"Aquí y allá", migrantes mexicanos enfrentan difíciles condiciones

martes, 30 de abril de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- El control migratorio más estricto y la difícil situación del mercado laboral en Estados Unidos afectan particularmente a la población de origen mexicano, tanto, que muchos connacionales tienen que regresar a México y quedarse definitivamente en el país. Sin embargo, una vez de este lado de la frontera, enfrentan problemas para “salir adelante”, alertaron hoy especialistas mexicanos y estadunidenses al presentar el reporte Diálogo binacional sobre migrantes mexicanos en Estados Unidos y en México. Según el informe, unos 980 mil mexicanos afirmaron haber vivido en Estados Unidos en el Conteo de Población de 2010. Cinco años antes eran únicamente 230 mil. Los migrantes mexicanos en Estados Unidos vieron mejorar sus empleos y situación entre 2000 y 2007. El grupo tenía la menor tasa de desempleo del país, subraya el reporte, pero fue el más debilitado por la crisis: registró a partir de 2008 más desocupación y mayores caídas en los ingresos que otros grupos poblacionales. El número de personas que nacieron en Estados Unidos y emigraron a México se ubicó en 739 mil en 2010, y 77% de ellas eran menores de edad. “México nunca ha recibido una población migrante tan grande”, sentenció durante la presentación del informe Lindsay B. Lowell, director de estudios de política pública en el Instituto de Estudios de Migración Internacional de la Universidad estadunidense de Georgetown. No obstante, el reporte señala que el flujo de regresos no ha aumentado entre 2005 y 2010, sino que los mexicanos que salen de Estados Unidos ya no tratan de volver a cruzar la frontera. Pese a la caída de la tasa de fecundidad, que alcanzó el promedio de 2.2 hijos por mujer en edad de procrear en 2012, la población sigue creciendo en México en términos reales. En contrapartida, el mercado laboral mexicano no logra absorber a los jóvenes que buscan trabajo, a pesar de que el empleo agrícola creció 10% entre 2010 y 2012, se advierte en el reporte. Sin embargo, las perspectivas de trabajo en Estados Unidos son débiles, con un crecimiento modesto del número de empleos, mismos “que han ocupado los mexicanos”. En paralelo, el flujo migratorio de México hacia Estados Unidos se desplomó a “su nivel más bajo de los últimos 30-35 años”: mientras en 2005 el país veía partir hacia Estados Unidos a unos 680 mil de sus ciudadanos, en 2010 este número se redujo a 106 mil. La violencia que sacude a México también constituye un freno a la migración, salvo en los estados fronterizos, que cuentan con una tasa de migración alta por su proximidad con Estados Unidos. Incuso, un pequeño grupo de los migrantes del norte tiende a tener más recursos y educación, indica el reporte. “Es probable que un alto nivel de inseguridad durante el viaje dentro de México y la necesidad de las familias de permanecer juntas para enfrentar las amenazas contra su propiedad o su seguridad personal, podrían explicar que las tasas de asesinatos más altas (en los pueblos) se encuentran ligadas a tasas de migración más bajas”, destaca el documento. Al seguir así el escenario de un flujo migratorio bajo, entre 2010 y 2020 se quedarán en el mercado laboral mexicano cerca de 1.8 millones de personas, mismas que hubieran emigrado a Estados Unidos en tiempos anteriores a la crisis económica. Según los investigadores, cuando salen de México los migrantes tienen mejor salud que sus pares en Estados Unidos. No obstante, una vez ahí su salud física y mental se va deteriorando con el tiempo, tanto por los malos hábitos –como comer menos frutas y verduras y consumir más tabaco y alcohol– como por las arduas condiciones de trabajo y el estrés por su estatus de indocumentado. La tasa de mortalidad de los migrantes retornados es más alta y ellos sufren más de discapacidades físicas que los no migrantes. En Estados Unidos “los migrantes mexicanos han sido crecientemente excluidos de los servicios sociales. En las leyes de reforma sobre el acceso a los seguros de salud de 2009, los inmigrantes indocumentados también quedaron excluidos”, expuso Agustín Escobar Latapí, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). “Los migrantes que suelen regresar a México en general tienen peores condiciones de salud que quienes no regresan, y que la comunidad que los recibe”, se resalta en el reporte. Éste define dos categorías de regresados: por un lado quienes lograron mejorar sus capitales tanto humano como financiero y regresaron por voluntad propia en “posición de fortaleza”. De otro lado existen los deportados, quienes necesitan “una buena dosis de asistencia para integrarse” a México. Las autoridades regresan a los indocumentados a la frontera, en donde “terminan en situaciones extremadamente peligrosas, dado los niveles de criminalidad en las ciudades fronterizas de México”, según el reporte. Una vez ahí, los investigadores observaron que carecen de programas efectivos de reintegración. No se les facilita la obtención de documentos para que tengan acceso a los servicios de salud, educación y programas sociales. Al contrario, “las autoridades locales deciden a su arbitrio y ocasionalmente impiden el acceso a documentos tales como actas de nacimiento cuando estiman que los migrantes o sus hijos, en especial los nacidos en el extranjero, no deberían tener derecho a beneficios como la inscripción escolar”, se deplora en el reporte. Los hijos nacidos en Estados Unidos de padres mexicanos suelen tener obstáculos para integrarse al sistema educativo mexicano, uno de los cuales sigue siendo la obtención de los documentos. Los investigadores a través de su informe llamaron al gobierno mexicano a facilitarles estos trámites. Según ellos, los regresados no vuelven a sus comunidades de origen, sino que se quedan en el norte y en los centros urbanos, en donde existen más oportunidades de trabajo. Observan además que las remesas no enriquecieron los municipios receptores, a pesar de que sí beneficiaron a la educación y al bienestar de sus familiares. Según los investigadores, los niños retornados –quienes asistieron a clases en Estados Unidos– tienen aspiraciones educativas más altas que sus pares no expuestos a la migración. En Estados Unidos, el flujo migratorio reducido y la devolución de un número estable de visas elevaron la proporción de mexicanos en situación legal en el país: pasó de 56% en 2000 a 70% en 2010. De mismo modo, más mexicanos emigran a Estados Unidos con programas de trabajadores temporales que en el pasado: 762 mil 770 en 2011 contra 575 mil 564 en 2006. A pesar de esto, siguen existiendo abusos del otro lado de la frontera por parte de empleadores. “Necesitamos endurecer las medidas contra los patrones, quienes violan los derechos laborales de sus empleados mexicanos”, advirtió Susan Martin, directora del Instituto para el Estudio de Migración Internacional de la Universidad de Georgetown. “La reforma migratoria que se está discutiendo en Estados Unidos sería positiva para los migrantes pero no es suficiente: no garantiza la integración social de los migrantes mexicanos y define un camino largo y difícil para la legalización”, recordó Escobar Latapí. Y al no reformar las leyes de trabajo en Estados Unidos, acotó, seguirá existiendo un gran número de indocumentados. No obstante, el flujo migratorio no puede continuar tal como lo fue durante los 10 últimos años, apuntó el investigador. “México debe cambiar su actitud de que la partida de cientos de miles de trabajadores cada año es normal e inocua. El desarrollo de México debe incorporar a esta población”, se advierte en el estudio. Ante esta nueva situación migratoria, los 28 investigadores mexicanos y estadunidenses –14 de cada país– llamaron a poner en marcha un mecanismo de cooperación entre México y Estados Unidos en materia migratoria.

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