Lo turbio del Bayern Múnich

viernes, 24 de mayo de 2013
Los logros deportivos del Bayern Múnich se ven empañados por una sombra: su presidente, Uli Hoeness, se encuentra en la mira de la justicia alemana por el presunto delito de evasión fiscal. La debacle personal le llega al directivo por conductas del pasado. Aunque incurrió en éstas como un hombre privado, le pasan la factura y afectan al hombre público. Con todo, los especialistas consideran que la solidez del conjunto bávaro le permitirá salir avante en este escándalo.   BERLÍN (Proceso).- El Bayern Múnich es uno de los mejores equipos de futbol del mundo. Apenas el sábado 11 se coronó campeón de la liga alemana por vigésima tercera ocasión en su historia. Y el sábado 25 protagonizará, junto con otro poderoso equipo de la Bundesliga, el Borussia Dortmund, la final de la Champions League en el estadio de Wembley. De estos dos clubes provienen 13 de los 21 jugadores integrantes de la selección alemana. Pero en medio de este júbilo, el club bávaro –sinónimo de tradición y éxito dentro y fuera del país– enfrenta un escándalo que no sólo daña su imagen, sino también la de la Bundesliga. Su presidente, Uli Hoeness, enfrenta acusaciones de evasión fiscal y está en la mira de la justicia de su país. El escándalo ya saturó los titulares de diarios y revistas alemanes y, es tema de discusión en los numerosos programas de debate de la televisión. Se trata de un duro golpe para un equipo que, según el ranking de la Unión de Federaciones de Futbol Europeas, fue el mejor del mundo en la temporada 2012-2013. En la actualidad el FC Bayern München es una empresa con estados financieros sanos, cuyo equipo se modernizó gracias al impulso que ha tenido la formación de sus fuerzas básicas. Detrás de esa ardua labor se encuentra la mano del presidente del club. Antes de tomar el timón del club, Hoeness fue un jugador de la escuadra muniquesa cuya carrera se truncó por una lesión en la rodilla que lo forzó al retiro cuando tenía 27 años. Durante el breve tiempo que jugó fue campeón con el Bayern en tres ocasiones en la Champions League, cuatro veces campeón de la Bundesliga, y con la selección alemana campeón en el Mundial de 1974. “Es probable que el 1 de junio, luego del partido final de la copa, deje el cargo como presidente del consejo de administración y permanezca sólo en la presidencia del club. Pero es dudoso que la separación de ambos cargos sea posible o compatible durante mucho tiempo”, explica a Proceso Hans Leyendecker, periodista y jefe del Departamento de Investigaciones del prestigiado diario bávaro Süddeutsche Zeitung.   Evasión   El 20 de abril último explotó el escándalo cuando el semanario Focus reveló que en enero pasado el presidente del Bayern interpuso ante el fisco alemán una autodemanda por una cuenta bancaria en Suiza no declarada. Al mismo tiempo, la fiscalía de Múnich confirmó que ya investigaba a Hoeness por presunto fraude fiscal en el que estarían involucrados millones de euros. La autodemanda es un recurso legal en la administración tributaria alemana que permite a un evasor de impuestos reducir considerablemente la pena por su delito, así como el monto de los pagos adicionales que le imponga la ley. Parte del escándalo en el caso estriba en el desmoronamiento de la imagen ejemplar y de alta calidad moral que tenía Hoeness ante la opinión pública alemana. Encarnaba el ideal de empresario exitoso pero recto y aparecía como un hombre con autoridad moral para fustigar los excesos del capitalismo salvaje. Sin embargo, los detalles del caso revelan a un hombre que, consciente de su delito, intentó remediarlo sacando el máximo provecho para sí mismo. También dejan al descubierto una faceta desconocida: la de un hombre que sufre ludopatía. Incluso la canciller federal, Angela Merkel, expresó, por medio de su vocero, la decepción que le causó conocer los negocios irregulares de Hoeness. La autodemanda fue la opción que el exfutbolista buscó para saldar sus deudas con el fisco alemán. Antes hubiera preferido ampararse en un acuerdo fiscal que negociaban los gobiernos de Suiza y Alemania. El mecanismo era simple: El evasor regulariza su situación con un solo pago y, lo más importante, de manera anónima. No obstante ese acuerdo fue anulado por la oposición en el Bundesrat o Cámara Alta, justamente porque se trata de un recurso en el que si bien se paga la deuda pendiente, el delincuente fiscal queda impune. El tema desató encendidos debates. La oposición argumentó que mediante la firma del acuerdo con Suiza el gobierno de Merkel pretendía proteger a los defraudadores. También se dijo que la administración bávara es demasiado laxa con los evasores. Incluso hay quien aseguró que tanto el ministro presidente de Bavieria, Horst Seehofer, como su ministro de Finanzas, Markus Söder, sabían del asunto Hoeness.   