar en pleno siglo XXI? ¿Cómo explicar la presencia tan tangible de Dmitri, Iván, Alexei Karamazov, de Smerdiakov y de algunos de los protagonistas Los Hermanos Karamazov? ¿Cómo lograron materializarse? ¿Qué hizo Alexei Vassiliev para ser testigo de esa encarnación y darle forma artística? Estas son las interrogantes que plantea la exposición del fotógrafo ruso en el Museo-Casa de Víctor Hugo en París. Al mismo tiempo, se narra la profunda admiración que Dostoievski tuvo por la obra del novelista francés y el momento en que estuvieron a punto de conocerse. PARÍS, FRANCIA (Proceso).- El nombre de la muestra, inaugurada el pasado 19 de febrero, suena insólito: Victor Hugo invita a Fiodor Dostoievski. Los Hermanos Karamazov fotografiados por Alexei Vassiliev. Y más insólitas aún son las obras expuestas en la Casa de Victor Hugo que se encuentra en el número 6 de la Place de Vosgues, la más antigua y la más armoniosa de la Ciudad Luz. Quince retratos difuminados y espectrales parecen surgir de un más allá de angustias y tormentos. El de Fiodor Mijailovich Dostoievski es el único retrato de cuerpo entero a tamaño natural. Expuesto solo, se impone, tenebroso e hipnotizante. A su derecha, en otro muro aparecen los rostros de Fiodor Pavlovich Karamazov y de sus tres hijos legítimos: Dmitri, Iván, Alexei, junto con el de Pavel Fiodorovich Smerdiakov, el hijo bastardo maléfico. En una tercera pared se observan tres mujeres: Gruchenka, Katerina Ivanovna y Lisaveta La apestosa, que Alexei Vassiliev retrata a la vez como personajes femeninos de la novela y figuras arquetípicas de la creación dostoievskiana. A su lado se encuentra el ambicioso Rakitin. El salón contiguo al dormitorio de Victor Hugo alberga cinco fotos más: un retrato de grupo y otro que representa al Starets Zosima. Personificación de las inquietudes religiosas, espirituales y metafísicas de Dostoievski, el sabio monje luce más fantasmagórico incluso que todos los demás personajes. De su rostro descarnado, bañado en una luz tenue, emana un magnetismo casi sobrenatural. Contrastan con ese retrato tres fotos conmovedoras de niños: las de Iliucha Sneguirov, Lisa Khokhlakova y Kolia Krasotkin. Son imágenes frágiles de la inocencia todavía preservada del mal que gangrena al mundo. Tanto Fiodor Mijailovich como sus personajes vibran con una intensidad cautivadora y suscitan múltiples preguntas: ¿Cómo la cámara de Alexei Vassiliev pudo sorprender esa evanescente aparición de Dostoievski? ¿Qué extraña sesión de espiritismo permitió que el escritor fallecido en 1881 accediera a dejarse fotografiar en pleno siglo XXI? ¿Cómo explicar la presencia tan tangible de Dmitri, Iván, Alexei Karamazov, de Smerdiakov y de algunos de los protagonistas de la última novela escrita por Dostoievski? ¿Cómo lograron materializarse? ¿Qué hizo Alexei Vassiliev para poder ser testigo de esa encarnación y darle forma artística? El fotógrafo, nacido en Moscú, radicado en París desde hace 20 años y colaborador de Proceso, confiesa que la génesis de su serie fotográfica sobre Fiodor Dostoievski y Los Hermanos Karamazov sigue siendo bastante misteriosa para él. Según cuenta, todo empezó en 2002 cuando estaba trabajando sobre una serie fotográfica titulada Des-Apparitions. Se trataba de retratos de desconocidos tomados en un lugar público poco iluminado con paredes rojo oscuro. “Todos se veían borrosos, hundidos en una sorda desesperanza, como golpeados por el destino. Pensé que tenían algo dostoievskiano. Empecé a imaginar una serie fotográfica inspirada por Fiodor Mijailovich. E inclusive me atreví a fantasear: vi estas fotos imaginarias expuestas en el Museo-Departamento de Dostoievski en San Petersburgo. Ese lugar me atrae desde mi adolescencia…”, confía el artista. Pasó el tiempo y los sueños de Alexei Vassiliev se volvieron tan difuminados como sus fotos…   “Era ÉL”   “Un día mientras revisaba fotos de mis archivos descubrí una tomada en 2004 que no había notado antes. La amplié y me quedé estupefacto. En seguida reconocí esa silueta gris que brotaba de la penumbra. Era ÉL. Sólo su frente