En el ADN priista, la tentación monárquica

Enrique Krauze, historiador y analista de la vida política mexicana, alerta sobre la tentación de que el país vuelva a un presidencialismo como los que se padecieron en el siglo pasado: auténticas “monarquías” disfrazadas de republicanismo. MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para el historiador Enrique Krauze, la centralización del poder en la figura presidencial tiene un arraigo profundo en la historia del país, que se materializó en los gobiernos priistas hasta 1997. Recordando la era porfiriana que describe, citando a Justo Sierra, como “un monarquismo con ropajes republicanos”, advierte en el regreso del PRI a la Presidencia una tentación por reconstituir la presidencia imperial: “Creo que en el ADN del PRI, y en la cultura política mexicana a través de los siglos, está esa tentación. Es muy importante que todos los días el presidente se despierte diciéndose a sí mismo, y que todos los mexicanos le digan: No eres y nunca vas a ser un monarca”. Krauze subraya que el país vive bajo un “nuevo arreglo democrático” con origen en 1997, cuando se inició la transición democrática, y en 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia. Hoy, afirma, el Poder Ejecutivo está acotado por los otros poderes, hay pluralidad en los congresos, elecciones y libertad de expresión. A cien días de iniciado el gobierno de Enrique Peña Nieto, Krauze responde a pregunta expresa sobre la reedición de las presidencias del viejo estilo: “Hay algunos indicios, pero creo que se han estado guardando las formas. Es muy temprano para decir. Quiero subrayar: Las formas deben ser republicanas, pero también el fondo, porque Porfirio Díaz y los presidentes priistas eran monarcas con formas republicanas. No podemos permitir que en el siglo XXI tengamos un modelo como ese”. El tema es objeto de estudio para Krauze, autor de la trilogía sobre la historia política mexicana compuesta por Siglo de caudillos, Biografía del poder y La presidencia imperial, en los cuales, a partir del pasado colonial, explicó el caudillismo decimonónico y el revolucionario, la configuración del andamiaje priista y su decadencia. Es sobre La presidencia imperial, tomado como referente para comprender al PRI en su regreso a la Presidencia que en entrevista con Proceso, Enrique Krauze explica los usos y costumbres del pasado inmediato, desde el presidencialismo priista y el caos de los gobiernos del PAN hasta los refugios del nacionalismo revolucionario y del caudillismo, del autoritarismo y la corrupción, pero también de su visión del futuro de la democracia y el país. La tentativa Krauze considera que debido a la tradición arraigada de concentrar el poder en la figura presidencial, existe hoy en el PRI una tendencia a cerrar filas en torno al presidente. No obstante, dice, la concentración de poder ilimitado en la figura presidencial, con el sometimiento de los poderes formales e informales, ya no existe. Ahora es algo distinto: Una vida política más madura, pero perfectible. Krauze insiste en subrayar la necesidad de ver los fenómenos con perspectiva histórica. Después de la hegemonía priista identificable entre 1929 y 1997, el mapa político electoral de hoy es más plural. Una acotación: La construcción democrática se ubica en el ámbito federal, pues el monarquismo está vigente en el país, donde en los 12 años del PAN surgieron “gobernadores imperiales” que usaron su autonomía para ejercer un poder discrecional y con corrupción. “Hubo un efecto centrífugo, digamos que la gran pirámide central del PRI, esa inmensa Teotihuacán política, emigró a muchos estados. Ahí está viva la vieja cultura caciquil, corrupta, corporativista, clientelista”. Lo explica con la temática de su trilogía: Concentrar el poder en la institución del presidente es un rasgo profundo de la cultura política mexicana, dice. Recuerda que en el siglo XIX las figuras de Santa Anna, Juárez y Díaz fueron predominantes, como en el siglo XX lo fueron las de Carranza, Calles y Cárdenas y, luego la de una sucesión de presidentes poderosos por la fuerza de la institución presidencial, como “Porfirios sucesivos”. “Voy a decirle algo que nunca he contado. En el año de 96, en una reunión en la embajada sueca, Octavio Paz de pronto dijo estas palabras: ‘México nunca se ha consolado de no haber sido una monarquía’. Paz nunca escribió eso, aunque está en sus análisis históricos la figura patrimonial del presidente y del Estado, que viene de la época colonial.” A juicio de Krauze, México tuvo una especie de corriente monárquica y lo que resolvió –cita a Justo Sierra– fue instaurar una “monarquía con ropajes republicanos” que ejemplifica con el “tapadismo”, la costumbre de ejercer el poder absoluto un sexenio y heredar el cargo. –En esta idea de la alineación de actores políticos con el presidente ¿podemos ubicar una alineación en el Pacto por México? –se le pregunta. –Internamente está alineado el PRI. Alguien me preguntó si preveía que hubiera tensiones internas... yo creo que después de dos sexenios fuera del poder, con gobiernos tan caóticos como los panistas, y encontrando un presidente que parece tener la voluntad política de encarnar un liderazgo, vemos un alineamiento priista. “De modo que sí veo la tentativa de una reconstitución de ese poder central, pero esta vez ese presidencialismo tendrá que contar con el acotamiento y los límites impuestos por los poderes Legislativo y Judicial, por la libertad de expresión”. En cuanto al Pacto por México no lo veo como un alineamiento sino como una necesaria convergencia entre los poderes y partidos, como no hubo en los gobiernos del PAN. (Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1897, ya en circulación)  

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