Tahúr   En una sorpresiva y muy amplia entrevista con el semanario Die Zeit, el propio Hoeness reveló los detalles de los actos que lo tienen con un pie en la cárcel. Afirmó que hace 30 años abrió la cuenta bancaria número 4028BEA en el banco suizo Vontobel. También refirió que lo hizo porque en esa época tenía un departamento en Suiza y durante muchos años la utilizó como una cuenta normal. Reveló que desde antes de 2000 comenzó a experimentar que la adrenalina corría por su sangre cuando especulaba en la bolsa. Agregó que, acerca de este tema, solía tener largas charlas con su entrañable amigo y entonces presidente de Adidas, Robert Louis-Dreyfus. Fue entonces cuando todo comenzó, dijo Hoeness a Die Zeit. Al principio sólo especulaba con cantidades inferiores a 50 mil dólares. Pero a medida que la “afición” creció también lo hicieron las pérdidas. En ese momento, recordó, su amigo Deyfrus le ofreció un préstamo, así como convertirse en su socio. “Entonces se depositaron los millones a la cuenta. Pero siempre estuvo claro que era una cuenta para apostar, para nada más”, dijo. Primero fueron 5 millones de marcos, para recuperarse de las pérdidas, y luego 15 millones más para seguir con las apuestas. Así, de 2002 a 2006 y según sus propias palabras, el presidente del Bayern jugó día y noche especulando en la bolsa con sumas que para él mismo son hoy en día inentendibles. “Eran cifras extremas, pero era la pura adrenalina”, confesó. Su cómplice en el juego, Dreyfus, le pidió que no se preocupara por el dinero, pues él tenía más que suficiente. Al inicio de esta etapa hubo ganancias muy jugosas. En este punto se encuentra el presunto delito por el que Hoeness se encuentra en la mira de la justicia alemana. El exfutbolista habría depositado en la cuenta suiza todas las ganancias de sus especulaciones –que se estiman en millones de euros durante los aproximadamente 10 años que duraron– así como los intereses de ese capital, que también fue de millones de euros y que no reportó al fisco alemán. El día a día de este hombre fue descrito por él mismo: “Hablaba día y noche con el banco (…) Tenía conmigo un bíper con el que podía controlar el curso de la bolsa. A veces lo hacía incluso en el estadio. Cuando el juego iba algo aburrido, a escondidas hurgaba en mi bíper”. En 2006 terminó la bonanza y las pérdidas comenzaron a llegar. En 2008 estalló la gran crisis con la quiebra de Lehman Brothers y entonces el ritmo del juego bajó. “Además, ya no buscaba la adrenalina como antes. Me hice viejo. Seguí jugando, pero mucho menos. Ya no necesitaba hacer negocios cada dos días”, explicó. En este cambio radical de su conducta se escuda Hoeness para argumentar que no padece ninguna enfermedad: “No me considero enfermo. Cuando menos, no más hasta hoy. Y si me tengo que presentar en un juzgado no apareceré como un hombre enfermo”. Entrevistado después de que el Bayern logró su pase a la gran final de la Champions League, Hoeness tiene la apariencia de un hombre atormentado por sus actos. “Me arrepiento infinitamente. Cometí una gran tontería, un enorme error que ahora me gustaría corregir… No tienen idea de cómo me siento. Es una situación que apenas puedo soportar. Duermo muy mal y toda la noche sudo… Y entonces me culpo, y me culpo y luego me vuelvo a culpar. Y pienso sobre ello una y otra vez, y llega la desesperación”, confiesa. Hasta ahora el caso Hoeness está en suspenso. Lo que la fiscalía de Múnich debe determinar es si el recurso de autodemanda promovido por el presidente del Bayern se planteó de manera correcta y si se presentó cuando el propio Hoeness desconocía si las autoridades fiscales lo investigaban o no. De no ser así, el empresario bávaro tendrá que enfrentar a la justicia alemana sin ningún atenuante. “El caso afecta naturalmente a la Bundesliga porque el club es muy importante. Por otra parte es difícil imaginarse al Bayern sin Hoeness. Pero de ahí no pasará. El prestigio y credibilidad de la liga es superior. Y el equipo seguirá siendo odiado por unos y adorado por otros”, estima Leyendecker, periodista que ha seguido de cerca el caso. Con él coincide Daniel Martínez, también periodista especializado en la Bundesliga: “Es un golpe muy duro para la imagen del Bayern, pero el club en lo deportivo y administrativo tiene una buena estructura, proporcionada justamente por Hoeness. No obstante, tendría que renunciar ya a sus puestos porque si bien es claro que el delito lo cometió el hombre privado, la opinión pública no puede separar al Hoeness privado del público y este último es sinónimo de FC Bayern München”. El cálculo que hacen analistas e investigadores, entre ellos Leyendecker, es que el presidente del Bayern será inculpado y condenado. El propio Hoeness lo sabe. De ahí que en medio de la alegría y euforia que vivió el club el sábado 11 al coronarse campeón de la Bundesliga, sólo hubo alguien que por más que lo intentaba no podía verse feliz ni en paz: su presidente.

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