estaba iluminada. “Busqué retratos de Dostoievski que tengo en mi taller. Los comparé con el que había invadido la pantalla de mi computadora. Pensé que alucinaba. Decidí imprimir la foto. Recuerdo que temía que la hoja apareciera en blanco. Pero no: salió el retrato de Fiodor Mijailovich.” Renació entonces la idea de dedicar la serie fotográfica a Dostoievski y a su última novela, Los Hermanos Karamazov, que representa para Alexei Vassiliev la quintaesencia de la obra del escritor y metáfora absoluta de la condición humana. Pero fue solamente el año pasado cuando el artista dedicó tiempo a ese proyecto, volviendo a visitar sus archivos en busca de los principales protagonistas de la novela. “Por muy extraño que eso pueda parecer, estaba convencido de que, al igual que Fiodor Mijailovich, sus personajes se escondían entre la multitud de fotos que tomé en los 10 últimos años. Fue una búsqueda larga, tan exultante como ardua”, reconoce. Alexei Vassiliev acabó “encontrando” a 12 personajes de Los Hermanos Karamazov y “realizó” también dos retratos de grupo. Juntó estas fotos en un álbum que una amiga suya presentó al Museo de Dostoievski de San Petersburgo. La reacción de Natalia Ashimbaeva, directora del museo, rebasó los sueños más optimistas del fotógrafo: no sólo “reconoció” a Fiodor Mijailovich y a cada uno de los protagonistas retratados, sino que propuso que se expusiera la serie en el departamento del escritor. La muestra se inaugurará el próximo 11 de noviembre, día del aniversario del natalicio de Fiodor Mijailovich (1821), y coincidirá con la celebración de un coloquio que reunirá a los más destacados especialistas internacionales de Fiodor Dostoievski. Natalia Ashimbaeva no fue la única en abrir las puertas de “su” museo a los fantasmas fotográficos de Dostoievski y sus personajes. También se atrevió a hacerlo Gérard Audinet, director del Museo Victor Hugo, quien descubrió las fotos singulares de Alexei Vassiliev a finales del año pasado e ideó muy pronto esa invitación insólita del escritor francés a su colega ruso. Historiador del arte, exconservador del patrimonio del Museo de Arte Moderno de París, Audinet llegó a la Plaza de los Vosgos con la intención de crear puentes entre el genio multifacético de Victor Hugo y la creación contemporánea. “La fotografía apasionaba a Victor Hugo y a sus hijos François-Victor y Charles. Los tres le dedicaron muchísimo tiempo durante los años de exilio en Jersey”, recuerda Gérard Audinet. Victor Hugo se encargaba de la escenografía de las fotos y dejaba la parte técnica a sus hijos. El museo tiene alrededor de 350 fotografías de muy buena factura en las que los Hugo, padre e hijos, retrataron a su familia e inmortalizaron paisajes de la isla de Jersey. La invitación que lanzó Hugo a Dostoievski le encantó a Natalia Ashimbaeva. “La admiración de Fiodor Mijailovich para con Victor Hugo era inmensa –cuenta a la reportera–. Le hubiera gustado sobremanera conocerlo personalmente. Pero no fue posible.” A diferencia de Honoré de Balzac, quien visitó San Petersburgo en 1844 y simpatizó con el entonces muy joven y petulante Fiodor Dostoievski, Victor Hugo nunca viajo a Rusia. Y cuando Dostoievski pasó por París durante sus recorridos por Europa en 1862 y 1863, Victor Hugo vivía exiliado en la isla británica de Guernesey. En 1878 los dos escritores estuvieron a punto convivir en la Ciudad Luz, donde se realizó el Congreso Literario Internacional. Victor Hugo lo presidía y Fiodor Dostoievski era uno de los más ilustres invitados. Pero el autor de Crimen y Castigo no pudo participar en el coloquio, cuyo mayor atractivo para él era conocer a Victor Hugo. Confia Natalia Ashimbaeva: “En la carta de disculpa que dirigió a Edmond About, presidente de la Société des Gens de Lettres de Francia y organizador del evento, Fiodor Mijailovich celebró a ese poeta cuyo genio ejerció una poderosa influencia sobre mí desde la infancia….” Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1896 de la revista Proceso, ya en circulación.

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